EL DEBATE SOBRE LA HERMENÉUTICA: JUAN PABLO II Y LA INTERPRETACIÓN DE LA DECLARACIÓN DIGNITATIS HUMANAE SOBRE LA LIBERTAD RELIGIOSA .

libertad

Les copio directamente un artículo sobre qué es y que no es el derecho a la libertad religiosa en sentido católico (http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1811061202-311):

1.- La libertad religiosa, en sentido católico:

-no es un derecho de la causa segunda a poder autodeterminarse respecto de la Causa Primera.

-sino la relación de justicia que la criatura debe mantener libremente con su Creador.

2.- La concepción del derecho como facultad o poder del individuo procede del nominalismo, que relativiza el orden y absolutiza la potencia.

3.- Con Hobbes el derecho se considera ante todo poder individual “natural”. Hegel le confiere facultad de autodeterminación sin otra razón de ser que la propia facultad en sí misma.

4.- Con Kant el derecho es equilibrio regulador de poderes individuales, cuyo único límite consiste en no perjudicar a otros.

5.- Este “derecho individual” se entiende como fin en sí mismo, sin atracción al fin último. Como autoteleología.

6.- Pero el derecho en general, en acepción clásica, es la relación de justicia que existe entre los seres creados, y entre ellos y su Causa Primera, también entre ellos y su propia esencia. No un poder autárquico de la causa segunda, sino un orden que la criatura abstrae (ex-trae) de la naturaleza de las cosas mismas, inscrito en ellas por una razón superior ordenadora.

7.- Por eso el derecho a la libertad religiosa en realidad es un deber: el de guardar la debida relación de justicia con Dios, justificada por Dios mismo en su Hijo.

8.- Cuán diferente de la libertad religiosa en sentido nominalista, como pretensión de autosuficiencia, como si fuera el hombre causa primera de su religación con Dios.

9.- Mas siendo el derecho una relación de justicia, como se ha dicho, la libertad religiosa, para ser conforme a derecho, debe consistir en esa relación misma tal y como es querida y concedida por Dios, y no en otra introducida por el hombre.

10.- Esta concepción de la libertad religiosa como poder individual, latente en la hermenéutica personalista de los derechos humanos, no congenia con la visión tradicional. Antes bien simpatiza radicalmente con el lema ilustrado, tal y como lo expresa el Conde de Volney: el hombre, ser supremo para el hombre.

