Restaurar el concepto de castigo y pena expiatoria según el pensamiento tradicional

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Seguimos con el blog de Alonso Gracián:

 

El pensamiento católico contemporáneo, tras la tormenta posconciliar y en la presente situación de estado crítico conceptual, es figura de una Neobabel orgullosa que amenaza ruina, porque es ruinosa.

No podemos ocultar que también la función docente de la Iglesia quedó afectada, y está necesitada de reforma.

Por eso, para sanar esta situación que tanto mal causa a los fieles, es de gran importancia recuperar el pensamiento católico, clásico y tradicional. Porque está afianzado en la romanitas aristotélico-tomista, con sus nociones precisas y fecundas; ha sido fortalecido por el magisterio más claro y potente, que es el antimodernista. Y posee el perenne vigor del derecho natural y cristiano.

Uno de los conceptos clave que hemos de restaurar y sanar es el de castigo, pena expiatoria, sacrificio.

El concepto de sacrificio expiatorio ha sufrido un oscurecimiento notable en la teología católica contemporánea, debido a las interferencias de la Nueva Teología y del personalismo católico. A través de un proceso de deterioro conceptual, que ha implicado diversos planos doctrinales, la idea de un castigo que sirve en sí mismo de reparación de un daño, se ha vuelto ajena al pensamiento de los católicos. Estos, en general, aceptan la noción administrativa de sanción, pero no la noción propiamente católica de pena.

El proceso de deterioro ha sido el siguiente:

El concepto de ley es sustituido por el de norma general (convencional, administrativa, mera inspiración subjetiva).

El concepto de pena (por el pecado, esto es, por la transgresión de la ley), es sustituido por el de sanción (por la infracción de una norma reglamentaria).

El concepto de estado de pecado, incompatible con la gracia santificante, ha sido sustituido por el estado de situación irregular, supuestamente compatible con la gracia.

El concepto de expiación (efecto de la pena sobrenaturalmente asumida) es sustituido por el de autocorrección (supuesto pelagiano de la sanción).

El concepto de historia y economía de la salvación es sustituido por el de expediente piadoso o memorial subjetivo de las propias infracciones y autocorreciones formales (que son consideradas conversiones).

Principios clásicos del concepto de pena

Para restaurar un sano sentido de la pena expiatoria, recordamos aquí algunos principios fundamentales del pensamiento católico tradicional al respecto.

1.- Con la expiación se recupera la dignidad moral perdida con el crimen.

2.- Con el pecado no se pierde la dignidad ontológica, pero sí la dignidad moral.

La pena de muerte no atentó contra la dignidad de Cristo, antes bien la hizo más patente aún, por ser asumida voluntariamente como pena expiatoria universal y única, y de una vez para siempre, actualizada incruentamente en cada Misa, y por pecados que no había cometido. El Sacrificio del Inocente es fuente de salvación. El Buen Ladrón, por haber asumido voluntariamente su pena capital en pago de sus culpas, y por confesar en un acto de fe la justicia de Nuestro Señor Jesucristo, fue redimido.

3.- Las penas colectivas, sufridas por los justos, son sacrificios expiatorios que participan del único sacrificio expiatorio, el de Cristo Crucificado.

4.- En ocasiones las penas tienen alcance colectivo, por delitos institucionales, estructurales o sociales, siendo necesarias para el bien común. También existe una expiación social de efectos medicinales que restablece el bien común.

5.- Ser cristiano es participar con Cristo Crucificado, por el estado de gracia, del castigo universal.

6.- La cruz de Cristo sobrenaturaliza el castigo y lo convierte en pena expiatoria. Y esto es bueno para el que causó el daño, porque le permite poder reparar lo que ha hecho.

7.- Sufrir un daño proporcionado al mal causado es una necesidad del alma, que quiere compensar el daño producido.

8.- El que causa grave daño necesita grave castigo para perdonarse a sí mismo.

9.- En ciertos casos extremos, la pena capital es el único medio que tiene el reo de poder compensar el mal causado.

10.- El castigo es esperanza de redención para el castigado. Es el único medio que tiene para compensar el daño que ha causado, también en casos extremos.

11.- Sin necesidad de castigo, para el que comete pecado, no hay cristianismo, porque no hay esperanza de expiación en todos los casos.

12.- Del tesoro de gracias de la Comunión de los Santos, la Iglesia extrae indulgencias para toda pena, conforme a la misericordia de Dios mediada por sus santos. El culto de dulía se convierte, por tanto, en el medio de dispensación de los méritos de Cristo en sus miembros vivos.

Conforme al principio general de la gracia, sin Cristo no podemos nada (Jn 15, 5), pero con Él lo podemos todo (Fil 4, 13), es posible reparar el daño causado e incluso revertirlo y transmutarlo en bien. De esta forma se restaura el orden quebrantado, se redime el pecador, y se repara el daño causado.

En este proceso de expiación, el estado de gracia es necesario, tanto, que la persona debe subordinarlo todo a mantenerlo o recuperarlo, porque vale más que la vida.

 

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1903010907-337-castigo-y-pena-expiatoria

 

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