Papa bueno, Papa malo (I)

Hace un par de días un amigo me preguntaba a quién prefería, si a un papa conservador vaticanosegundista como Juan Pablo II o Benedicto XVI o a un papa demoledor vaticanosegundista como Francisco. Entre mi amigo y yo hablábamos y dábamos nuestras razones sobre nuestras preferencias. Yo prefería a Francisco sin ninguna duda. Sus excavadoras de demolición me habían despertado del sueño aletargado en el que me habían sumido los hedores del veneno conservador-liberal. Mi amigo prefería a Benedicto XVI por su restauración de la liturgia, aunque reconocía su carácter débil y contradictorio. Creo que Benedicto XVI es el talón de Aquiles de muchos tradis que sólo ven la liturgia como un único elemento a restaurar. Muchos creen que restaurando la liturgia lo demás surgirá por generación espontánea…

Desde mi humilde punto de vista tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han sido como las termitas. Ellos han carcomido el edificio de la fe en los cimientos que no estaban a la vista y Francisco ha sido como el niño malo que ha dado una patada para terminar con el trabajo oculto de sus predecesores.

Benedicto y Juan Pablo consiguieron burlar las defensas contra el modernismo, consiguieron burlar la Pascendi, la Humanae generis porque ellos mutaron al neomodernismo y lo disfrazaron de ortodoxia. Lo hicieron adhiriéndose al personalismo. Como las bacterias que ante los antibióticos van mutando creando nuevas defensas , así hicieron los neomodernistas y ahí estuvieron nuestros papas apoyando, sumándose al personalismo. Ellos quisieron fusionar la tradición con la modernidad y salió lo que salió.

Dice Alonso Gracián en su blog :(1)http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php

1.Los neomodernistas ensordecen la función docente de la Iglesia con interferencias conceptuales extrañas de diversa procedencia: fenomenología, filosofía de la acción, deconstruccionismos, situacionismos, normativismos, etc. Para el neomodernismo creer es amar, pero no creer. Por ello les parece que cualquier concepto amable es bien recibido, porque lo importante es amar, y para ellos, en realidad, no la verdad, sino sólo el amor es digno de fe, no la doctrina.

Y es que en su mentalidad la fe no consiste en asentir verdades sino en sentir, experimentar, confiar, pero no creer. Hibridan la fe con el amor humano y minimizan la doctrina, que queda reducida a ensayismo y discursismo teórico, diálogo sin mayéutica y cavilación.

2.La doctrina moderna de los derechos personales, para desvincularlos de las nociones universales, expulsa a Dios de su fundamento, que mal sustenta en la dignidad subjetiva del hombre. Serán los personalistas y neoteólogos los encargados de introducir en la mente católica esta reducción al vacío de los principios tradicionales, que quedarán privados de contenido trascendente y común. Es la secularización y pulverización de la función docente de la Iglesia en general, contemplada como una especie de actividad reguladora del “poder doctrinal” institucional al modo liberal.

3. La advertencia de Pío XII resuena aún, vivamente, entre los muros de la Iglesia de Cristo. Nos advierte de un celo evangelizador imprudente que pretende conciliar los principios de la filosofía moderna con la fe católica, para acercar ésta al mundo de hoy. Nos avisa implícitamente de los muchos peligros del método de inmanencia, del pensamiento existencial, del pluralismo doctrinal, del hegelianismo teológico, del existencialismo ético y fenomenólogico.

Y es que los viejos presupuestos del modernismo reviven en estas falsas doctrinas. Con diferentes matices y gradaciones, serán asumidas y recontextualizadas por el Personalismo y la Nueva Teología.

4.La revolución en conserva.— El pensamiento neomodernista pretende el orden, pero también el desorden. Por eso es moderadamente conservador y moderadamente revolucionario.

Pretende guardar el espíritu burgués revolucionario pero desechando su progresismo radical. Reaccionando contra sus excesos pero asintiendo a su numen, como si el mal del nuevo orden fuera accidente y no sustancia. Por eso quiere conservarlo sin desmadrarlo, como si fuera posible el bien y el mal al mismo tiempo.

Condena los modos pero no el carácter de la revolución, a la cual idealiza. Condena sus conclusiones pero no sus premisas.

5.La autoridad neomodernista.— No es que ejerza la autoridad en clave absolutamente liberal; es que la detenta cual vía media: absolutizando la obediencia y relativizando la autoridad. En la mentalidad neomodernista, la autoridad debe ser obedecida por el sólo hecho de ser legal.

Quien manda, en cambio, no quiere mandar sino apelando al pueblo, de cuyo sentir se considera vocero. Pero sólo moderadamente, para evitar el descontrol. Aquí entran en juego los especialistas, los verdaderos educadores y adoctrinadores del pueblo, que permiten al que manda mandar sin mandar, sin que parezca absolutista o totalitario, pero siéndolo. La teología es sustituida por la sociología transcendental, siendo sus neoteólogos los verdaderos gobernantes en la sombra.

Hasta aquí las citas de Alonso Gracián

En el fondo los tres han trabajado por la misma causa y los tres son responsables (consciente o inconscientemente) de la situación en la que se encuentra la Iglesia.

 

En el siguiente post daré mi opinión sobre los parásitos aduladores que han rodeado a todos estos papas en forma de colaboradores o movimientos neocones.

 

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