Salmo 1

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Hace varias semanas tuve la suerte de acudir a un monasterio y asistir a algunas de las horas en las que los monjes, rezan y cantan.

No sé si quienes siguen el blog están familiarizados con las lecturas de los Salmos en sus ratos de oración. Les recomiendo vivamente esta lectura. Muchas veces una oración personal se vuelve extremadamente árida y voluntarista, por lo que oxigenar nuestra alma, con esas lecturas de inspiración divina,  es como un canto de alabanza en prolongación con los coros de los ángeles.

En estos momentos de zozobra es una tabla salvavidas.

El primer Salmo dice así:

“Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni camina por la senda de los pecadores , ni en el banco de los burlones se sienta,”

sino que se complace en la Ley de Yahveh,  y medita su Ley  día y noche!

 Es como un árbol plantado junto a corrientes de agua, que da a su tiempo el fruto, y jamás se amustia su follaje; todo lo que hace sale bien.

¡No así los impíos, no así! Que ellos son como paja que se lleva el viento.

Por eso, no resistirán en el Juicio los impíos, ni los pecadores en la comunidad de los justos.”

” Porque Yahveh conoce el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal.”
 

 

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