No hay medio más eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauración del reinado de Jesucristo. Pío XI

ahmed-al-tayeb_0

 

Que el lenguaje de los que gobiernan la Iglesia ha cambiado es evidente y que con el lenguaje ha cambiado la fe también. Ayer cuando en la misa el sacerdote habló del maravillosa y elocuente documento sobre la fraternidad humana del papa Francisco, automáticamente pensé en las razones que a este sacerdote le habían llevado a hablar así. ¿Ceguera? ¿Miedo? ¿Ausencia de fe? Solo alguien con falta de fe en la Iglesia de Cristo, puede calificar ese documento como maravilloso. Es simplemente un martillo más para demoler la fe.

Pensé en el sacerdote y me dio pena, ¿ Qué desperdicio de vida?¿ Pero si se han empeñado en ocultar el reinado social de Cristo, cómo van a reconocer la catolicidad de un documento? Es lo que trae el liberalismo de tercer grado.

¿En quién confiaremos?

Hoy les traigo un análisis del documento desde el punto de vista católico.

¿Cómo nos quejaremos de indiferentismo religioso si han sido los mismos sacerdotes quienes han empujado al pueblo fiel a ese mismo indiferentismo?

(Infocatólica)

 

 

«Por lo cual, no sólo exhortamos entonces a buscar la paz de Cristo en el reino de Cristo, sino que, además, prometimos que para dicho fin haríamos todo cuanto posible nos fuese. En el reino de Cristo, dijimos: pues estábamos persuadidos de que no hay medio más eficaz para restablecer y vigorizar la paz que procurar la restauración del reinado de Jesucristo.» (PÍO XI, Quas primas, 11 de diciembre de 1925)

«si se pregunta cuál es la religión que hay que seguir entre tantas religiones opuestas entre sí, la respuesta la dan al unísono la razón y naturaleza: la religión que Dios ha mandado» (LEÓN XIII, Libertas praestantissimum, 15)

Cito el texto del Documento sobre la fraternidad humana por la paz mundial y la convivencia común en cursiva y aparte, y a continuación realizo mis comentarios.

Dado que el Documento se dirige explícitamente a los filósofos solicitando de alguna manera su reflexión, las apostillas críticas que siguen analizan la propuesta a la luz del pensamiento católico tradicional, sin otro interés que la defensa del mismo.

Comentario I

«la fe lleva al creyente a ver en el otro a un humano que debe sostener y amar»

La afirmación es cierta para el cristiano, que tiene fe y caridad teologales recibidas por el Santo Bautismo junto con la gracia santificante. Pero es falsa referida a los fieles de otras religiones, sectas o herejías, que carecen de fe teologal y de caridad infusa. La confusión es entre la fe teologal cristiana y las creencias e ideas de otras religiones, como explica la Dominus Iesus, 7:

«Debe ser, por lo tanto, firmemente retenida la distinción entre la fe teologal y la creencia en las otras religiones. […]No siempre tal distinción es tenida en consideración en la reflexión actual, por lo cual a menudo se identifica la fe teologal, que es la acogida de la verdad revelada por Dios Uno y Trino, y la creencia en las otras religiones […] Este es uno de los motivos por los cuales se tiende a reducir, y a veces incluso a anular, las diferencias entre el cristianismo y las otras religiones.»

No se debe nivelar la Religión revelada con las religiones adámicas, porque entonces se denigra la teologalidad de la fe, que es reducida a constructo adámico. Con esto se anula la diferencia que existe entre el orden de la redención y el orden caído, entre la gracia y la naturaleza herida, entre religatio sobrenatural y pseudo-religatio, entre doctrina y herejía.

Comentario II

«todos los seres humanos —iguales por su misericordia»

No es cierto que respecto a la misericordia divina todos los seres humanos sean iguales. Son iguales respecto a la dignidad ontológica, pero no en cuanto a su dignidad moral, que es dañada por el pecado y aumentada por la virtud y los méritos sobrenaturales. Y sobre todo, y ante todo, no es cierto bajo un punto de vista religioso, porque hay una parte del género humano que, al no haber recibido la gracia de la justificación, continúa en estado caído, en estado de enemistad, es decir en estado de pecado; y otra, que por haberla recibido, está en estado de amistad con Dios, es decir en estado de gracia. El mundo, por tanto, se divide en justificados y pecadores, en seres humanos redimidos y seres humanos no redimidos. El pasaje anula esta distinción entre estado de justicia y estado de pecado, que divide al linaje humano en dos, y que es de fe divina y católica definida.

