El personalismo filosófico y el personalismo teológico (la Nueva Teología)

2011-02-13_IMG_2011-02-06_02_07_23__5945876.jpg

Es curioso cómo ha degenerado hoy el pensamiento filosófico y teológico. La ambigüedad es el pan nuestro de cada día. Como muy bien dice Alonso Gracián en su blog de infocatólica:

“Conceptos vagos, difusos y ambiguos como los de dignidad humana, laicidad, libertad religiosa, norma general, ecumenismo, autonomía de lo temporal, etc., deben ser urgentemente reformados, clarificados, corregidos y precisados conforme al numen tradicional.

Ha llegado la hora de la claridad. Ha llegado la hora en que la Iglesia de Cristo, columna y fundamento de la verdad (1 Tim 3, 15), haga examen de conciencia y depure su función docente, se libre de filosofías extrañas, purgue su pensamiento de la ambigua, vaga y difusa Modernidad, y recupere el clásico sentir y su palabra perfecta. 

Ha llegado la hora de mirar frente a frente el legado que dejaremos a las próximas generaciones, y corregirlo y perfeccionarlo, reformando  y distinguiendo, corrigiendo y penalizando, exaltando y clarificando, precisando y borrando y reescribiendo todo cuanto sea preciso, dando luz a las tinieblas donde las haya. No tengamos miedo, que la Iglesia es la Iglesia y Cristo su Cabeza. Que nada oscurezca la traditio.”

En 1958 en el Ateneo de Madrid el Padre Santiago Ramírez hablaba ya de esta nueva teología:

 

SANTIAGO RAMIREZ, O. P.CATEDRÁTICO DE SAGRADA TEOLOGÍA EN FRIBURGO Y EN SAN ESTEBAN DE SALAMANCA.

 

Es propio de los errores o desviaciones doctrinales de los tiempos modernos en materia religiosa el ser fundamentales y de una cierta universalidad. En otras épocas el error se circunscribía a uno u otro dogma, por ejemplo, sobre la divinidad de Jesucristo, sobre la existencia del pecado original, sobre la presencia real de Cristo en el Sacramento del Altar, o sobre la admisión de los santos a la visión clara de Dios antes del fin del mundo y del juicio universal.

Pero en nuestros tiempos el error suele ser mucho más profundo y polifacético.

El hermésianismo y günthenanismo del siglo pasado atacaban las bases fundamentales de la fe católica y de todo el dogma, al falsear radicalmente la noción de aquélla y al reducir toda la revelación cristiana a un cuerpo de doctrina  sustancialmente natural y filosófica. Todo quedaba esencialmente transformado y a merced de los vaivenes de la humana filosofía : desde la noción de Dios y de la Santísima Trinidad hasta la noción del hombre, pasando por la Encarnación, la Redención, la justificación, los Sacramentos, la vida eterna y las demás verdades del cristianismo.

Lo mismo pasó con la crisis modernista de principios de nuestro siglo, que S. Pío X calificó de compendio de todos los herejes: Omn’mm haere-seon collectum (Encíclica Pascendi, Denz, número 2.105). Invadió toda la religión cristiana, sometiéndola a una transformación radical, según las leyes de la evolución vital, que consiste en puro cambio.

Fuera todo intelectualismo, porque el intelecto es radicalmente incapaz de percibir la realidad como es en sí. En su lugar hay que poner el agnosticismo total. La única vía de acceso a la verdad es la vida y el sentido de la misma en su fluir continuo, pero sin salirse nunca de ella, por ser esencialmente inmanente. La revelación, la fe, los dogmas todos no son más que vivencias más o menos conscientes y transfiguradas de nuestra experiencia religiosa. Las fórmulas llamadas dogmáticas carecen de todo valor y de toda verdad absoluta : son meros símbolos o imágenes de los objetos de nuestra fe, creados por nuestro sentido religioso y completamente relativos a él, a manera de intérpretes y de vehículos suyos. Son esencialmente provisionales y de un valor puramente relativo.

No existe ni puede existir una verdad absoluta. Todo es puro cambio, como la vida misma. Por eso cambia eso que llamamos verdad, a tenor de la vida. La religión cristiana con todos sus dogmas y creencias no puede vivir más que en nuestra vida y conforme a ella, es decir, en pura inmanencia, mero cambio y continua evolución transformante.

Concebirla de otra manera y empeñarse en abstraerla de esa condición consubstancial, inmovilizándola, como hace la Iglesia Católica, es una realidad llevarla al fracaso y a la muerte. O sea, adapta y acomoda al ritmo de la vida, o deja de vivir, de ser actual, de ser verdadera.

Por eso los modernistas abogaban por una Teología “Nueva, conforme a estos postulados de la Nueva Filosofía, que reinaba por aquellas calendas, y que algunos de ellos llevaban enhiesta como bandera de enganche y de combate con esc mismo título: Philosofbie Nouvelle,

Pío X en persona subrayó ese parentesco y anticipó el nombre de Teología Nueva: “ípsi vero, veten ad hunc finem theologia sublata, novam invéhete contendunt, quae philosophorum delirationibus obsecundet” (Encícl. Pascendi, Denz, núm. 2.086).

Nota del blog: La profunda crisis en la que se encuentra la Iglesia no se solucionará si no hay un cambio profundo de pensamiento y de conceptos. El liberalismo de tercer grado alentado por los papas postconciliares es una de las consecuencias de esta nueva teología y de este personalismo filosófico. Las víctimas de este liberalismo , no se consideran enfermas. Ellas sólo han sido fieles a los vaivenes del pensamiento personalista en el que se sumergió la Iglesia tanto con  Juan Pablo II como Benedicto XVI.

 

 

Recomendable seguir en el blog

http://iotaunum.com/

los comentarios a las entradas de la Nueva teología.

 

 

http://www.traditio-op.org/biblioteca/Ramirez/Teologia_Nueva_y_Teologia,_Fray_Santiago_Ramirez_OP.pdf

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s