La realidad histórica de la redención

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Muchas veces me pregunto cómo se ha podido transformar la mentalidad de toda una generación de católicos. Yo creo que una de las razones está en las homilías de los sacerdotes . Ayer sin ir más lejos, el sacerdote en la homilía hablaba de  cómo todas nuestras acciones tienen un valor sobrenatural. No nombró en ningún momento estar en gracia de Dios, ni la necesidad de confesarse. Simplemente apostaba por una vida sencilla, sin grandes pretensiones en el que cualquier acto se convierte en sobrenatural. Es inevitable pensar en el peligro de esta prédica si la despojas del anclaje sobrenatural. Es como intentar coser algo sin poner el hilo de la gracia sobrenatural en la aguja. Hoy el naturalismo impregna la mentalidad católica.

Me viene a la cabeza esos actos de condecorar a personas que salvan vidas o que hacen actos heroicos. Está bien hacer esas cosas, pero los católicos no podemos perder de vista que en una sociedad descristianizada como la nuestra todos esos actos sin la gracia, no tienen ningún mérito sobrenatural. No podemos juzgar si esas personas están o no en gracia, pero sí debemos tener siempre presente que Dios no nos ha querido para un orden meramente natural, sino que nos ha querido para un fin sobrenatural. Dice A. Royo Marín en su imperdible libro, Teología moral para seglares: “Si lo hubiera querido así, Dios hubiera podido crear al hombre en estado de naturaleza pura, o sea no elevado por la gracia al orden sobrenatural. En este estado puramente hipotético, que no coincide con la realidad histórica, dada la elevación de todo el género humano al orden sobrenatural, el hombre hubiera tenido un último fin puramente natural, esencialmente distinto del último fin estrictamente sobrenatural al que está destinado en el orden establecido actualmente por la divina Providencia.”

Creo que este es uno de los grandes problemas de nuestra sociedad, prescindir del orden sobrenatural porque hemos dejado de creer en esta verdad histórica de la redención. En el fondo, este prescindir del orden sobrenatural es renunciar a construir una sociedad anclada en el orden de la gracia, y esa renuncia supone renunciar al mismo Cristo y a su muerte y resurrección. En definitiva es lo que está ocurriendo

Dice A. Royo Marín muy acertadamente:

“El hombre desprovisto de la gracia y de la caridad está absolutamente imposibilitado para practicar cualquier acto sobrenatural, por mínimo e insignificante que sea.”

En el fondo esto es lo que predican los defensores de la separación de la Iglesia y del Estado, los defensores de la sana laicidad y los defensores de los derechos de las sociedades y de las comunidades políticas a vivir en un orden meramente natural. Son el anticristo , puro naturalismo.

Es curioso cómo muchos de esos defensores de la sana laicidad reconocen que no se puede vivir de espaldas a Dios , pero por otro lado defienden los derechos de los que desean vivir “honestamente ” de espaldas a Dios en un plano puramente natural y haciendo actos meramente naturales. ¿No es acaso la masonería quien reivindica estos derechos?

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