Generosidad y liberalidad en los libros infantiles

 

Nueva entrada del maravilloso blog de Miguel Sanmartín

http://delibrospadresehijos.blogspot.com.es/

Pueden enlazarlo también en nuestra sección “que nazcan en el asombro

Una mano amiga.jpg

 

 

Una mano auxiliadora. Obra de Josephus Laurentius Dyckmans (1811–1888).

«Dad y se os dará».

Lucas, 6, 38

«Sostener a los débiles, acordándose de las palabras del señor Jesús, que dijo Él mismo: ´Más dichoso es dar que recibir`».

Hechos, 20, 35

«Es en dar que recibimos».

San Francisco de Asís

 

 

La generosidad es, tras el coraje y la templanza, la tercera de las virtudes de carácter discutidas por Aristóteles en su Ética a Nicómaco (349 a. C.). Para el Estagirita, el hombre generoso es aquel que da entrega a los otros de su riqueza de una manera que logra un equilibrio entre el despilfarro y la codicia, y que, además, da de buena manera, es decir, no indiscriminadamente y sin medida, sino en función de lo que tiene y de quien verdaderamente lo precisa. Pero el filósofo griego se limitaba a hablar del aspecto material del asunto, del dar lo que se tiene, no del dar lo que se es. Este concepto clásico es transformado y sublimado por la doctrina cristiana, que nos revela con toda claridad aquello que ya estaba escrito entre las brumas de nuestra conciencia: que la donación ha de ser integral, de toda la persona, de lo que se tiene y de lo que se es. En el medievo, santo Tomás se encarga de explicitarnos esto, aunque en sus escritos no utiliza el término «generosidad» para referirse a esta virtud, sino los de «liberalidad» y «largueza», incluyéndola entre las virtudes anejas a la justicia.

«La liberalidad, aunque no se funda en el débito legal, propio de la justicia, posee no obstante un cierto débito moral, nacido del decoro de la virtud por el que uno se obliga con otros. Tiene por tanto una razón mínima de débito», nos dice el Aquinate.

Dicho de otro modo, la generosidad se distingue de la justicia solamente en el grado de lo debido. Pero siempre hay una deuda moral. El débito moral es el que la recta razón, al conocer el bien ––la voluntad de Dios––, impone sobre las pasiones interiores del hombre.

El amor existente entre de las tres Personas divinas se expresa externamente en la creación y la redención del mundo. Santo Tomás nos dice que nosotros, como hechos a la imagen y semejanza de Dios, estamos llamados a responder en gratitud a ese amor devolviéndolo a Quien nos lo da y amando a los demás hombres. En los actos de generosidad buscamos hacer el bien hacia los demás de manera que emule el bien que Dios ha hecho y está haciendo por nosotros. Dar simplemente para recibir no es caridad, sino codicia o interés movido por el egoísmo.

                               El buen samaritano, óleo de  Zannoni Giuseppe (1849-1903).

Porque esta liberalidad, del que da todo sin esperar nada a cambio, la del que se entrega por los demás, está en el centro mismo de lo que Dios nos ha revelado:

«Porque así amó Dios al mundo: hasta dar su Hijo único, para que todo aquel que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna».

Juan 3, 16

La generosidad, pues, es propia del cristiano. No hay caridad sin generosidad, pues esta última es aquella puesta en acción y aquella es el motor o causa sin el que no existiría esta.

No quiero entrar en profundidades, pero, si bien ya el Antiguo Testamento trata sobre esta virtud, fue Nuestro Señor quien nos reveló su verdadera profundidad y alcance. Entre «El ojo compasivo será bendito, porque parte su pan con el pobre» (Prov. 23, 9) y «Anda, vende todo lo que posees y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo» (Marcos, 10, 17) hay un grado, y no pequeño. Entre compartir y desprenderse hay una diferencia sustancial, pues aún siendo las dos acciones valiosas, el valor de la segunda es muy superior. Solo me limitaré a citar a Chesterton, pues él ilustra el punto mucho mejor: «Si yo fuera un Dios creando un mundo, lo haría deliberadamente un mundo de dar y recibir, en lugar de un mundo de compartir». Y así parece que ha sido, a pesar de nuestros malos usos y costumbres.

Y entrando ya en lo nuestro, ¿podemos encontrar algún librito, historia o cuento que muestre a los niños el valor y alcance de esta virtud? Ya lo creo que sí.

Para seguir leyendo…

 

http://delibrospadresehijos.blogspot.com/2019/11/generosidad-y-liberalidad-en-los-libros.html

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