Reformas , reformas y reformas

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La reforma de la Liturgia de Pablo VI podría ser la consecución de una serie de catastróficas desdichas que llevaron a despojar de la fe de siempre a las siguientes generaciones de católicos. Fe en dogmas esenciales que daban solidez y reciedumbre a la fe de nuestros padres.

Las sesiones del CVII se llevaron a cabo por expertos padres conciliares, unos progres y otros no tan progres. Algunos progres como Ratzinger fueron evolucionando a un conservadurismo esquizofrénico, en el que en un duelo incesante, se debate aquello que pudo ser y aquello que fue. Siempre sin remordimientos, aunque ese combate ha arrebatado a millones de fieles del tronco de la vid.(1)

Ese concilio fue necesario ponerlo en práctica, que todas sus tesis, circunloquios y contradicciones fueran llevados hasta el último creyente del último pueblo del planeta.

¿Y qué es lo que todo católico comparte? La liturgia. Como el agua que alimenta toda la fe, era necesario que todas las tesis contradictorias y ambiguas fueran inoculadas en la fe de los pueblos, a través de aquello que los une. La liturgia y sus cambios fueron el último baluarte del que Pablo VI (ahora en los altares, ¡qué ironía!) se sirvió para aplicar muchas de las tesis conciliares maritaineanas. Una de ellas fue el Reinado social de Cristo y su significado real. En el libro Iglesia y política. Cambiar de paradigma hay un capítulo entero dedicado a la Realeza de Cristo en la liturgia y en el dogma.

Dice así uno de sus párrafos: “Cuando Pablo VI reformó el calendario litúrgico, situó la solemnidad de Cristo Rey en el último domingo del año. Con esta reforma del calendario , el significado de la conmemoración se vio cambiado: se ha dejado de proclamar a Cristo como Rey de las naciones  y los pueblo que viven en este mundo y , en su lugar , se ha otorgado a esta fiesta un sentido escatológico”

En este capítulo, en el que el desasosiego te invade, conforme vas leyendo y descubriendo hasta qué punto, unos hombres de Iglesia han sido capaces, de semejante despropósito. Y a la vez  no dejas de intentar entender y buscar una explicación.

En la conclusión del capítulo podemos leer:

Recordemos las enseñanzas llenas de sabiduría de Pio XI sobre el valor didáctico de la liturgia. Es un dato de naturaleza humana que los hombres aprenden y son empujados a actuar no sólo por los argumentos racionales, sino también por mediación de los símbolos y de las emociones que suscitan. Se va directamente hacia el nihilismo y la revolución cuando se destruyen u olvidan estos símbolos. Tenemos que decir con firmeza que, incluso si la inteligencia humana está convencidad de la importancia insuperable de la realeza social de Cristo, la voluntad se fortifica y pone en acción mediante las legítimas emociones que causan las celebraciones tradicionales que la han hecho (…). El canto de himnos a Cristo Rey incita a la instauración de este reino social mejor aún que todos los argumentos racionales. Por ello, el nuevo mensaje de naturaleza escatológica que da la liturgia reformada solo puede ser motivo de preocupación , en la medida en que remite el reinado de Cristo más allá de la historia.(…)

La posición tradicional de la Iglesia, es que la realeza social de Jesucristo es un acontecimiento que comienza en el interior de la historia. Por consiguiente, cuando esta doctrina se encuentra reafirmada entre líneas de uno u otro artículo de Derecho Canónico o del Catecismo de la Iglesia Católica, esta proclamación aparece como inestable en oposición lógica tanto con la letra de algunos textos del Concilio como con el nuevo sentido dado al tema en la reforma litúrgica de Pablo VI.

Cuando hablo de esquizofrenia de pensamiento de algunos de nuestros teólogos me refiero también a este tema. Ratzinger adopta en todo su pensamiento una posición liberal rupturista con la tradición, en temas como la doctrina política católica y la libertad religiosa, sin embargo fue, quien proclamó el Summorun Pontificum, intentando convencernos que nunca había sido prohibido. Lo que hizo fue dejarlo en manos de los obispos, siendo como son los mayores enemigos de la liturgia tradicional.

La posición conservadora, que podemos definirla como aquella que va conservando todos los cambios que implanta la revolución es la que hoy se ha adueñado de la Iglesia y de las instituciones. La posición tradicional está perseguida y desprestigiada.  Como dice Alonso Gracian: La cuestión está en que un católico no puede defender la libertad religiosa, ni la sana laicidad, ni idolatrar la democracia liberal, ni separar la dignidad moral de la dignidad ontológica, ni entiende que la Revelación es un misterio incomprensible, ni entiende que la persona es un fin absoluto en sí mismo querido por Dios en sí mismo, ni demás conceptos liberales.” y hoy por desgracia son legión los católicos que creen en todo esto.

Con dolor observamos el giro que ha tomado la Iglesia, que tiene su culmen en Francisco, pero que es la desembocadura inevitable de todas las reformas que fueron acometidas por nuestros papas postconciliares, todos ellos hoy paradójicamente en los altares.

Sólo Dios puede enderezar la barca que se agita entre las olas de la modernidad, del conservadurismo y de la tibieza de instituciones más preocupadas por mantener su status que por adherirse a la Verdad.

Solo nos queda gritar en el fondo de nuestros corazones:

¡Viva Cristo Rey!

(1) Leer el último libro de entrevistas De Benedicto XVI a  Peter Seewald .

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