El liberalismo de tercer grado

Leo-XIII-13

 

El catolicismo liberal es una de las causas de la grave crisis que atravesamos. En este artículo que les transmito a continuación, Alonso Gracián va desgranando este liberalismo “piadoso”  que es un fiel reflejo de la mentalidad católica. Solo volviendo a la tradición conseguiremos salir del profundo pozo en el que nos encontramos. Será difícil porque precisamente esto que denuncia el autor ha sido lo que nuestros papas de la modernidad, Pablo VI, Juan Pablo II… han defendido. En sus alocuciones, en su pastoral…La separación Iglesia- Estado(1), la libertad religiosa en el sentido amplio. Mientras por un lado hablaban de llevar a Cristo, por otro lado se dejaban tentar por el mundo y por su lenguaje. Olvidaron todo aquello que durante siglos y apoyados en Santo Tomás había sido el magisterio de la Iglesia en las relaciones entre el orden temporal y la realeza de Cristo. Se zambulleron en el lenguaje de los derechos humanos e hicieron suyas las libertades que son libertinaje y que habían sido condenadas por la Iglesia. Ellos , las incorporaron a su magisterio. Hablaron de antisyllabus (Benedicto XVI) y así entre col y col fueron surgiendo instituciones, movimientos que hicieron suya la bandera del liberalismo. ¿ Cómo saldremos de esta crisis? Solo con la ayuda de Dios.

Después de estas pastorales defendiendo el liberalismo, el ecumenismo a diestro y siniestro es un milagro que todavía haya fieles que sigan creyendo el depósito íntegro de la fe.

Siempre ha habido sacerdotes liberales, pero encontrar cientos de ellos y encima haciéndose pasar por conservadores ¿No es acaso este un misterio de iniquidad?

Les dejo con el artículo de Alonso Gracián;

 

 

Dios es Causa Primera de todo bien, tanto personal como social. Por eso, excluir la acción de Dios de la sociedad y sus instituciones, es un grave error, propio de lo que León XIII denomina liberalismo de tercer grado.

Porque, en definitiva, es justo distinguir el orden religioso y moral del orden jurídico-político, pero no es justo separarlos. León XIII, de hecho, dice que es antinatural.

1.- Esta separación, fundante de la Modernidad —no cronológica sino axiológicamente considerada—, ha calado en la mente católica a través del personalismo y la Nueva Teología.

Son muchos los males que esta separación antinatural ha causado, en todos los órdenes. Uno de los primeramente afectados ha sido el de las mediaciones. Por él se afirma la Soberanía de Dios y su acción mediada, tanto en la vida personal como en la vida social. Por él, y no contra él, se promueve una vida verdaderamente humana.

2.- Pero no nos engañemos, no es posible una autonomía de lo temporal al margen de la realeza de Nuestro Señor, salvo descristianizando la política y la vida social, super-positivizando el derecho y relativizando la ley moral. No es posible el bien social y político prescindiendo de la Causa Primera. Porque eso no es libertad, ni Dios puede quererlo.

3.- Son graves las consecuencias del rechazo fenomenológico del orden de las mediaciones, que es el orden de la delegación de soberanía, el orden de la intercesión, el orden del derecho y de las tradiciones locales. No es extraño que incluso el culto de dulía se haya deteriorado tan profundamente en el catolicismo actual. Y no es extraño, porque el espíritu fenomenólogico, que pone entre peréntesis los saberes heredados, degrada la veneración en nostalgia, y malentiende el papel de la tradición en la obra redentora de Dios.

4.- El liberalismo de tercer grado, al sobre-enfatizar una supuesta autonomía del orden temporal, descontextualiza el momento presente y sobrevalora sus potencialidades, quedando vulnerable ante sus males congénitos. Conforme al constructivismo que nutre sus principios, prefiere hacer borrón y cuenta nueva, y poner la ley moral entre paréntesis cuando ésta se refiere al Estado; no atiende a las lecciones de Dios, que quiere enseñar y escarmentar generaciones.

Dios quiere que los justos de hoy aprendan las lecciones de los justos de ayer, porque al fin y al cabo, esas lecciones fueron suscitadas por Él; y que caminemos, como decían los escolásticos, sobre hombros de gigantes. Siempre es más sabio y más prudente aprender de aquellos que nos precedieron en la sabiduria y en la gracia, y no creernos más sabios que nuestros mayores. Forma parte de la mirada agradecida recibir el tesoro de verdades heredadas, para que la gracia nunca sobreabunde en vano.

5.- El pensamiento modernizante de la Nueva Teología malentiende la tradición. Faltándole el sentido recto de la traditio, tergiversa la veneración y la confunde con la nostalgia, remitiéndola al triunfalismo, como hace Rahner. Pero la veneración es parte esencial del cristianismo, y no es extraño que al debilitarse la veneración, y con ella el culto de dulía y el papel de las mediaciones, se debilite el sentido de la providencia de Dios en la historia.