Comentario III

«De estos diálogos fraternos y sinceros que hemos tenido y del encuentro lleno de esperanza en un futuro luminoso para todos los seres humanos»

El mito de una nueva humanidad, que el personalismo toma del progesismo moderno, adolece de naturalismo pelagiano. Se basa, más que en un error, en una vana presunción, en razón de la cual pueblos e instituciones hacen planes de autorredención al margen del Cristo Total, con el único apoyo de las fuerzas de su naturaleza caída y de sus instituciones heridas por el pecado y la ofuscación adámica o sectaria.

La pretensión de construir un futuro ideal, sin contar con los planes y medios de Dios al respecto, está viciada de origen, y pende sobre ella la espada de dos filos de la Sagrada Escritura, que advierte:

«Maledictus homo qui confidit in homine, maldito el hombre que confía en el hombre» (Jer 17, 5)

 

Comentario IV

«Un documento pensado con sinceridad y seriedad para que sea una declaración común de una voluntad buena y leal, de modo que invite a todas las personas que llevan en el corazón la fe en Dios y la fe en la fraternidad humana a unirse y a trabajar juntas, para que sea una guía para las nuevas generaciones hacia una cultura de respeto recíproco, en la comprensión de la inmensa gracia divina que hace hermanos a todos los seres humanos.»

De nuevo nos encontramos la igualación de la fe con la creencia de otras religiones, ahora extendida, también, a la fraternidad humana. Pero tener fe en la fraternidad humana, de nuevo hay que decirlo, es pelagianismo, porque el ser humano en estado caído está necesitado de redención, es hijo de la ira e inmundo a ojos de Dios, como enseña Trento en su sesión VI. Y sobre todo es enemigo de Dios. Por eso no entendemos cómo se puede ser amigo de todos los hombres siendo, al mismo tiempo, enemigo de Dios.

Por otra parte, afirmar que la gracia divina hace hermanos a todos los hombres anula la mediación sacramental de la Iglesia, que es la dispensadora de la gracia. La gracia santificante, que da la filiación adoptiva, se recibe por el Santo Bautismo y resulta inalcanzable al ser humano, que necesita de la mediación sacramental de la Iglesia para recibirla. El orden sacramental queda profundamente desdibujado, resultando un accesorio.

Comentario V

« Esta Declaración, partiendo de una reflexión profunda sobre nuestra realidad contemporánea, valorando sus éxitos y viviendo sus dolores, sus catástrofes y calamidades, cree firmemente que entre las causas más importantes de la crisis del mundo moderno están una conciencia humana anestesiada y un alejamiento de los valores religiosos»

A nosotros nos parece que los males que aquejan al mundo se centran en el rechazo explícito del cristianismo, en el alejamiento de Cristo y de su gracia, en la separación del orden moral del orden político, en la persecución de la religión cristiana producida no sólo en los países musulmanes, sino también en los países rendidos al humanismo ecologista, liberal, progresista y tecnocrático, cuyo trasfondo conceptual enmarca la declaración.

Comentario VI

« Nosotros, aun reconociendo los pasos positivos que nuestra civilización moderna ha realizado en los campos de la ciencia, la tecnología, la medicina, la industria y del bienestar, en particular en los países desarrollados, subrayamos que, junto a tales progresos históricos, grandes y valiosos, se constata un deterioro de la ética»

En el Occidente moderno y posmoderno no hay un deterioro de la ética, sino todo lo contrario, un resurgir de la ética, global y ambientalista, humanitaria y buenista; lo que hay es, digámoslo claro, un deterioro de la ley moral, un abandono de la moral cristiana, que ha sido sustituida por la ética de los derechos humanos en clave positivista, en cuyo marco filosófico se encuadra el Documento.

Comentario VII

« En este contexto, es evidente que la familia es esencial, como núcleo fundamental de la sociedad y de la humanidad, para engendrar hijos, criarlos, educarlos, ofrecerles una moral sólida y la protección familiar. Atacar la institución familiar, despreciándola o dudando de la importancia de su rol, representa uno de los males más peligrosos de nuestra época.»

