ADVENIAT REGNUM TUUM…

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Muchos por ignorancia o por falta de visión sobrenatural le niegan a la Iglesia y a Cristo el poder sobre las cosas temporales, ellos se agarran a expresiones de los evangelios como:

“¿piensas que no puedo acudir a mi Padre y al instante pondría a mi disposición más de doce legiones de ángeles?, porque «mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores lucharían para que no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí» (Jn 18,36).

Estos enemigos de Cristo, quizás sin saberlo, interpretan las sagradas escrituras según su propio criterio sin atribuirle el verdadero significado que no puede entrar en contradicción con lo proclamado por Pio IX en Quas primas respecto a la realeza de Cristo en el campo temporal .

Estos enemigos de Cristo, quizás sin saberlo, omiten de las escrituras cuando Cristo dice que Él es Rey y que ha venido al mundo para dar testimonio de la Verdad. ¿Acaso un mundo en el que impera la mentira, el caos y la idolatría, como era el mundo de Pilatos puede ser el reino de Cristo? No, el Reino de Cristo es el reino de la Verdad y del orden. Para eso ha venido al mundo, para dar testimonio de la Verdad y solo el que es de la Verdad, escucha su voz.

Seguimos con la encíclica Quas primas:

b) En lo temporal

15. Por otra parte, erraría gravemente el que negase a Cristo-Hombre el poder sobre todas las cosas humanas y temporales, puesto que el Padre le confirió un derecho absolutísimo sobre las cosas creadas, de tal suerte que todas están sometidas a su arbitrio. Sin embargo de ello, mientras vivió sobre la tierra se abstuvo enteramente de ejercitar este poder, y así como entonces despreció la posesión y el cuidado de las cosas humanas, así también permitió, y sigue permitiendo, que los poseedores de ellas las utilicen.

Acerca de lo cual dice bien aquella frase: No quita los reinos mortales el que da los celestiales[27]. Por tanto, a todos los hombres se extiende el dominio de nuestro Redentor, como lo afirman estas palabras de nuestro predecesor, de feliz memoria, León XIII, las cuales hacemos con gusto nuestras: El imperio de Cristo se extiende no sólo sobre los pueblos católicos y sobre aquellos que habiendo recibido el bautismo pertenecen de derecho a la Iglesia, aunque el error los tenga extraviados o el cisma los separe de la caridad, sino que comprende también a cuantos no participan de la fe cristiana, de suerte que bajo la potestad de Jesús se halla todo el género humano[28].

 

O cómo dice en unos párrafos más adelante:

¡Oh, qué felicidad podríamos gozar si los individuos, las familias y las sociedades se dejaran gobernar por Cristo! Entonces verdaderamente —diremos con las mismas palabras de nuestro predecesor León XIII dirigió hace veinticinco años a todos los obispos del orbe católico—, entonces se podrán curar tantas heridas, todo derecho recobrará su vigor antiguo, volverán los bienes de la paz, caerán de las manos las espadas y las armas, cuando todos acepten de buena voluntad el imperio de Cristo, cuando le obedezcan, cuando toda lengua proclame que Nuestro Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre[33].

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