Y a continuación les copio un artículo aparecido en la revista Verbo a raíz de la hermenéutica en el tema de la libertad religiosa en concreto en el magisterio del papa Juan Pablo II. El artículo lo he dividido en varias partes que las iré publicando a lo largo de estos días, pero el enlace está al final para quien quiera leerlo entero:
El presente estudio es una síntesis condensada de un trabajo
más importante realizado a partir de setecientos cuarenta docu-
mentos del Papa Juan Pablo II concernientes a la libertad religio-
sa y que abarcan el conjunto de su pontificado. La cuestión del
grado de autoridad propia a cada uno de los documentos conside-
rados –encíclicas, cartas apostólicas, alocuciones de carácter uni-
versal, audiencias generales, etc.– no ha sido abordada pues lo que
nos interesa es conocer únicamente el sistema doctrinal en todas
sus fuentes. Esta perspectiva permite afirmar que Juan Pablo II ha legado
una hermenéutica completa de la Declaración conciliar “Digni –
tatis Humanae ” (en adelante DH). Sobre la base de lo que ya
había comenzado Pablo VI, él ha desarrollado lo que podríamos
llamar el magisterio posconciliar auténtico sobre la libertad reli-
giosa, un corpus doctrinal enorme, que permite zanjar, si no
todas, al menos una parte ponderable de las controversias que en
torno a la interpretación de DH se han producido en los últimos
cuarenta años. Esas controversias no han sido ocasionadas ni por
la buena voluntad de unos, ni por la mala voluntad de otros, sino
por el hecho de que el texto conciliar mismo contiene fórmulas
ambiguas que dejan la puerta abierta para lecturas diferentes e
incluso opuestas. Es útil notar que Juan Pablo II no se limita a citar o recordar
nominalmente los pasajes centrales de DH, explicando su conte-
nido o precisando su campo de aplicación, sino que además
emprende un verdadero desarrollo magisterial, ampliando el dere-
cho a la libertad religiosa a fundamentos, objetos y finalidades no
explícitamente formulados en el documento conciliar. ¿Juan P ablo II ha desenvuelto una doctrina personal sobre la libertad religiosa, sin vínculos ciertos con la doctrina de DH? ¿O ha querido explicitar lo que quedaba implícito, incluso escondido, en
el texto conciliar , conjugando la letra y la “ dinámica” de su “espíri-
tu”, haciendo resaltar mejor la correlación de DH y el conjunto del
Vaticano II cuyos documentos constituyen una totalidad?
Esta última hipótesis es la que retenemos, pues el caso contra-
rio llevaría a suponer que Juan Pablo II no habría estado en con-
tinuidad con la obra del Concilio, lo que además de absurdo
contravendría su más entrañable y manifiesta intención. Además ,
él mismo ha mostrado cuáles son los criterios que deben orientar
la “dinámica de las enseñanzas” (1) del Vaticano II, que no se limi-
tan a una mera apreciación literal de sus documentos –ya de sí
bastante delicada– ni a una doctrina estática. En la imposibilidad
de detenernos aquí en este punto, vamos a enumerar los criterios
utilizados por Juan Pablo II:
1) “ Este Concilio universal (es) como una piedra miliar, o un
acontecimiento del máximo peso, en la historia bimilenaria de la
Iglesia, y consiguientemente, en la historia religiosa del mundo y del
d e s a r rol lo humano” ( 2 )
2) “ El Concilio debe ser comprendido en su continuidad con la gran
tradición de la Iglesia; mas, al mismo tiempo, nosotros debemos recibir
de la doctrina del Concilio una luz para la Iglesia de hoy ” ( 3 ), de acuer –
do a“las exigencias establecidas por los “signos de los tiempos” (4 ) .
3) “ El Concilio, igual que no termina en sus documentos, tam –
poco se concluye en las aplicaciones que se han realizado en estos años”
(5). “ Una nueva época se abre ante nuestros ojos: es el tiempo de la
profun dización de las enseñanzas conciliar e s” ( 6 ) .
4) “ Es necesario, en primer lugar, hacer que los espíritus sintoni –
cen con el Concilio, para pode r llevar luego a la práctica cuanto él
d i j o , y pode r explicitar todo lo que en él se esconde, o –como suele
decirse– se encuentra implícito en él, teniendo en cuenta las experien –
cias realizadas y las exigencias de las nuevas c irc u n s t a n c i a s”( 7 ) .
5) “ Urge hacer madur a r, con el estilo propi o de lo que se mueve
y vive, las fecundas semillas que los padres del Concilio Ec u m é n i c o,
alimentados con la P a l a b ra de Dios, sembr a ron en tierra buena (cf.
Mt 13, 8. 23); es decir, los importantes documentos y las deliber a c i o-
nes pastor a l e s”( 8 ) .
6) “ El Concilio ha definido cuál es la misión de la Iglesia en la
etapa actual de la historia”. Debemos “ c o n c e n t rar todas las fuer z a s
p a r a lograr una interpretación justa, es decir, auténtica, del magiste –
rio conciliar, como el fundamento indispensable de la a uto-re a l i z a –
ción ulterior de la I g l e s i a”(9).