Para entender la esencia siempre anticristiana de la Modernidad, no hay que considerarla en un sentido meramente cronológico, sino axiológico, conforme al dinamismo propio de las ideas. Sólo así comprenderemos la posmodernidad como su desarrollo extremo. Sólo así podremos obtener la recta inteligencia de sus principios. Uno de los cuales, como hemos expuesto tantas veces en este blog, es la libertad negativa o principio de autodeterminación, que tan bien expone Hegel, y que excluye toda subordinación a la herencia recibida. Y otro, su liberalismo primero, segundo (y tercero, el más moderado pero más dañino, por su apariencia piadosa). 

Si no se quiere mirar atrás para recoger el legado ancestral de la Iglesia, en sus doctores y en sus santos, en su gran Tradición y en las tradiciones locales emanadas fielmente de ella, entonces tampoco se quiere aceptar el papel de receptor, de accipiens, que Dios mismo otorga con la vocación bautismal. Porque ser hijo adoptivo de Dios va más allá de tener una vida personal y privada de piedad que presentar como testimonio privado; ser hijo adoptivo de Dios implica, también, integrarse en la obra redentora divina. Que no es algo abstracto y atemporal, sino que se produce por etapas concretas de mayor o menor efusión de gracia, conforme a los designios de Dios en su Hijo, tanto positivos como permisivos.

6.- La historia de la acción de Dios sobre el mundo, a través de sus hijos adoptivos en persona y en comunidad, configurando tradiciones locales fieles, es historia sagrada, y debe ser venerada porque es digna de veneración. Su legado de santidad y sabiduría es digno de ser entregado y recibido, y vuelto a entregar, porque tiene un valor pedagógico perenne.

El personalismo, que tiene esencia liberal, desustancia la providencia divina, y extrae de sus obras la sustancia histórica, para quitarle valor y objetividad. No es extraño, porque al sobrevalorar lo subjetivo y lo privado, reduce lo objetivo, lo social, lo político, lo jurídico, a un plano puramente contingente. Bajo esta perspectiva historicista la veneración no es más que nostalgia del pasado.

Dios enseña a las generaciones sucesivas a través de los dones con que iluminó a las generaciones anteriores. De esta forma, Dios enseña y educa a través del agradecimiento, de la fidelidad, de la escucha, de la traditio.

Pero si por traditio no entendemos entrega de un tesoro de sabiduría y de gracia, que tiene valor ejemplarizante y vivificador, sino borrón y cuenta nueva, autogestión y autodeterminación “creativas” y adaptativas al siglo, pues entonces no entendemos cómo Dios obra en la historia a través de la tradición.

7.- La necesidad que toda persona y toda sociedad tienen de la ley moral radica en la misma esencia de la libertad. No vale apelar a ella para justificar su exclusión de la comunidad socio-política. Separar la ley moral, y la religión misma, de la comunidad socio-política, va contra la esencia misma de la libertad. No es de recibo, como hace el pensamiento moderno, reivindicar pelagianamente la libertad para dejarla desamparada de su Causa Primera, sin la potencia y la luz que sólo la ley moral puede proporcionarle.

—Por eso el principio católico es claro: cabe distinguir, pero no separar, el orden moral y religioso del orden temporal.

8.- Se ha convertido en lugar común del momento presente calificar de nostálgica toda crítica justa del liberalismo de tercer grado. Es un mecanismo de autojustificación, que muchos católicos, con buena intención, ponen en funcionamiento, acudiendo a argumentos de autoridad y no a la misma doctrina de Cristo. Es una forma de ignorar las lecciones de Dios, la historia sagrada de su acción vivificadora, y centrarse en un presente pretendidamente autónomo.

9.- Por eso nosotros, fieles a nuestra vocación bautismal, que no se agota en testimonio privado, sino que busca expansionarse al seno de la comunidad política y de la sociedad, afirmamos con veneración y sin nostalgia, que queremos aprender de nuestros antepasados, que no queremos desatender la obra providencial y mediada de Dios, sino restaurarla sin cesar; y que por eso creemos firmemente que:

«Es la misma naturaleza la que exige a voces que la sociedad proporcione a los ciudadanos medios abundantes y facilidades para vivir virtuosamente, es decir, según las leyes de Dios, ya que Dios es el principio de toda virtud y de toda justicia. Por esto, es absolutamente contrario a la naturaleza que pueda lícitamente el Estado despreocuparse de esas leyes divinas o establecer una legislación positiva que las contradiga. Pero, además, los gobernantes tienen, respecto de la sociedad, la obligación estricta de procurarle por medio de una prudente acción legislativa no sólo la prosperidad y los bienes exteriores, sino también y principalmente los bienes del espíritu. Ahora bien: en orden al aumento de estos bienes espirituales, nada hay ni puede haber más adecuado que las leyes establecidas por el mismo Dios. Por esta razón, los que en el gobierno de Estado pretenden desentenderse de las leyes divinas desvían el poder político de su propia institución y del orden impuesto por la misma naturaleza.» (LEÓN XIII, Libertas praestantissimum 1888, 14)

y 10.- Con temor y temblor, volvemos a afirmar esta verdad católica:
las leyes divinas deben regular la vida y la conducta de los particulares, Y TAMBIÉN la vida y la conducta del Estado; PORQUE no es lícito en la vida política apartarse de los preceptos de Dios y legislar sin tenerlos en cuenta para nada. 

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1901270934-329#comments

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