Sobre la predestinación . Doctrina católica.(III)

TRENTO

Seguimos dando pinceladas sobre la doctrina de la predestinación de la mano de Alonso Gracián:

La sesión VI del Concilio de Trento es un texto magisterial realmente maravilloso, de una claridad, precisión, belleza y profundidad notables. Es urgente, a todo cristiano que quiera formarse bien, estudiarlo muy a fondo, y así obtener una sana doctrina acerca de la gracia y la justificación. Aquí encontramos una breve mención de nuestro gran Misterio:

Concilio de Trento

Sesión VI

1540 Dz 805 “Nadie, tampoco, mientras vive en esta mortalidad, debe hasta tal punto presumir del oculto misterio de la divina predestinación, que asiente como cierto hallarse indudablemente en el número de los predestinados [Can. 15], como si fuera verdad que el justificado o no puede pecar más [Can. 23], o, si pecare, debe prometerse arrepentimiento cierto. En efecto, a no ser por revelación especial, no puede saberse a quiénes haya Dios elegido para sí [Can. 16].”

1565 Dz 825 Can. 15. Si alguno dijere que el hombre renacido y justificado está obligado a creer de fe que está ciertamente en el número de los predestinados, sea anatema [cf. 805].

1567 Dz 827 Can. 17. Si alguno dijere que la gracia de la justificación no se da sino en los predestinados a la vida, y todos los demás que son llamados, son ciertamente llamados, pero no reciben la gracia, como predestinados que están al mal por el poder divino, sea anatema [cf. 800].

Es importante la aclaración que hace sobre la presunción temeraria de predestinación. Nadie puede afirmar con seguridad de sí mismo que está en el número de los predestinados. No puede saberse a quiénes Dios ha elegido para sí. No puede saberse, salvo revelación especial, dice.

–Por esta razón, se habla en ocasiones sólo de signos, atisbos, destellos, señales de predestinación. Una de estas señales es el amor a María. Así lo reconoce el gran Papa Pío XII en la Mediator Dei-. Citamos el párrafo entero por su atractivo y por su interés:

(220) “Y sobre todo no permitáis —cosa que algunos defienden, engañados sin duda por cierto deseo de renovar la liturgia o creyendo falsamente que sólo los ritos litúrgicos tienen dignidad y eficacia— que los templos estén cerrados en las horas no destinadas a los actos públicos, como ya ha sucedido en algunas regiones; no permitáis que se descuide la adoración del Augustísimo Sacramento y las piadosas visitas a los tabernáculos eucarísticos; que se disuada la confesión de los pecados cuando se hace tan sólo por devoción; y que de tal manera se relegue, sobre todo durante la juventud, el culto a la Virgen Madre de Dios —el cual, según el parecer de varones santos, es señal de predestinación—, que poco a poco se entibie y languidezca. Tales modos de obrar son como frutos venenosos, sumamente nocivos a la piedad cristiana, que brotan de ramas enfermas de un árbol sano; hay que cortarlas, pues, para que la savia vital nutra sólo frutos suaves y óptimos.”

Realmente bella, también, es la manera en que habla el Catecismo del designio eterno de predestinación:

CAT 600 Para Dios todos los momentos del tiempo están presentes en su actualidad. Por tanto establece su designio eterno de “predestinación” incluyendo en él la respuesta libre de cada hombre a su gracia: “Sí, verdaderamente, se han reunido en esta ciudad contra tu santo siervo Jesús, que tú has ungido, Herodes y Poncio Pilato con las naciones gentiles y los pueblos de Israel (cf. Sal 2, 1-2), de tal suerte que ellos han cumplido todo lo que, en tu poder y tu sabiduría, habías predestinado” (Hch 4, 27-28). Dios ha permitido los actos nacidos de su ceguera (cf. Mt 26, 54; Jn 18, 36; 19, 11) para realizar su designio de salvación (cf. Hch 3, 17-18).

CAT 604 Al entregar a su Hijo por nuestros pecados, Dios manifiesta que su designio sobre nosotros es un designio de amor benevolente que precede a todo mérito por nuestra parte: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4, 10; cf. Jn 4, 19). “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Rm 5, 8).

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1408150136-12-predestinacion-iii-doctrin#more24790

 

Un comentario

  1. Pues realmente afecta muchísimo no poder acercarse a adorar al Santísimo con tranquilidad y sin tantas limitaciones de horario y escasez de días , y el que muchas iglesias permanezcan cerradas cuando no hay Misa.
    Y estar preocupado de la confesión (en casi todos lados hay que pedir hora y no son partidarios de la confesión frecuente).
    Con lo difícil que es mantenerse en Gracia , es un dolor tener problemas para recuperarla.
    Siempre me pregunto cómo se las arreglan en lugares como China , donde la gente es perseguida e incluso el mismo confesor puede traicionarte.

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