Echamos en falta una condena precisa de los males antiguos y modernos que deforman el amor conyugal y destruyen el matrimonio, como son la poligamia, el divorcio, el adulterio, la fornicación, la anticoncepción, las relaciones de género, etc.

Comentario VIII

« Declaramos también la importancia de reavivar el sentido religioso y la necesidad de reanimarlo en los corazones de las nuevas generaciones»

En un documento conjunto cristiano-musulmán, este llamamiento a reavivar el sentido religioso es explícitamente indiferentista. Un cristiano tiene presente el mandato de Cristo: «Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19), «Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. El que crea y sea bautizado será salvo; pero el que no crea será condenado.» (Mc 16, 15-16)

Comentario IX

« La libertad es un derecho de toda persona: todos disfrutan de la libertad de credo, de pensamiento, de expresión y de acción.»

Es necesario recordar aquí que el artículo 18 de la Declaración de los derechos del Hombre de la ONU no es doctrina de la Iglesia. Que la libertad de culto está condenada por la Iglesia. Y que aunque Dignitatis humanae ambiguamente  parezca referirse a este tipo de libertad religiosa, por ejemplo en su punto 15: «la libertad religiosa se declara como derecho civil en muchas Constituciones y se reconoce solemnemente en documentos internacionales.», aunque parezca, equívocamente, referirse también a este tipo de libertad religiosa, decimos, no es doctrina de la Iglesia, porque, como enseña Libertas praestantissimum :

«esa libertad tan contraria a la virtud de la religión, la llamada libertad de cultos, libertad fundada en la tesis de que cada uno puede, a su arbitrio, profesar la religión que prefiera o no profesar ninguna […] es contraria a la verdad»

Comentario X

«El pluralismo y la diversidad de religión, color, sexo, raza y lengua son expresión de una sabia voluntad divina, con la que Dios creó a los seres humanos. Esta Sabiduría Divina es la fuente de la que proviene el derecho a la libertad de credo y a la libertad de ser diferente. Por esto se condena el hecho de que se obligue a la gente a adherir a una religión o cultura determinada, como también de que se imponga un estilo de civilización que los demás no aceptan.»

Dios no quiere pluralismo religioso. Porque «si se pregunta cuál es la religión que hay que seguir entre tantas religiones opuestas entre sí, la respuesta la dan al unísono la razón y naturaleza: la religión que Dios ha mandado» (Libertas praestantissimum, 15)

Tampoco se puede relacionar este pluralismo con la libertad, porque como explica León XIII en el mismo sitio:

«conceder al hombre esta libertad de cultos de que estamos hablando equivale a concederle el derecho de desnaturalizar impunemente una obligación santísima y de ser infiel a ella, abandonando el bien para entregarse al mal. Esto, lo hemos dicho ya, no es libertad, es una depravación de la libertad y una esclavitud del alma entregada al pecado.»

Comparar la diferencia entre la religión revelada y los constructos religiosos del hombre adámico, con las diferencias naturales entre los sexos o las razas mueve a grave confusión. No sólo porque nivela la religión de Cristo con las demás religiones y sistemas de creencias y opiniones religiosas elaboradas por el hombre en estado de enemistad; sino porque favorece el indiferentismo religioso. Y no de forma ambigua, sino con claridad y explícitamente.

En estos tiempos de confusión, como católicos, estamos llamados a retener firmemente la verdad católica, también acerca de la paz:

« Síguese, pues, que la paz digna de tal nombre, es a saber, la tan deseada paz de Cristo, no puede existir si no se observan fielmente por todos en la vida pública y en la privada las enseñanzas, los preceptos y los ejemplos de Cristo: y una vez así constituida ordenadamente la sociedad, pueda por fin la Iglesia, desempeñando su divino encargo, hacer valer los derechos todos de Dios, los mismo sobre los individuos que sobre las sociedades. » (PÍO XI, Ubi arcano, 23 de diciembre de 1922)

Sólo hay una Religión revelada, sólo hay un plan salvífico, sólo hay una Iglesia de Cristo, fuera de la cual no hay salvación. Sepa todo el mundo que sólo hay un Salvador, y es Nuestro Señor Jesucristo, y que «en ningún otro hay salud, pues ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos salvarnos.» (Hch 4, 12)

 

2 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s