Los hombres del Instituto Juan Pablo II lloran como niños.

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La confusión reinante en la Iglesia es abrumadora. Es el fideísmo protestante, que el personalismo ha inoculado en la mente católica, y que está siendo aplicado a las diferentes facetas de la vida cristiana. También al matrimonio, a la política, a la educación… Son tantos frentes abiertos, y tan monumentales, que parece una batalla imposible. Los vientos de doctrinas extrañas azotan la Iglesia. La única salida es aferrarse a la tradición, a lo que se ha creído siempre y a las nociones y principios con que siempre se ha enseñado y expresado la verdad. (Facebook Alonso Gracián)

Las relaciones conyugales no deben ser ni locura ni expresión de entrega total mutua de los seres de los cónyuges. No deben ser locura, porque deben estar reguladas por la razón, la moderación y la virtud. No deben ser expresión de entrega total y absoluta, porque entrega total y absoluta del propio ser sólo debe darse a Dios, no a ninguna criatura, ni siquiera al cónyuge. (Facebook Alonso Gracián)

Nota del blog:

No me da pena que se hayan cargado el instituto Juan Pablo II . En primer lugar porque hemos sido  víctimas de su teología del cuerpo, de su saber amar con el cuerpo y de su educación personalista y entrega total. Hemos sido víctima de su educación como entrega total al cónyuge elevando el acto conyugal a casi un  sacramento. Hemos sido víctimas de su subestimación del pecado original y de la naturaleza caída.

Es verdad que frente a las novedades sobre anticoncepción que asolaron la Iglesia, esta teología podría ser una solución, pero no se combate el mal con males menores.

Una prueba de que este instituto no ha cumplido con su misión es que ante Amoris Laetitia todos callaron como muertos.

¿Qué podemos esperar de unos teólogos que no tocan la trompeta cuando llega el enemigo o que intentan volvernos esquizofrénicos diciendo que debemos leer negro, lo que es blanco?

No me dan ninguna pena. Venía a decir San Francisco de Sales que el que quiere quedar bien con Dios y con el mundo, no recibe ni los consuelos de Dios, ni los del mundo y que al final es atacado por todos. Esta premisa se repite hoy continuamente en los hombres de Iglesia y se ha hecho realidad en los hombres del instituto Juan Pablo II que no han luchado como hombres y ahora lloran como niños.

Por todos los sitios se infiltra ese concepto de teología del cuerpo que es un arma mundana para defender el matrimonio y la castidad:

https://www.hogardelamadre.org/es/recursos/temas-interesantes/5499-la-mentira-de-las-relaciones-prematrimoniales?fbclid=IwAR1sCqKWExW69DCbOUR2GsF48idYqwZboljN3PRcJtlFBp1duSwQExMbf2Q

Volvamos a la tradición, es el único camino seguro para llegar a Cristo.

 

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