El dolor expía nuestra culpas

 

 

cruz

Quizás el concepto de culpa y de castigo tal cual se nos ha transmitido en estas última décadas haya sido también una influencia del protestantismo, como tantas otras. Como cuando una presa se rompe  e inunda la tierra que va encontrando, así el protestantismo cuando rompió la fe , fue inundando todo lo que encontraba a su paso . Y así como el agua inunda la tierra y aunque se evapore deja el escombro que ha arrastrado, así también ocurrió con el protestantismo y dejó la fe contaminada y en algunos casos irreconocible. Uno de ellos fue el concepto de pena y castigo. Como decía un sacerdote en una conferencia , el pecado aunque nos sea perdonado en el sacramento de la confesión, No desaparece. Cristo carga con Él. Por eso toda violación de la ley ha de ser expiada. Dice Antonio Royo Marín en su libro “Nada te turbe, nada te espante”. “La balanza de la justicia divina, desequilibrada por el pecado, ha de volver a su fiel. Y como el desequilibrio se verificó al poner en uno de sus platillos el peso de un placer desordenado, es forzoso que vuelva a su equilibrio por el peso de un dolor, que es lo contrario del placer. “Todo se paga”. decía Napoleón en Santa Elena. A veces, aquella desgracia que atribuimos a la casualidad o a la mala suerte, no es sino el castigo de alguna culpa pasada, una forma inesperada de expiación.

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