El librito de marras

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El libro del cardenal Sarah y Benedicto XVI ha levantado bastante polvareda. Es lo que tiene cuando los conservadores no se ponen de acuerdo en ciertos temas de disciplina.

Tanto al Cardenal Sarah , como a Benedicto XVI no parece que les moleste el tema de la libertad religiosa tal cual la entienden la mayoría de la clerecía y que rompe con la tradición de la Iglesia, Iglesia libre en Estado Libre. Tampoco les molesta demasiado el ecumenismo que se practica en tantas iglesias, parroquias y diócesis y tantas y tantas cosas que llevan demoliendo la fe durante décadas. El libro en cuestión habla sobre el celibato, que a fin de cuentas es una disciplina, pero todo lo anterior es tema de fe.

Me desconcertó bastante el cardenal Sarah en su primer libro sobre cómo alababa las bondades del CVII, ese concilio que ha dejado la Iglesia hecha un desierto.

También me desconcertaba ese “amor” a Benedicto XVI. Desde mi punto de vista era como agarrase a un clavo ardiente. Benedicto XVI ha ocupado puestos importantes durante la época de demolición de la Iglesia. Empezando por su “brillante” asesoramiento durante el CVII. Hablar de abusos sexuales, abusos eucarísticos, ecumenismo desaforado y no ver en ellos , en los que estaban arriba , una cierta responsabilidad es como no querer ver nada. Benedicto XVI no es lo que parece, ni su pensamiento, ni su teología son fiables para orientarse en el mar encrespado en que se ha convertido la Iglesia. Tampoco el cardenal Sarah es una buena brújula, su filosofía tiene como referencia el personalismo. Esta filosofía es responsable de la devastación de la fe. Y para terminar y aún más desconcertante lo que escribe en su último libro sobre Francisco, en el que lo califica como un fiel hijo de San Ignacio. Ya con sólo leer esa introducción debo decir que se me quitaron las ganas de leer el libro.

Una vez cierta persona me dijo que los tradicionalista se sacaban los ojos unos a otros, pero independientemente de que sea verdad, lo mismo puede aplicarse a los neocón. La verdad es que ha sido penoso ver cómo Benedicto, Sarah y el secretario de los dos papas Georg Gänswein intentaban sacarse los ojos unos a otros por un simple tema de disciplina.

 

Nota: Con esto no justifico para nada la abolición del celibato. Al contrario, me parecería terrible y simplemente un paso más en la destrucción de lo poco que va dejando el conservadurismo.

 

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