La Iglesia hoy, niños de guardería.

cruz

Leer documentos magisteriales de papas como San Pio X, León XIII, Pio XI entre otros muchos te lleva a descubrir el contraste entre estos documentos y los posteriores al CVII.

El lenguaje utilizado en los modernos documentos, con palabras adaptadas al lenguaje de la época consigue el efecto contrario al buscado. En primer lugar desfigurar el sentido de la misma palabra y en segundo lugar al intentar dialogar , tener que sentar primero las bases de dichos significados como si de una torre de babel se tratase. Es la maldición por haber querido adaptar el lenguaje de la Iglesia sociedad perfecta fundada por Cristo, al lenguaje de la impiedad contaminado de connotaciones confusas y ambiguas ideadas por el mismo príncipe de la mentira. Así nos va desde luego.

Cuando miro a mi alrededor, aparte de la apostasía generalizada, veo católicos que sin haber terminado de asimilar que forman parte de una milicia se obstinan una y otra vez en firmar la paz con el mundo, se obstinan en reinterpretar una y otra vez la doctrina de la Iglesia y en ocultar y oscurecer aquellas verdades que pueden poner en peligro esa paz artificiosa que no tiene otro origen que la falsa caridad.

Siempre en la Iglesia habrá fieles que no saben comprender su verdadero papel, ni conociendo los signos de los tiempos saben interpretar que a su alrededor se libra una batalla entre las fuerzas del bien y del mal. Son católicos aniñados, que viviendo en el mundo limitan su influencia  a adecuadas normas de educación o a ir a misa los domingos.

En contraste con ese lenguaje y ese catolicismo rescatamos del Dezinger unos puntos ilustrativos para alertar a aquellos que todavía no están dormidos y que quieran apuntarse a la batalla.

Solo quien no conoce estas y otras premisas anunciadas por la Iglesia se dejan camelar y engañar por el nuevo lenguaje utilizado por tantos sacerdotes y fieles, para los que como una capa de ignorancia ha cubierto estas verdades necesarias para la salvacion personal, para la misión evangelizadora de la Iglesia y para conocer el fin último del hombre que no es otro sino la glorificación de Dios.

Digo siempre que estos niños de guardería no reconocerán al anticristo, no reconocerán el gran engaño de iniquidad que se presentará como la solución a todos los males del mundo, ignorando que la única solución está en Cristo. Se han acostumbrado tanto a dialogar con el mundo que creen que hasta podrán dialogar con el anticristo.

Les dejo con tres puntos de Dezinger para llenarnos de fe, esperanza y caridad.

 

242 Dz 133 Cap. 4. Que nadie, si no es por Cristo, usa bien de su libre albedrío, el mismo maestro lo pregona en la carta dada al Concilio de Milevi [del año 416], cuando dice (4): «Advierte, por fin, oh extraviada doctrina de mentes perversísimas, que de tal modo engañó al primer hombre su misma libertad, que al usar con demasiada flojedad de sus frenos, por presuntuoso cayó en la prevaricación. Y no hubiera podido arrancarse de ella, si por la providencia de la regeneración el advenimiento de Cristo Señor no le hubiera devuelto el estado de la prístina libertad.»

244 Dz 135 Cap. 6. Dios obra de tal modo sobre el libre albedrío en los corazones de los hombres que, el santo pensamiento, el buen consejo y todo movimiento de buena voluntad procede de Dios, pues por El podemos algún bien, sin el cual no podemos nada (cf. Jn 15,5). Para esta profesión nos instruye, en efecto, el mismo doctor Zósimo quien, escribiendo a los obispos de todo el orbe acerca de la ayuda de la divina gracia (1): «¿Qué tiempo, pues, dice, interviene en que no necesitemos de su auxilio? Consiguientemente, en todos nuestros actos, causas, pensamientos y movimientos, hay que orar a nuestro ayudador y protector. Soberbia es, en efecto, que presuma algo de sí la humana naturaleza, cuando clama el Apóstol: No es nuestra lucha contra la carne y la sangre, sino contra los príncipes y, potestades de este aire, contra los espíritus de la maldad en los cielos (Ep 6,12). Y como dice él mismo otra vez: ¡Hombre infeliz de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? La gracia de Dios por Jesucristo nuestro Señor (Rm 7,24 s). Y otra vez: Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no fué vacía en mí, sino que trabajé más que todos ellos: no yo, sino la gracia de Dios conmigo (1Co 15,10).

248 Dz 141 En conclusión, por estas reglas de la Iglesia, y por los documentos tomados de la divina autoridad, de tal modo con la ayuda del Señor hemos sido confirmados, que confesamos a Dios por autor de todos los buenos efectos y obras y de todos los esfuerzos y virtudes por los que desde el inicio de la fe se tiende a Dios, y no dudamos que todos los merecimientos del hombre son prevenidos por la gracia de Aquel, por quien sucede que empecemos tanto a querer como a hacer algún bien (cf. Ph 2,13). Ahora bien, por este auxilio y don de Dios, no se quita el libre albedrío, sino que se libera, a fin de que de tenebroso se convierta en lúcido, de torcido en recto, de enfermo en sano, de imprudente en próvido. Porque es tanta la bondad de Dios para con todos los hombres, que quiere que sean méritos nuestros lo que son dones suyos, y por lo mismo que El nos ha dado, nos añadirá recompensas eternas (1). Obra, efectivamente, en nosotros que lo que El quiere, nosotros lo queramos y hagamos, y no consiente que esté ocioso en nosotros lo que nos dio para ser ejercitado, no para ser descuidado, de suerte que seamos también nosotros cooperadores de la gracia de Dios. Y si viéramos que por nuestra flojedad algo languidece en nosotros, acudamos solícitamente al que sana todas nuestras languideces y redime de la ruina nuestra vida (Ps 102,3 s) y a quien diariamente decimos: No nos lleves a la tentación, mas líbranos del mal (Mt 6,13).

Un comentario

  1. Pues , si ha logrado que los católicos “adultos” se confundan , le bajen el perfil a la situación y le subestimen …

    Pero, en fin, no habrá excusas para el Rey, y van quedando muy pocos que venden aceite para la lámpara.

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