El encanto de los peluches

Nueva entrada del maravilloso blog de Miguel Sanmartín

http://delibrospadresehijos.blogspot.com.es/

Pueden enlazarlo también en nuestra sección “que nazcan en el asombro”

                         Peinando a Teddy. Obra de Sarah McGregor (1869-1919).

 

 

 

«Pensé en el joven con el oso de peluche paseando por debajo de los castaños en flor.»

Evelyn Waugh. Retorno a Brideshead

 

 

 

Cuenta Ulrich L. Lehner, el teólogo autor, entre otros, del libro Dios no mola (2017, Homo Legens), que el filósofo Odo Marquard encontraba ridículo cómo la gente moderna trata de huir de las grandes cuestiones de la vida creando espacios seguros en su mente. A estos espacios (que hoy se están transfigurando ya en espacios físicos), los llamaba el filósofo alemán “osos de peluche mentales”, como haciendo referencia a la idea de una vida terrenal perfecta sin dolor ni sufrimiento. Pero no voy a referirme a esos “ositos de peluche”, si no a los otros, a los auténticos, los peluches de siempre, aquellos que transitan por la niñez y que se suelen quedar en ella (hay excepciones, claro, como el joven de la cita de Waugh, Sebastian Flyte).

Del mundo literario de los muñecos de felpa infantiles ya he hablado cuando traté al peluche literario por antonomasia, el origen de todos los demás, el osito Winnie de Pooh, con sus maravillosas historias sobre un niño cuyos animales de peluche cobran vida y sus diversas personalidades y temperamentos, todo ello bajo un fino y sencillo humor.

Pero hoy voy a tratar de algunos otros, herederos de Winnie, y como él, muy recomendables para frecuentar acompañados de los niños.

Según los expertos en psicología y pedagogía infantil, cuando hablamos del clásico peluche de la infancia en realidad estamos ante un intermediario emocional entre el niño y la realidad. Al parecer, cuando el bebé se da cuenta de que él y su madre no son uno y toma conciencia de su individualidad, en los momentos cada vez más frecuentes de ausencia de la madre, se ve necesitado de un apoyo, de un sustituto para empezar a caminar por entre el mundo. Y este relevo es, en la mayoría de los casos, su peluche, lo que en lenguaje psicológico se denomina «objeto transicional». Sobre él, el niño proyectaría la experiencia íntima de sus primeros pasos llenándola de sentido, lo que constituiría, en gradilocuentes palabras de un conocido psiquiatra, «la expresión más temprana del impulso creativo del hombre». Por cierto, una historia, dulce y conmovedora, sobre otro típico objeto transicional ––una mantita––, es el álbum La manta de Jane, del dramaturgo Arthur Miller.

 

Para seguir leyendo:

http://delibrospadresehijos.blogspot.com/2020/04/el-encanto-de-los-peluches.html

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