El personalismo es esencialmente antimetafísico

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¿Será posible la restauración de la filosofía cristiana tomista, aristotélica, metafísica con tanto enemigo dentro de la ciudadela? ¿ Por qué se han dejado abducir por el personalismo?. Leamos a Alonso Gracián:

Porque el personalismo ni es una filosofía propiamente hablando, cosa que evita ser, ni es realista en sentido metafísico.

—El personalismo no es una filosofía porque no pretende serlo; creo que por su asistematismo anti-abstractivo, o por la inconsistencia conceptual de sus principios fundacionales; también por su preterición del entendimiento al plano afectivo —es decir, a la voluntad.

Por eso, más que como una filosofía estrictamente hablando, podría caracterizarse como una idiosincrasia con ideo-sincrasia.

Y no es realista, porque es antimetafísico. Siendo antimetafísico —y teniendo en cuenta que la metafísica es el sustento conceptual del realismo —no puede ser realista.

Porque siendo el estudio del ente real el objeto propio de la metafísica, y siendo el personalismo contrario a la metafísica del ente real, no puede afirmarse por tanto que el personalismo sea ni realista ni clásico.

—Concedo que es benéfico y tiene elementos positivos, que pueden dar buen fruto; pero es algo nuevo, tan nuevo, que es poco tradicional, y en general neotérico (amante de novedades). Creo que esta palabra, acuñada por el tomista Romano Amerio, refleja bien la esencia del personalismo católico de Teilhard de Chardin, o de Rahner, por ejemplo.

No le niego por supuesto el carácter católico al personalismo: el personalista, en general, tiene voluntad de ortodoxia, es piadoso, y quiere respetar el magisterio eclesiástico. El problema, sin embargo, estriba en su debilidad de pensamiento, que le hace vulnerable a la toxina modernista, aunque no se identifique con ella, pero con la que interacciona inevitablemente debido a su orientación antropotrópica —esa tendencia al cristianismo secundario de la que habla Amerio en Iota Unum.

La debilidad interna, neorrenacentista, esencialmente utópica, de esta piadosa fenomenología de la persona, se concreta en:

1º) su carácter no-tradicional, transigente con la via moderna, reacio a lo antiguo, alérgico a lo medieval —que tanto menospreciaba Maritain—, y en general contrario a lo venerandum y lo tremendum de la via antiqua—. Pico de la Mirandola es su icono y antecedente más claro.

Y 2º) su visión nominalista de la función docente de la Iglesia, por confundir lo propiamente católico, lo bíblico-tradicional, con lo meramente oficial; por su afición a considerar la pedagogía magisterial en términos ensayísticos, privados, reflexivos, personales. —Se malentiende así el ministerio petrino, creyendo que los gustos teológicos personales de los Papas son un cuasimagisterio.

Entiende el personalismo que la verdad es ante todo verdad por ser promulgada por la autoridad, con lo que hereda el concepto de potencia absoluta del nominalismo; pierde el sentido de lo tradicional —en cuanto saber heredado— y padece por ello una visión terminista (=nominalista) de la obediencia, según la cual son los TÉRMINOS PERSONALES con que se expresa la autoridad contingente los conceptos mismos del Depósito.

—Es la causa por la cual las tesis ambiguas de la exhortación apostólica postsinodal Amoris lӕtitia han sido aceptadas sin dificultad por una gran parte del episcopado, clero y laicado, sin encontrar apenas resistencia: y es que el situacionismo puede ser defendido bajo presupuestos teológicos personalistas. Es un hecho. Véase si no la defensa personalista que del cap. 8 ha realizado Rodrigo Guerra en la Revista Medellín de la CELAM, criticada con eficacia por Bruno M. en este post y por mí mismo en este otro.

Afirmamos por tanto que el personalismo no puede ser realista porque es, esencialmente, antimetafísico, y porque defiende la subordinación del entendimiento a la voluntad. Queriendo superar y perfeccionar el tomismo, se aleja, sin embargo, esencialmente de él.
No se puede ser realista y nominalista a la vez, ni novedoso y tradicional al mismo tiempo. Una cosa u otra. El personalismo, aun pretendiendo ser ortodoxo, es vulnerable. Qué gran contrasentido, querer ser antifilosófico y filosófico a la vez. Por eso, pretendiendo teocentrismo, se acaba siendo antropocentrista.
Y es que si la razón se subordina a la voluntad, la voluntad impera sobre ella, y se pierde el sentido de la realidad. El Creador desaparece ante la pretensión soberanista de la criatura. El ejemplo paradigmático es Teilhard de Chardin.
Lo que no puede ser, no puede ser.

 

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