Trampas

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Estos días leyendo el muro de Alonso Gracián, pensaba que la Iglesia católica la habían sembrado de minas. Entre los malvados, los pusilánimes y los tontos útiles, todos unidos para la causa común. Destruir la fe. No seré yo quien los juzgue. Yo también debería entonar un mea culpa por haber servido a causas que dañaban la fe. Es el diablo que engaña y te tienta para que veas el mal como bien. Sus artimañas son tremendas. Uno de los graves problemas del catolicismo hoy, es que nadie te avisa que el diablo y sus miserables instrumentos están acechando. La mayoría de las iglesias con sus párrocos modernistas, los cobardes obispos que solo saben predicar lo que agrada al mundo, quizás sea uno de los mayores peligros para ir eliminando la fe.

Hace días una señora mayor me contaba escandalizada el tipo de catequistas de su parroquia, sus maneras de vivir y de vestir. En nada se diferenciaban de un pagano. Esas personas estaban “enseñando” la doctrina católica a nuestros hijos. Luego alguien puede extrañarse de que las primeras comuniones sean las últimas. ¿Pero, qué puedes esperar de unos niños que los has alimentado a base de gominolas? ¿cómo puedes esperar que crezcan sanos y robustos si apenas saben qué son las proteínas, ni las grasas saludables, ni na de na? Luego esos niños, los menos, van a misa los domingos y se encuentran con uno de esos párrocos víctima del seminario , o víctima de libros filosóficos extraños, o víctima de un obispo cobarde. Y ese niño ve como se reparte la comunión, lo que le han dicho que es el cuerpo de Cristo, sin ningún tipo de pudor, por “ministros de la comunión” que se abalanzan ávidos hacia el altar para ayudar , vestidos de cualquier manera y después de haber dado la paz a los de tres bancos hacia adelante y tres bancos hacia atrás.

Luego están esos movimientos surgidos en los “gloriosos” años del posconcilio y alimentados con los teólogos de moda; Ratzinger, Von Balthasar, Maritain, De Lubac, Guardini y ves como a esos curas y laicos les gustan estos teólogos contradictorios y demoledores de la fe, que dicen cosas sin sentido y los estudian ávidamente para lucirse en sus prédicas .

Dice Alonso Gracián:

Cuánto más leo la teología y la filosofía del posconcilio, más claro veo su debilidad, su mediocridad y su confusión.
Dado el prestigio enorme que tienen sus autores entre muchos católicos, y el apego que le tienen, su crítica parece una tarea inútil. Por mi parte, en este medio, aquí lo dejo, porque vivir escondido con Dios en Cristo (Col 3, 3) es lo mejor.

 

Esta teología es la que alimenta los seminarios, incluso los buenos. Llevar a un hijo a un seminario también es un deporte de riesgo, no solo para el futuro sacerdote sino para todos los que tendrá a su cargo y sucumbirán a sus nefastas enseñanzas.

En una charla sobre ideología de género, la ponente explicaba en un alarde de sinceridad que las cosas cambiaban, que ella había acudido a “fulano”, uno de los sacerdotes con más prestigio y “ortodoxos” en esa materia y le había aconsejado que acudiera a la boda homosexual de un familiar. Sus razones eran contribuir a la unidad familiar.

Catequesis, seminarios, parroquias todo ha sido engullido por la maquinaria modernista al servicio de la iglesia del nuevo paradigma. Habrá que buscar el auxilio en los sacramentos, en la eucaristía , en la confesión rezando para que el confesor no te dé consejos extraños.

El justo vive de la fe. Habrá que alimentarnos e ir sorteando todas las trampas que el enemigo ha ido poniendo, para engañar hasta a los elegidos .

 

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