CRISTO REY Y LAS APOSTASÍAS POLÍTICAS Juan Fernando Segovia (II)

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A propósito de una noticia que publicaban ayer en infocatólica en el blog de Javier Navascués sobre el reinado de Cristo vemos, como siempre se cae en el mismo error. Omitir el reinado de Cristo en la sociedad y en los gobiernos.

http://www.infocatolica.com/blog/caballeropilar.php/1911171240-p-jorge-ranninger-l-c-el-apos

Se recalca el reinado de Cristo en los corazones y en las familias, pero se silencia la proyección que debe tener en la vida pública . Esa noticia es un ejemplo más. Y viene a confirmar cómo esta verdadera doctrina se ha convertido en algo “opinable” para los tibios católicos de estas últimas décadas. Es más, no hay ningún sacerdote que lo predique con la contundencia de Quas primas.

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1.  Segunda apostasía: una Realeza parcial

 

La apostasía de la espiritualidad del Reino llega al punto de hacer del Verbo de Dios un Rey para ciertas cosas y no para otras, un Rey en ciertas horas y en otras no, porque es fin de las instituciones mas no de todas. El argumento suele tomarse de lo que Nuestro Señor dijo: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» (Mt. 22, 21). Un liberal entiende estas palabras como la proclamación de la separación de lo natural de lo sobrenatural, incluso la separación de la Iglesia del Estado, y ve en ellos el origen cristiano de la «laicidad». Así es como se interpreta corruptamente la fórmula de «la autonomía de lo temporal».

¿Quién no descubre en esta lectura sesgada la herejía actual que deja a Cristo Rey fuera de las sociedades democráticas, ajeno a la vida política, que es el imperio del César? Otra vez la perfidia protestante ampara esta apostasía. Porque para Lutero, Cristo es rey y sacerdote, sí, pero en un sentido puramente espiritual, pues Él separó los dos reinos (el del mundo del suyo), «porque su reino no es de la tierra ni sobre lo terreno, sino que es rey de bienes espirituales como la verdad, la sabiduría, la paz, el gozo, la bienaventu- ranza, etc. […] De donde se deduce que su gobierno es espiritual e invisible» (11).

 

1.  Refutación de la segunda apostasía

 

Pero nuevamente hay una mala lectura: Cristo no dice que las obligaciones humanas estén divorciadas de las divinas, ni que lo natural está separado de lo sobrenatural. En sus palabras está implícito que el César tiene deberes para con Dios como todo ser humano: incluso a Dios debe el César. Luego, lo natural está ordenado a lo sobrenatural y el que existan poderes temporales no significa que Cristo no sea Rey incluso en el orden social y político.

Porque los títulos de Rey los posee Nuestro Señor Jesucristo en razón de su divinidad, de modo tal que el origen o el principio de su Reino y su realeza no son terrenales sino sobrenaturales, divinos en esencia. El arzobispo Marcel Lefebvre dijo en cierta ocasión que «si Nuestro Señor Jesucristo es Dios, como consecuencia es el dueño de todas las cosas, de los elementos, de los individuos, de las familias y de la sociedad. Es el Creador y el fin de todas las cosas» (12). Santo Tomás (13), confirma el razonamiento deteniéndose en su alcance: porque el poder de Cristo es general, universal, sobre todas las criaturas (Mt. 26, 18); sin embargo, es un poder especialmente espiritual sobre los santos (en la vida presente por la gracia y en la futura por la gloria), pues los santos no son de este mundo (Jn. 18, 36). Por tanto, el reino de Cristo comienza acá abajo y se consuma en la vida futura cuando todo le sea sometido como escabel de sus pies (Sal. 109, 1).

¿Está sujeto a la historicidad humana este principio teológico? No. No se trata de un punto de vista que cambia conforme las épocas cambien; quienes así lo creen producen una ruptura en el concepto y una quiebra en la doctrina que lo enseña. Porque hay que convenir que si Cristo es Rey espiritual únicamente, si sólo impera en el interior del hombre, en su alma, ninguna cosa exterior a ésta, sea la familia, la sociedad, el Estado o la Iglesia, tienen razón de ser en orden a la salvación: esta es la lógica protestante a la que por fuerza conduce el argumento espiritualista del reino de Cristo. Lógica protestante que conduce también a la afirmación de Su realeza «a tiempo parcial» o «segmentada socialmente». Es esta una forma de apostasía en la que el intelectual católico cae frecuentemente, como si fuera posible dividirse en católico para las cuestiones de fe y filósofo, científico, profesional o profesor para nuestras actividades particulares.

Pero no es así: primero, porque no podemos establecer fines naturales que entren en contradicción el fin del hombre que es sobrenatural, la bienaventuranza.

Segundo, porque no se puede cambiar el orden de bienes establecido por Nuestro Señor, no podemos invertirlo: debemos buscar primero el Reino de Dios y su justicia y lo demás se nos dará por añadido (Mt. 6-33). Santo Tomás de Aquino ha explicado en referencia a I Co. 10, 11, que en tiempo de gracia no hay promesas temporales, como las hubo en tiempos de la Ley, ni hay alianza en el nuevo tiempo que contenga tales promesas (Is. 1, 19) (14).

Tercero, porque, bien lo sabemos, no se puede servir a dos señores (Mt. 6, 24), y sostener que Jesús es Rey en algunos casos o momentos y en otros no, es lo mismo que volver- se siervos de ese «no».

Por lo tanto, debemos servir con nuestra inteligencia y todo nuestro ser al Reinado de Cristo, porque en este campo no hay neutralidad dado que la Verdad no es neutra (15). Recordemos que el tibio será vomitado de la boca de Dios (Ap. 3, 16). En las fiestas de la Virgen María la Iglesia pone en boca de Nuestra Señora las palabras de la Sabiduría: «Los que me den a conocer conseguirán la vida eterna» (Ecli. 24, 31). Por eso Nuestro Señor puede sentenciar que «a quien me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de mi Padre celestial» (Mt. 10, 33).

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11.Martín LUTERO, La libertad del cristiano (1520), núm. 14, en Obras, ed. T. Egido, 4.ª ed., Salamanca, Ed. Sígueme, 2006, págs. 161-162

12.http://www.statveritas.com.ar/Cartas/Lefebvre-CristoRey.htm

13.Santo TOMÁS DE AQUINO, Expositio super II Epistolam S. Pauli Apostoli ad Timotheum, versión bilingüe en lengua francesa: Commentaires sur la Seconde Épitre de S. Paul a Timothée, t. V, París, Luis Vivès, 1874, c. IV, lect. I, págs. 451-452.

14.SANTO TOMÁS DE AQUINO, Expositio super Primam Epistolam S. Pauli Apostoli ad Corinthios, versión bilingüe en lengua francesa: Commentaires sur la Première Épitre de S. Paul aux Corinthiens, t. II, París, Luis Vivès, 1870, c. X, lect. 2, págs. 347-348. En igual sentido se pronuncia San AGUSTÍN en su comentario al versículo 2 del Salmo 73: Enarraciones sobre los Salmos (2.º), Madrid, BAC, 1955 (tomo XX de las Obras de San Agustín), pág. 931.

15.Véase el estupendo librito de Étienne GILSON, Le philosophe et la théologie (1960), París, Vrin, 2005 (hay edición española), especialmente los cap. IV y V.

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