¿Sentimiento de Dios?

 

cruz

 

Un joven lector del blog nos manda esta carta para publicar:

Sentimiento de Dios.

Cada vez son más las asociaciones pseudo-religiosas que nos hablan de la importancia del “sentimiento de Dios”. Lejos de predicar el mensaje de Cristo, nos animan a mostrar, de las formas más conspicuas y extravagantes, el amor que sentimos por Jesucristo.

Estas organizaciones liberales, que no hacen otra cosa más que invitar a la más vil apostasía, se aferran al “ama y haz lo que quieras” de San Agustín, pero olvidan el “vete y no peques más” de Cristo. Para ellos, esta segunda cita acaba en el “vete”.

Porque eso es lo único que importa; que yo sienta que estoy cerca de Él. Porque no importa que viva con mi novia, si luego vamos juntos a Misa. Porque no importa que cada semana me emborrache, si lo hago exhibiendo sobre mi pecho una enorme cruz de madera. Porque no importa que en mi teléfono móvil convivan pacíficamente vídeos pornográficos con canciones que predican el evangelio.

En resumidas cuentas, tus actos no importan, siempre que sientas amor por Dios. Esto me recuerda al sola fide del testigo del evangelio Martín Lutero.

Pero no fue un sentimiento de Dios lo que movió a San José Sánchez del Río, un niño de 11 años, a caminar con los pies desollados hasta su tumba, al grito de “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!” No fue un sentimiento de Dios lo que ayudó a San Esteban a perdonar y rezar por sus verdugos mientras era sepultado bajo un mar de rocas. No fue el sentimiento de Dios lo que causó la fidelidad de tantos mártires en la Guerra Civil Española o durante las persecuciones de Diocleciano. Y si ante esto piensan que “eran otros tiempos“, pueden darse una vuelta por Siria y preguntar a los cristianos que viven en la zona como es su sentimiento de Dios.

Porque un simple sentimiento, un fugaz enamoramiento, no te lleva a dar la vida por Dios. Es el amor profundo, fraguado a base de sacrificio, de entrega, de oración y de abrazar constante y gustosamente la Cruz del Señor lo que te permite, si Dios así lo tiene previsto, acceder al don del martirio. Y digo don porque no hay mayor gloria que dar la vida por Cristo.

3 comentarios

  1. Así sí, por fin, ¡gracias al cielo por sembrar mentes verdaderamente católicas sobre la faz de nuestra hermosa patria!

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