Restaurar el derecho y la justicia, también en teología moral

faro

Que la escuela personalista ha dañado la mentalidad católica es algo que  este blog de Alonso Gracián intenta demostrar en todas sus entradas. Abandonar las sendas clásicas tiene sus consecuencias y lo estamos viendo. Podríamos hablar de la mayor crisis de toda la historia de la Iglesia, entre otras razones porque muy pocos quieren hablar de ella , la silencian y la mayoría prefieren vivir el optimismo ideológico. Crisis doctrinal y moral , crisis litúrgica, crisis de fe.

Les dejo con la entrada de Alonso Gracián:

 

1ª.- El derecho es lo que es justo, id quod iustum est, como recalca Vallet de Goytisolo, la cosa justa, res iusta.

Contra la moda convencionalista actual en teología moral, el derecho no son las normas generales,  como da a entender, confusa y desdeñosamente, Amoris laetitia. No es ni se funda en la normatividad kantiana, ni en el acto personal de autodeterminación (Wojtyla) ni en la autoposesión y la automoción (Guardini) individual del sujeto reclamante y contrarreclamante (diría Turgot). Porque el derecho no es un poder subjetivo ni un querer personal, sino lo que es justo.

2ª.- El orden del derecho, en sentido clásico, sólo es propiamente jurídico en cuanto es orden justo. Porque, contra el personalismo, el derecho se determina respecto a lo justo, no respecto a la norma. Y no hablamos de lo justo como ideal, en la línea de Amoris laetitia. Sino de lo justo determinado y concreto, de carne y hueso, por así decir; hablamos de la naturaleza de las cosas y de la cosa considerada en sí misma.

Bajo este punto de vista, la misericordia se mal entiende si se considera mera dispensación de la ley (entendida, para ello, como mera norma convencional). También se deforma su sentido si es presentada como alternativa evangélica a la justicia, (pero no a la justicia objeto del derecho, sino a la justicia que es un constructo, la “justicia elaborada” de las reglas de un juego. Por eso, al no tener un concepto objetivo de lo justo, la misericordia desjuridizada se presenta como excepción a una norma, concedida por quien tiene autoridad, en una perspectiva hobbesiana del bien moral y de la ley.

3ª.- Para comprender la relación de lo justo con la cosa considerada, hay que entender que la realidad no es algo indefinido, que las cosas son lo que son, que no está en manos del hombre autodefinirse, como pretende Pico de la Mirandola, ni alterar el ser de las cosas, sino contemplarlo; no transmutarlo, como pretende la moderna goecia (magia negra positivista) del demoliberalismo.

4ª.- Para descubrir lo que es justo por naturaleza no se precisa, como cree el convencionalismo, de un reglamento artificial global que sirva de inspiración. Porque lo justo no es producto de una ordenanza ideal y utópica de carácter administrativo. Se necesita del derecho natural, porque lo justo es leído por el gobernante. A fin de cuentas, legislar es leer lo justo escrito en el orden creado, como enseña el pensamiento clásico.

5ª.- La ley natural es, respecto al derecho, su brújula moral. Por eso el derecho, para el pensamiento tradicional, es regla moral viva de la elucidación de lo justo, en sus conclusiones y sus determinaciones, como diría Vallet. La teología moral católica debe reorientar su enfoque al respecto, porque, en lugar de relacionar el derecho con la norma general, debe relacionarlo con lo justo. Distinguiendo sanamente ley natural y derecho natural, sin confundirlos como hacen, a veces, los neotomistas, es decir, el tomismo contemporáneo no hispánico.

6ª.- Ius est ars boni et aequi, el derecho es el arte de lo bueno y de lo justo: no es la técnica con que un Estado nominalista pretende “crear” lo justo; tampoco un Pontífice podría apelar al derecho para “crear” lo justo, imitando la potencia absoluta de las democracias positivistas. No hay potestad humana capaz de transmutar, por falsa misericordia, lo injusto en justo, ni hacer que lo malo sea bueno por su sola autoridad, como pretende Hobbes.

.- La perspectiva católica tradicional es esencialmente romana: contempla sub specie aternitatis el derecho como arte teorético, es decir, lee lo justo inscrito en el orden creado y lo convierte en criterio. La perspectiva personalista del derecho, al detener la mirada en la persona como fin inmanente, es incapaz de elevarse a una consideración objetiva del derecho, porque sin la perspectiva de lo eterno no hay perspectiva objetiva posible. La dimensión soteriológica es eclipsada por la inmanencia de los derechos subjetivos y una supuesta autonomía de lo temporal.

Es por eso que, en la escuela personalista católica, el derecho no encuentra su lugar, la teología moral sustituye la ley por la norma, y lo justo se volatiliza a favor de una vaga idea de misericordia.

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1902240559-336-misericordia-sin-derecho

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