Amoris laetitia no se explica sin el personalismo

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Amoris Laetitia quizás sea el documento representativo de este papado. Confuso, ambiguo, relativista, demoledor….Ha sido el toque de alarma para muchas conciencias que estaban adormecidas y  ha permitido que muchos laicos despertaran a la terrible situación de la Iglesia. Con esto no quiero decir que haya otros documentos más demoledores, pero este ha sido el que ha conseguido enfrentar a toda la Iglesia y poner al descubierto la cobardía y la absoluta falta de amor a la verdad por parte de tanto teólogo, sacerdote y laico.

Los católicos vivimos absorbidos por las estructuras del mundo que nos rodea; el trabajo, las obligaciones, los compromisos… Todo ello te hace vivir en una especie de letargo y abandono de lo importante; la vida espiritual y el mundo sobrenatural. Estamos tan apegados a las cosas de la tierra y hemos separado tan artificialmente el alma del cuerpo que pasamos de unas cosas a otras de una forma totalmente forzada. Ha sido el fruto de olvidar la lucha contra los enemigos del alma que no son otros que el mundo, el demonio y la carne. Es curioso como se ha fragmentado esta lucha y como en muchos sectores se ignora el mundo como enemigo, o la carne con las consecuencias conocidas por todos. Ignorar al mundo como enemigo ha sido la tendencia de la mayoría de los sectores de la Iglesia arrastrándola a una mundanización que nadie parece querer ponerle límites. Esta mundanización ha sido secundada por ambientes eclesiales y de movimientos postconciliares, en los que en todo momento subordinan su discurso intelectual al predominante del momento (lo que podríamos llamar estar en la cresta de la ola).

El nudo de AL te lleva directamente al personalismo, constructo filosófico del que hemos hablado bastante en este blog. Este constructo es la base para entender como muchas veces no es necesario una doctrina abiertamente herética para destruir las conciencias. Muchas veces es una filosofía dañina con ciertos toques de ortodoxia la que permite destruir toda la mentalidad católica. El personalismo contamina la visión de la cristiandad, contamina la visión del catolicismo y bendice el liberalismo de tercer grado y la “sana laicidad”. Dios los cría y ellos se juntan. Unos y otros se necesitan para construir babel. Todo este constructo lleva irremediablemente a la mundanización más absoluta. Es lo que estamos viendo. La descristianización de la sociedad en la que tantos sacerdotes y laicos se han hecho cómplices aliándose con la modernidad y abanderando el personalismo como la filosofía católica del momento. El personalismo es construir una casa desde el tejado.

Es de estos católicos mundanizados de donde surge una abierta oposición a la Edad media y es muy típico de ambientes personalistas influenciados por Maritain ese desprecio a la época medieval. Dice el padre Iraburu en su libro De Cristo o del Mundo:

La Edad Media es una época muy espe­cialmente falsificada en la consi­deración general moderna, comenzando por su nombre. El milenio de Cris­tiandad en su totalidad, por su teo­centrismo y, más aún, por su abierta confesionalidad cristiana, es despreciado por el Occidente apóstata. El signo más decisivo de la mo­dernidad, precisamente, es la construcción de un mundo no fundamentado en Dios, y menos aún en Cristo, sino en el hombre; todo lo cual impugna directamente el régimen de Cris­tiandad. La opción moderna, por tanto, exige que el milenio cristiano sea ignorado, o mejor aún, cari­caturizado y falseado. Y esto se comprende perfectamente. Lo que no se com­prende tan bien es que los mismos cristianos se hagan cómplices de ese intento, como hoy sucede tantas veces en creyentes verdaderamente fieles.

Nota del blog:

Esta reflexión la hago a propósito de un sacerdote que me alababa la democracia liberal porque según él nos dejan ir a misa los domingos y despreciaba la época medieval con el nombre de cesaropapismo y criticaba los abusos que se dieron en la época de la civilización cristiana. Como siempre son los mismos hombres de Iglesia , los peores enemigos.

También pienso que detrás de la defensa de la “sana laicidad” solo veo gente pusilánime y cobarde que es incapaz de luchar por el Reinado Social de Cristo. Es que ni siquiera se lo creen. Esperan según ellos que se den circunstancias favorables para predicarlo.  Siguen diciendo que  el peligro está en ponerlo en práctica. ¡Dios mío Cuanta tibieza!

 

 

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