La cizaña que crece junto al trigo.

jacquesmaritainpopepaulvi

 

 

El texto que traigo hoy, es una primera reflexión sobre la obra de Maritain y su prevención ante sus muchos libros. En el ambiente que me muevo Maritain goza de cuasi fama de santidad. Es el nuevo pope de la doctrina política y social de la Iglesia. Hay que decir, que fue su nefasta influencia en papas como Pablo VI y los siguientes lo que contribuyó a castrar el catolicismo en España y por extensión de la Iglesia universal. Es ese humanismo devoto aconfesional del que cree que va a manar la gracia sobrenatural sin nombrar ni una sola vez a Cristo. Es el padrino del personalismo que hoy goza de tantas bendiciones en ambientes católicos supuestamente ortodoxos. 

Para leer el párrafo sobre los caminos de la fe de Maritain enlacen con el artículo. (1)Mi interés radica en advertir sobre la nefasta influencia de este filósofo que ha contribuido como pocos a la apostasía en nuestro país y que sigue haciéndolo, porque aquellos que le siguen o le siguieron  han abandonado la Verdad plena y se han convertido en católicos liberales. Son los nuevos protestantes, abanderados de la nueva cristiandad, la cizaña que crece con el trigo…

 

El artículo a continuación. Las negritas son del blog.

 

No sin aprensión traemos a la palestra unos fragmentos de Maritain sobre la situación actual de la fe. La aprensión es grande porque el mismo Jacques Maritain que en los párrafos que hemos seleccionado disecciona con clarividencia algunas de las más profundas causas del extendido envilecimiento de la inteligencia contemporánea de la fe, él mismo, es reo de haber sido uno de los mayores, si no el más grande inductor del actual estado de confusión y de apostasía.

Hombre que siempre evolucionó en el sentido socialmente triunfante, gozó de enorme prestigio en medios de poder político y religioso. Prestigio que aprovechó para la difusión de sus ideas. En particular, su respaldo militante a la doctrina del personalismo en filosofía social contribuyó fatalmente al abandono generalizado de los viejos principios del corpus político cristiano, doctrina política cristiana. Bien es verdad que encontró para ello un terreno abonado en lo que Jean Madiran llamó la “herejía del siglo XX”, que lo fue también del XIX, y que descansó principalmente sobre una mutilación material y una perversión formal de la doctrina social cristiana, reducida a lo que se dio en llamar “la cuestión social” o “la cuestión del trabajo”. Las consecuencias de esta “operación de maquillaje” mariteniana han sido y continúan siendo desastrosas y siguen representando el principal escollo teórico para el apostolado de la buena doctrina política entre los católicos. Absuelto de los más elementales vínculos de caridad y solidaridad hacia sus hermanos en la fe, cuando más lo necesitaban, Maritain, en su réplica al Padre Ignacio Menéndez-Reigada, negaba cualquier fundamento religioso al alzamiento y adoptó un tono de relativa distancia frente a los excesos de la República, al tiempo que dejaba claro que la vía de solución del problema se hallaba en la convivencia liberal. Todo lo cual, significó la inhibición de gran parte de los católicos del mundo ante la contienda (véase por ejemplo la carta de Eduardo Frei a Maritain del 4 de enero de 1940: “durante la guerra española, aquí hubo polémicas respecto a su posición, posición que compartía la casi totalidad de la juventud católica chilena”), cuando no en algunos casos el apoyo al bando republicano.

