¿Se puede ser católico y moderno?

He comentado muchas veces en este portal que el blog de Alonso Gracián es uno de los más lúcidos en cuanto a denuncia de la situación de la Iglesia. Si bien es verdad, que no nombra a los “culpables”, a aquellos con graves responsabilidades dentro de la Iglesia y que con su pensamiento filosófico nos han conducido al abismo en el que nos encontramos. Ellos han sido los pastores , pero en lugar de vigilar a la ovejas, han aprovechado que estaban dormidas para permitir que los lobos de la filosofía moderna contaminen los pastos y las aguas de las que se alimentan. No entiendo sinceramente que pudo llevar a Ratzinger o a Wojtyla, por nombrar a los que más responsabilidad tuvieron , a meter el personalismo en las aguas de la tradición, ni entiendo cómo tantos les siguieron, arrastrando tantas almas con ellos.

Para todo neocón tanto Raztinger, como Wojtyla son intocables. Lo entiendo.  ¿Cómo le vas a decir a un perfecto neocón , que lleva años estudiando la teología del cuerpo de Juan Pablo II que le han engañado y que le han dado gato por liebre? Esto lo entiendo desde la falta de formación, Si no conoces la  doctrina tradicional, es fácil que te engañen y es algo que ha sucedido. La falta de conocimiento de la tradición y del magisterio perenne de la Iglesia. Esto sirve para las ovejas. Pero también es verdad que otros muchos conocían el magisterio y la tradición y que sin embargo se dejaron engañar y engañaron a otros.

Así han surgido todos los movimientos de laicos postconciliares, Legionarios, Opus Dei, Renovación carismática, Camino etc… todos ellos han nacido viciados a la sombra de la filosofía moderna, influenciados ya sea por Maritain, el más nefasto quizás; por De Lubac etc…Estos movimientos nunca hubieran sido concebidos en una Iglesia tradicional, cuyo único fin es cristianizar la sociedad y las estructuras. Ellos bajo la sombra de su “sana laicidad” sólo buscan y reclaman ser uno más en una sociedad pluralista. Para ellos el pluralismo de religiones es algo bueno.

Este artículo de Alonso Gracián puede aplicarse a todos estos movimientos y cómo las cabezas de los fieles ingenuos se dejan arrastrar por conceptos equivocados de gracia, libertad, naturaleza…Menos mal que todos estos movimientos son la esperanza de la Iglesia y de los obispos, que ven en ellos una manera de “llenar” las Iglesias . Teniendo en cuenta la cobardía del 99% de nuestros obispos, es fácil entender como unos y otros se buscan entre ellos. Dios los cría y ellos se juntan. Les dejo con el artículo:

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No entenderemos la esencia del neomodernismo, ni la razón de su peligrosidad, hasta que no tengamos claro cuánto desea revestirse de ortodoxia católica. Y en muchos casos, sinceramente. Los neomodernistas no piensan como los heterodoxos, no desean rechazar la doctrina católica sino adaptar el modernismo a ella. No desean abandonar el catolicismo sino actualizarlo según sus preferencias, añadiéndole conceptos y principios entresacados del pensamiento moderno.

Sobre todo, y ante todo, el concepto hodierno de persona, para lo cual acuden, por ejemplo, a los materiales intelectuales de la antropología existencialista, al hegelianismo moderado por el individualismo kiekegaardiano, al normativismo de Kant, o a la nueva deconstrucción metafísica heideggeriana.

Hay que tener claro que las especificaciones intelectuales del neomodernismo, es decir, el personalismo y la Nueva Teología, se revisten a menudo de piedad, no pocas veces sincera; y que su objeto es permanecer católico al mismo tiempo que moderno, y viceversa.

El humanismo que surge de la mentalidad personalista y neoteológica quiere ser católico, y cree poder serlo oponiéndose al humanismo ateo, como hace por ejemplo de Lubac; al relativismo doctrinal, como hace por ejemplo Hans Urs von Balthasar; o al liberalismo de primer y segundo grado, como hace por ejemplo Maritain; o incluso al capitalismo nihilista, como hace Mounier; el humanismo que postulan huye, para permanecer católico, de los extremos, por eso niegan que Sartre sea en verdad un existencialista; pretenden una vía media de conciliación según la cual se podría ser católico y al mismo tiempo se podría ser moderno.

