Tópicos del personalismo : semipelagianismo, prejuicios contra la razón, pusilanimidad.

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En estos tiempos que corren es fundamental leer el blog de Alonso Gracián. No saldrá la mente católica de esta crisis si no es desembarazándose de este paradigma llamado personalismo:

 

 

1.- El católico actual, por regla general, vive en el paradigma personalista.-  Posee una idiosincrasia propia, a la que adhiere una ideo-sincrasia particular, un conjunto de prejuicios antropológico-teológicos cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar, y suministra el modelo para la resolución de problemas pastorales.

2.- Despertar del paradigma va a ser doloroso.- Hemos sido educados en él, hemos crecido con él, hemos sido católicos a través suya, vivimos y creemos inmersos en su atmósfera antimetafísica, antropocéntricamente devota. Recuperar la virtud de la racionalidad va a ser difícil, si antes no se descartan los prejuicios antiescolásticos que la mente católica ha heredado de la fenomenología de la persona.

3.- Quisiera el personalista nato que Dios reconociera al hombre como causa primera, y no causa segunda. ¿No parece a menudo, en su ideo-sincrasia, que quisiera a Dios como causa coordinada, que sólo se sumara, cual mera observadora, a la humana voluntad, causa primera también? Toda sobrevaloración de las posibilidades reales del hombre adámico, de origen voluntarista, tiende naturalmente al semipelagianismo, y es subjetivista en esencia.

4.- Cuánto rechina en los oídos personalistas que el ser humano sea tan sólo una causa segunda, dependiente de Dios para todo y no protagonista, necesitada de redención y auxilio constante, y no señora de sí misma ni autorredentora “con la ayuda de Dios”; cuánto rechina a su naturalismo “teocéntrico” —no por teocéntrico menos naturalista ni menos antropocéntrico— que salvarse no depende principalmente de él, sino de la gracia.

5.- Y en cuanto a la conversión, no cree el personalismo tanto en la teologalidad, como en el diálogo; no tanto en el recibir, como en el intercambiar. De ahí su preferencia por expresar la conversión en términos de interacción, y no de recepción, elección y predestinación. 

6.- El mito del misteriosismo.- Parece al personalismo que en la vida cristiana todo es misterio, y nada es cognoscible ni comprensible por la razón, y que todo esfuerzo de comprensión es racionalismo. Parece al personalismo que es poco en la fe lo que se puede conocer. Y con ello se van arrancando del poder la razón cada más ámbitos de la realidad. Mas no todo le parece misterio incognoscible. Que todos se habrán de salvar, porque Dios es bueno, sí parece poder saberlo con seguridad, que eso no es misterio ni vana presunción, como enseñaba Trento (ses. VI, cap. IX). Y  así cree, con imprudencia suma y sin sentido del misterio, que Dios no puede castigar, ni condena para siempre, porque es bueno…

7.- ¿Quién no ha escuchado, hasta la saciedad, hablar al sacerdote en la homilía de la Misa de lo mala que es la sociedad actual, preocupada sólo por tener, y no por ser; como si tener fuera el pecado máximo del mundo de hoy, más aún que la apostasía, el aborto, la anticoncepción, el adulterio…. pecados que nunca se mencionan, porque no son nada, según parece, comparado con lo malo que es tener. Es otro de los tópicos transmitidos por Gabriel Marcel, cuya dicotomía ser/tener fue una mina en la predicación conciliar.

8.- ¿El mayor bien es evitar la confrontación?.- Parécele al personalista, por el pacifismo que ha heredado del progresismo, que donde hay violencia no puede haber cristianismo. Olvida que existe una violencia justa, que en ocasiones es necesaria e incluso debida. Y es que es preciso y justo y necesario defenderse de un injusto agresor, tutelar el bien común y garantizar el orden público, o incluso combatir el propio yo carnal, conforme a las palabras de Nuestro Señor: Desde el tiempo de Juan Bautista hasta el presente se consigue el reino de los cielos por la violencia, y aquellos que se violentan lo arrebatan (Mt 11, 12)

9.- ¿Por qué parece, entonces, al personalismo, que toda confrontación es mala? ¿Por qué anhela firmar la paz con sus cuatro enemigos: mundo, demonio, carne y modernismo? Porque tiene un concepto absoluto de la persona, a la que considera causa primera y no causa segunda. De este concepto absoluto se desprende su falta de comprensión de la expiación como fruto del castigo. Y porque de este absolutismo de lo personal procede el absolutismo de lo interpersonal, es decir, del dialogo.

10.- De su concepto absoluto de la persona como causa primera, se desprende su incomprensión del bien de la propia aceptación del castigo, en cuanto violencia recibida. Cree que toda violencia es mala, y por tanto no entiende la expiación. Por eso no entiende el sacrificio de Cristo, no entiende que su Pasión se produjera, ante todo, para aplacar la ira del Padre. Por eso prefiere entender la Misa como banquete pero no como sacrificio expiatorio, que siempre considera injusto, porque injusta le parece toda violencia y toda pena. Por eso al personalismo le falta épica, le falta belicosidad, le falta heroísmo y le falta virilidad. Virtudes, a fin de cuentas, del verdadero cristianismo.

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1709271031-213

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