7) “La interpretación teológica de la doctrina conciliar debe
tomar en consideración todos los documentos en sí mismos y en sus
relaciones con los otros, lo que permite exponer en su sentido integral
las proposiciones del Concilio en su contexto. Hay que dar una aten –
ción especial a las cuatro Constituciones mayores, claves interpr e t a t i-
vas de los otros De c retos y De c l a r a c i o n e s ”( 1 0 ) .
8 ) “La Iglesia trazó los principios de su comportamiento en la
basilar declaración Dignitatis humanae, y para ésta es siempre nece –
sario apelar” ( 1 1 ).
Es a partir de estos criterios que se funda la lectura de DH por
Juan Pablo II, que se articula, a nuestro entender, sobre la base de
las tres tesis siguientes:
a)El derecho a la libertad religiosa tiene un objeto más
amplio que el que puede deducirse de una lectura tradicional de
DH (12): no es solo un derecho de contenido negativo sino sobre-
todo a f i rm a t i v o.
b ) El derecho a la libertad religiosa encuentra su fundamento
último en la dignidad de la persona humana como afirma DH,
p e ro se funda de maner a i n m e d i a t as o b re los va l o r es humanitarios
c o m p a r tidos por todas las religiones y todas las culturas: fraterni-
dad, solidaridad, paz civil y unión pan-ecuménica. Esos son los
va l o r es que vuelven hoy en día concretamente exigible el de re c h o
a la libertad re l i g i o s a .
c ) Hay que renuncia r, al menos en la práctica y pr o b a b l e m e n-
te también en la doctrina, a la concepción jurídica tradicional-
mente adoptada en la enseñanza política y social de la Iglesia, que
implica un vínculo necesario entre el sistema de derecho público
de los Estados y la ley natural, la cual, en el orden histórico, es
inseparable de la ley de Cr i s t o.
Fundamentaremos en esta oportunidad la primera tesis, va l e
d e c i r , el pasaje de una concepción negativa del derecho a la liber-
tad religiosa a una concepción afirmativa.
* * *
Juan Pablo II recuerda lo que constituye el contenido princi-
pal de DH: la Iglesia debe promover después del Concilio un
derecho natural estricto a la libertad religiosa, de carácter univer-
sal, fundado sobre la dignidad de la persona humana; derecho que
debe ser reconocido por las legislaciones positivas nacionales,
comunitarias e internacionales a todo individuo, grupo o comu-
nidad. El objeto elemental de esta libertad religiosa es de carácter
negativo: la inmunidad de coacción.
Es en nombre de la dignidad humana que debe respetarse la
conciencia. En ese contexto, la “libertad de conciencia” se define
como un “derecho fundamental de la persona para no ser forzada a
obrar contra la propia conciencia, ni para que se le impida compor –
tarse de acuerdo con ella” (13). La conciencia, sin embargo, no es
absolutamente autónoma (14), pues tiene la obligación moral de
adecuarse a la Ley de Dios. Ha de ser “ recta” y ve rdadera (15).

Pero aunque no lo sea –cual es el caso, por ejemplo, de una
conciencia errónea con ignorancia vencible– la persona no puede
ser jurídicamente objeto de ninguna coacción en materia religio-
sa, pues “toda persona humana tiene derecho a buscar la verdad reli –
giosa y de adherir se plenamente a ella con plena libertad, exenta de
«toda coacción por parte tanto de los individuos como de los grupos
sociales y de cualquier poder humano que sea, de suerte que, en esta
materia, a nadie se fuerce a actuar contra su conciencia o se le impi –
da actuar … de acuerdo con ella» (DH 2)” (16).
El contenido negativo de la libertad religiosa –la i n m u n i d a d
de toda coacción – es para Juan Pablo II un aspecto esencial de la
l i b e r tad de conciencia , que permite además establecer un puen-
te con la doctrina tradicional católica de la obligación moral de
todo hombre de buscar y abrazar la v e rdad religiosa, que se
encuentra en la Iglesia.  Si la libertad religiosa consagrada en
DH no es un derecho de contenido afirmativo mas solamente
n e g a t i v o, nadie podría acusar al Concilio de reconocer por esta
vía un derecho a “la libertad de perdición”, olvidando que la
Iglesia Católica es la Iglesia fundada por Nu e s t ro Señor para la
s a l vación de todos los hombres. DH estaría así en plena conso-
nan cia con el magisterio pontificio tradicional: “quienes creen en
el Dios verdadero, por respeto a la Verdad que profesan con toda su
fe, no pueden admitir la equivalencia de todos los credos re l i g i o s o s ,
y menos aún caer en la indiferencia religiosa; desean incluso, gene –
ralmente, que todos lleguen a la V e rdad que ellos conocen, y se com –
prometen a dar un testimonio que respete la libertad de adhesión,
pues corresponde a la dignidad del hombre abrirse a la fe religiosa
con un homenaje libre de la razón y del corazón, ayudado por la
g racia, según lo que le descubre y prescribe la con ciencia bien for –
m a d a ”( 1 7 ).
———————————————————————————————-

(*) Con mucho gusto publicamos a continuación el original castell ano del art í c u-
lo estampado en francés en el n.º 103, correspondiente a la primavera de 2009, de la
revista parisina Ca t h o l i c a, que dirige nuestro amigo y colaborador Be r n a rd Du m o n t ,c u yo autor aut or es nuestro también querido amigo y colaborador Jul io Alve a r, pro f e s o r de la U n i versidad del D e s a r rollo de santiago de Chile y colaborador del D e p a r t a m e n t ode Filosofía del D e recho de la Un i versidad Complutense de Madrid (N. de la R.).