Los neomodernistas en general exaltan la moderación y las delicias del perfil bajo. Por eso caen en manierismos y hechuras de sofisticada pose, en bondadosistas condescendencias y actitudes poco firmes, tímidas y acomplejadas. Decir sin decir, proponer insinuando, no condenar, no reñir, no anatemizar, no levantar la voz, andar con pasos de paloma y sugerir, para que el Leviatán no les ruja, que el cristianismo es pura sonrisa y desbordada satisfacción.

Quédate con el poder político y la vida social, dice el neomodernista al Estado moderno, que nosotros bendecimos tu potencia; nuestro es deseo es, tan sólo, ayudar, y para eso nos mantendremos católicos de puertas para dentro, donde no molestemos, reconocemos tu independencia y bendecimos tu autonomía. Déjanos, entretanto, rezar y seguir con lo nuestro, en todo caso, actuaremos, a lo sumo, a modo de semilla, para que todo lo bueno de la Modernidad vaya creciendo solo y disponiéndose a Cristo por su propia potencialidad.

Para ser moderno y católico, sin embargo, deben poner entre paréntesis, de acuerdo con el método fenomenológico, los elementos de la doctrina católica que lo impiden, ignorar las enseñanzas providenciales de la historia de la Iglesia; y ante todo, el Espíritu de Cristiandad.

Lo advertía cabalmente, muy a propósito, el P. Julio Meinvielle en El Progresismo cristiano, refiriéndolo a uno de los genios fundadores del neomodernismo:

«Para Mounier, civilización Cristiana, ciudad católica, orden social cristiano, no son sino remedos abusivos de la cristiandad constantiniana y gregoriana que deben ser combatidos lo mismo que el aburguesamiento de la Iglesia. Por ello, esta carta a André Dumas, de la que hacemos referencia, acaba con esta sugestiva despedida: “de todo corazón vuestro en Cristo (y no en la civilización cristiana).”» (Julio MEINVIELLE, El progresismo cristiano, Cruz y Fierro editores, Argentina, 1983, Pág. 46)

Para ser católico y ser moderno hay que injuriar la civilización cristiana y cantar himnos a la democracia postrevolucionaria. El neomodernismo tacha, y sigue tachando, de constantiniana la Iglesia de Cristiandad. No olvidemos que Mounier fue uno de los pioneros de esta descalificación. Lo denunciaba pertinentemente, también, un poco antes, el P.Meinvielle:

«Mounier fue el primero en inventar este carácter “constantiniano” aludiendo a Constantino y este carácter “gregoriano” aludiendo a Gregorio VII para calificar el empeño de la Iglesia en defender la civilización cristiana.» (Idem).

Dejar en suspensión teleológica, como diría Kierkegaard, (al que recontextualizan e imitan a su manera, para disfrazar su compulsivo hegelianismo), la traditio aristotético-tomista, y declarar indeseable el derecho natural y divino, serán, prácticamente, la misma cosa. Y así postulan, a la manera de Mounier, estar en Cristo pero no en la civilización cristiana, trabajar por la experiencia mística pero no por la teología espiritual tradicional; difundir la visión sobrenatural de las cosas pero no en sociedad, sino en la privacidad de la conciencia y, a lo sumo, de los hogares.

Los neomodernistas quieren que todos los católicos sean católicos a su manera, esto es modernos, y para eso nada es más urgente que combatir la tradición, a la que flexibilizan y contextualizan, a la manera de los primeros modernistas, sumergiendo lo sobrenatural en los dinamismos interiores de la voluntad, como hacía Blondel.

Habrá que dar un salto de muchos siglos para evitar el combate antimoderno de la civilización cristiana, como pretende Congar, y acudir a la Iglesia primitiva y a la teología de los Padres para eludir a Santo Tomás y su mundo, buscando una alternativa manipulable.

Dejar la sociedad al margen del Reinado de Cristo se convertirá en condición ineludible del proyecto neoteológico, porque no se puede ser moderno teniendo instituciones católicas, no se puede ser moderno con leyes cristianas, no se puede ser moderno subordinando las realidades temporales al fin último, que es Dios.

Dejar a salvo los fundamentos teóricos y sobre todo políticos de la Modernidad se convertirá, entonces, en la consigna necesaria para la nueva religión neomodernista. Y así, en un ejercicio de esquizofrenia espiritual, se bendecirán los principios del mundo moderno, pero se condenarán sus conclusiones.

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/2001070851-403-en-que-se-expone-el-doble#more38975

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