Mientras que Maritain no sentía empacho en despreciar filisteamente a los católicos que se empeñaban en perseverar en las viejas doctrinas sociales, tenía una especial facilidad para mantener relaciones de cordial amistad con gentes de signo violentamente anticristiano, como sucedió en su confraternización con el revolucionario Saul Alinsky, a quien conoció en su “destierro” norteamericano. En Le paysan de la Garonne, Maritain afirma que Alinsky es uno de sus mejores amigos (y también que sabía de la existencia de tres auténticos revolucionarios en los países occidentales, “Eduardo Frei en Chile, Saul Alinsky en América y yo mismo en Francia”). Mantuvo estrecho y afectuoso contacto con él hasta la muerte de Alinsky, sucedida en 1972, un año antes que la del propio Maritain. La conocida “libertad de espíritu” que Maritain tenía para humillar a los católicos que seguían apegados a las tradicionales doctrinas, se convertía en dulce mansedumbre con los exabruptos izquierdistas. Alinsky envió a su amigo Maritain un ejemplar de su libro Rules for Radicals. El libro lleva una dedicatoria impresa para “el primer radical que ha conocido el hombre, que se rebeló contra el sistema establecido y lo hizo de forma tan efectiva que finalmente logró su propio reino: Lucifer”. De su puño y letra, Alinsky escribió en el ejemplar para Maritain: “Para mi padre espiritual y el hombre a quien quiero, de su hijo pródigo y díscolo”. En carta de 19 de septiembre de 1971, Maritain le corresponde, agradecido: “Mi queridísimo Saul, quedé encantado al recibir y leer tus Reglas para los radicales. Gracias de todo corazón. Indigno como soy de ella, la dedicatoria que escribiste en la primera página es para mí una bendición. Un gran libro, admirablemente libre, absolutamente audaz, radicalmente revolucionario…”. Luego vienen algunos tímidos desmarques del maquiavelismo que empapa el libro, pero concluye: “Querido Saul, discúlpame por estas torpes observaciones de filósofo tozudo… recibe la ferviente admiración y el amor permanente de tu viejo Jacques”. Ni la más mínima referencia a la diabólica dedicatoria y con tan sólo algunos tímidos desmarques respecto de la filosofía maquiavélica que empapa el libro.

Le paysan de la Garonne, libro que es presentado por muchos conservadores católicos como una retractación de Maritain, no contiene nada semejante. Es, eso sí, el lamento de un viejo revolucionario ante los excesos de sus discípulos que, probablemente, han sido más coherentes que él a la hora de sacar las últimas conclusiones de sus innovadores principios. Es un “no es eso, no es eso”, sin abjuración ninguna.

Un solo apunte más, sobre la trayectoria de Maritain. A su muerte se encontraba redactando una obra que se publicó póstuma e incompleta, Approches sans entraves. En este trabajo, el filósofo sostiene la teoría de la restitución final del “enemigo de la naturaleza humana”: “Sin duda, Lucifer será el último en ser cambiado. Durante un tiempo estará solo en el abismo y pensará que sólo él está condenado a un tormento sin fin… Al final también él será restaurado en el bien… será devuelto, a pesar suyo, al natural amor de Dios”[1].

En conjunto, pues, la obra de Maritain supone una separación patente de la filosofía cristiana y finalmente desemboca en afirmaciones heterodoxas sobre la escatología católica[2].

Se impone, pues, una contención a la hora de realizar cualquier recomendación parcial de la obra maritainiana. Eso no obstante, lo cierto es que no se puede negar que al lado de gravísimos erro res, en Maritain se encuentran fogonazos de lucidez asombrosa. Tal es el caso de los párrafos que a continuación se recogen. Pertenecen a la intervención que tuvo el filósofo en la Semana de los intelectuales católicos, el 8 de mayo de 1949[3].

Señala Maritain en este texto algunos riesgos que para la fe y para la vida tienen ciertas modalidades de uso de la razón en relación con la Revelación. Recuerda que, a pesar de la eminencia de la fe sobre la razón, la fe es un don para el hombre, luego debe ser acogido humanamente, lo que quiere decir que no basta cualquier modo de uso de la razón “siempre que se acoja la fe”. Hay modos de usar la razón que por su misma estructura inmanente son ateos, aun cuando de facto sean ejercitados por personas creyentes. Como dice Maritain, esos usos de la razón, por su pro p i o dinamismo, tienden a evacuar la fe.

El diagnóstico puntual de Maritain resulta escalofriante por el alcance actual de la patología de la inteligencia (también porque su gran inteligencia no le sirvió para advertir en él mismo los graves males que avizoró en los demás).

El “productivismo mental” (la “fijación en el signo”) y “la primacía de la verificación sobre la verdad” son los dos obstáculos sobre los que reflexiona Maritain y que ponen en evidencia el grave peligro de instalarse en determinadas fórmulas desligadas del objeto real que significan, frustrando así el fin propio de la fe, la unión del creyente con Dios que se revela. Existe, como reverso, el riesgo opuesto, el de afirmar la relatividad de las fórmulas precisamente por su limitado poder de representación, riesgo que se deriva paradójicamente del mismo desinterés por lo real que origina la “fijación en el signo”.

La intervención de Maritain de la que han sido extractados estos párrafos contiene, sobre todo en su segunda mitad, los graves errores en materia social que caracterizaron al Maritain “avanzado”, por lo que conviene insistir en que estos textos se traen a colación en virtud exclusiva de su verdad intrínseca y a pesar de su procedencia. Más aún, con todas las advertencias sobre su procedencia.

 

(1) https://fundacionspeiro.org/revista-verbo/2011/493-494/documento-516

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