(1) Juan P ablo II emplea el término en su Discurso de clausura del Congreso int\
er -nacional sobre la aplicación del Concilio Vaticano II, Sono molto lieto (27 de febrero de2000, N.º 5). (Los textos se citan de acuer do a la versión castellana de la Librería
Editrice Vaticana, del servicio de información del Vaticano. De no ser así, han sido tra-
ducidos de su versión italiana, francesa o inglesa).
(2) Cfr . Primer mensaje de S.S. J uan Pablo II “U rbi et Orbi ”, Unum solummodo
v erbum, a la Iglesia y al mundo, del 17 de octubr e de 1978.
(3) Cfr . Sínodo de Roma, r elación final Exeunte coetu secundo ,C, 7 de diciembre
de 1985, N.º 5, in EV 09, N.º 1785, b, orig. latin y trad. italiano . Traducción nuestra.
E n el mismo sentido, Carta apostólica “Ecclesia Dei ” en forma de “motu proprio”, 2 de
julio de 1988, N.º 5, b.

(4) Cfr . Discurso Dieu soit loué a los obispos de Francia, París, 1 de junio de 1980,
N.º 2.

(5) Cfr . Primer mensaje de S.S. J uan Pablo II “U rbi et Orbi ”, Unum solummodo
verbum, a la Iglesia y al mundo, del 17 de octubre de 1978.
(6) Cfr . Discurso Sono molto lieto para la clausura del Congr eso internacional
sobre la aplicación del Concilio Vaticano II, 27 de febrero de 2000, N.º 9.
(7) Cfr . Primer mensaje de S.S. J uan Pablo II “U rbi et Orbi ”, Unum solummodo
verbum, a la Iglesia y al mundo, del 17 de octubre de 1978.
(8) Ibidem.
(9) Cfr . Discurso Dieu soit loué a los obispos de Francia, París, 1 de junio de 1980,
N.º 2.

(10) Sínodo de obispos, reporte final Exeunte coetu secundo,C, 7 de diciembre de
1985, N.º 5, in EV 09, N.º 1785, b , orig. latin y trad. italiano. Traducción nuestra.
(11) Cfr . Discurso Ci ritroviamo al Sagrado Colegio, 22 de diciembre de 1980,
N.º 8.

(12) En su Discurso Dieu soit louéa los obispos de Francia, París, 1 de junio de
1980, N.º 2, Juan Pablo II llama a abandonar el tradicionalismo, que califica de “inte-
g r i s t a ”. Describe a los “integristas” como aquellos que “ se durcissent en s’ e n f e rmant dansune période donnée de l’Église, à un stade donné de formulation théologique ou d ’ e x p r e s s i o n liturgique dont ils font un absolu, sans pénétrer suffisamment le sens profond, sans consid ére r la totalité de l ’ h i s t o i re et son développement légitime, en craignant les questions nou ve l l e s” .

(13) Cfr . Alocución Nel darvi cor dialmentea los miembros de la Asociación de
médicos católicos italianos, 28 de diciembre de 1978.
(14) Cfr . Encíclica Fides et r atiosobre las r elaciones entre F e y Razón, 14 de sep-
tiembre de 1994, N.º 98.

(15) Sobr e la conciencia recta y ver dadera, cfr. encíclica Veritatis splendor sobre
algunas cuestiones fundamentales de la Enseñanza M oral de la Iglesia, 6 de agosto de
1993, N.os54-57, 59, 61-64 (ésta última con cita de DH 14) y M ensaje I molti popoli
para la XXIV J ornada mundial de la paz del 1 de enero de 1991, 8 de diciembre de
1990, 1-3. Sobre la conciencia moral y su obligación de adecuarse a la Ley E terna, vid.
Alocución Le parole dell´A postolo,Audiencia general, 17 de agosto de 1983, con cita de
DH 3 (N.º 2) y DH 14 (N.º 3) y de Gaudium et spes 16 (N.
os 1 y 3). Sobre el juicio erróneo de la conciencia, Catecismo de la Iglesia Católica, N.os1790-1794.

(16) Exhortación Apostólica Catechesi Tradendae , 16 de octubre de 1979, N.º 14.
El Catecismo de la Iglesia Católica define bastante elocuentemente todo este aspecto de
la libertad religiosa en los n.os2104 a 2106 y 2108 a 2109. También lo hace, con algo
más de libertad, el discurso Questo incontro sobre la libertad religiosa en el V Congreso
internacional de estudios jurídicos, 10 de mar zo de 1984, N.º 5 y 6, y la Encíclica Veri-
tatis splendor , N.º 31, que aplica DH 1.
(17) Discurso a los miembros del Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa S e d e ,
12 de enero de 1985, N.º 3 (En adelante las siglas DCD para este tipo de discurso).

https://fundacionspeiro.org/revista-verbo/2009/477-478/documento-729

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