La piedad, una virtud olvidada

Nueva entrada del maravilloso blog de Miguel Sanmartín

http://delibrospadresehijos.blogspot.com.es/

Pueden enlazarlo también en nuestra sección “que nazcan en el asombro”

                      La tumba del padre. Obra de Georg Osterwald (1803-1884).

 

 

«No hubo otro Rey más justo por su piedad ni más grande por sus hazañas guerreras, que Eneas».

Virgilio. Eneida (I, 544).

«¿Qué mejor muerte puede haber
que enfrentar una suerte adversa
por las cenizas de sus padres
y los templos de sus dioses?»

Thomas Macaulay. Horacio

«La piedad, ésta es la sabiduría, y huir del mal, ésta es la inteligencia».

Job, 28,28.

«Para los antiguos la palabra “pietas” significaba en primer término el amor filial, el sentimiento de los hijos para con sus padres; de donde impío en latín significaba lo que el criollo llama desmadrado, que luego por extensión se aplicaba a Dios, de modo que en castellano la impiedad conservó solamente ese segundo sentido de animadversión contra Dios; con lo cual la sabiduría de los pueblos aludía quizá a un lazo misterioso que existe entre el amor a los padres y la reverencia a Dios.

De hecho, el 5º Mandamiento del Decálogo ––4º para nosotros––, “Honrar padre y madre”, está colocado en la primera tabla de la Ley, que contiene las obligaciones del hombre para con Dios; porque los padres son representantes vivientes de Dios». 

Quien habla así es el padre Leonardo Castellani en su obra, El Evangelio según Jesucristo (1957). Y sea o no este el origen de la palabra, lo cierto es que se trata de algo importante que hoy es olvidado por muchos y mal entendido por casi todos los demás.

Los antiguos la tenían por una de sus virtudes más valiosas.

En uno de sus diálogos, Eutifrón (399 a. de C.), Platón discute por boca de Sócrates el concepto de piedad y de piadoso.

Platón nos dice que Piedad viene de la palabra griega «hosion». Esta palabra también puede traducirse como la santidad religiosa o corrección religiosa y es discutida por Sócrates y Eutifrón en dos sentidos: En un sentido estricto, como conocer y hacer lo que es correcto en los rituales religiosos dando agrado a los dioses, y un sentido amplio, como una parte de lo justo mediante la que nos inclinamos a reconocer nuestra dependencia de una realidad más grande que nosotros mismos, de lo que también hablará más adelante san Tomás.

Eutifrón comienza apoyando el primer sentido, el concepto más estrecho de piedad. Pero Sócrates, fiel a su punto de vista general, defiende su sentido más amplio. Él está menos interesado en el ritual correcto que en vivir moralmente. No obstante, el diálogo queda inconcluso.

Para seguir leyendo:

http://delibrospadresehijos.blogspot.com/2020/03/la-piedad-una-virtud-olvidada.html

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