Discípulo de Cristo o discípulo de Maritain(III)

rey hechizado

La tragedia del humanismo católico

Conforme uno va leyendo el libro de Leopoldo El mito de la nueva cristiandad, encuentra explicación a tanta forma incoherente de pensar. Darse cuenta hasta qué punto el “hechizo” de Maritain ha subyugado a tanto católico es realmente escalofriante.

Especialmente revelador es el capítulo en el que habla de la tragedia del Humanismo cristiano, sobre todo en una época en la que Universidades católicas enarbolan la bandera de este humanismo detrás de un absoluto complejo para defender su identidad católica y en un momento en el que en España podemos dejar de hablar de enseñanza católica, porque aunque muchos colegios aún conservan un ligero barniz, todas sus actividades, toda su dirección va encaminada a la más absoluta pluralidad, que sin darse cuenta anula su identidad católica.

Explica Leopoldo: La pretensiones de los humanistas católicos consisten en buscar un plano común de convivencia en el respeto a la personalidad humana y a su libertad. Esto (parece ser) no es posible colocando como norma ideal la teología y el Estado confesional, porque una y otra exigen la fe y el ingreso en la Iglesia. El humanismo cristiano reconoce que la herejía y la infidelidad son un mal, pero un mal que es menester tener en cuenta cuando se convive con herejes e incrédulos. Entre la teología y el estado confesional por un lado y el humanismo absoluto por otro, hay una zona media que es el humanismo católico. Y llevados por su ilusión piensan que hasta los heterodoxos se interesarán por el catolicismo cuando le vean desligarse del dogmatismo de la teología y la intolerancia del Sacro Imperio y se les diga que también ellos pueden ver desde abajo , sin necesidad de la fe, las cosas que ve el teólogo desde arriba. O cuando se les convenza de que todos pueden colaborar en un Estado laico que realiza desde abajo las cosas que antes intentaba realizar el Estado confesional desde arriba.

En suma, lo que hay que dar es un cristianismo humanizado, no el cristianismo como credo religioso y camino hacia la vida eterna, sino como fermento de la vida social y política de los pueblos y portador de la esperanza temporal de los hombres, según dice Jacobo Maritain en Cristianismo Y Democracia (III), este cristianismo inofensivo no hace mal a nadie. Está lejos del imperialismo teológico y lejos de conformismo confesional.

El intento de Maritain está claro. Desvanecidos los defectos de la Edad Media y la Edad Moderna, borradas las limitaciones antropocéntricas de la ética natural y del Estado puramente laico y las limitaciones ingenuas y carentes de humanismo que sufre la teología moral y el Sacro Imperio sólo quedan ventajas, prendas, gracias, perfecciones. Su sabia combinación produce la maravillosa mixtura que llama filosofía profana cristiana y Estado laico cristiano.

En estas mixturas se ha intentado una cosa y ha resultado otra. El autor intenta elevar la filosofía profana dentro de un orden para que cobre eficacia práctica y nos ayude a vivir; intenta además hacer del Estado laico un verdadero baluarte de la libertad, igualdad y fraternidad verdaderamente cristinas. Divinizar la sabiduría racional profana haciéndola cristiana; divinizar el Estado laico haciéndolo cristiano. Y en este intento verdaderamente humanista no podía consentir que la sabiduría profana se hiciese cristiana dejando de ser profana, esto es, convirtiéndose en un instrumento de un saber superior, o que el Estado laico se hiciera católico dejando de ser laico, esto es , convirtiéndose en Estado confesional.

Elevar la filosofía sí, pero sin que pase a sierva de la teología, elevar el Estado sí: pero sin que llegue a confesional. Más  ¿que sucederá entonces? Al incidir sobre una filosofía y un Estado que no se dejan instrumentalizar, pero a los que tiene que impregnar de savia cristiana, la doctrina revelada y la Iglesia se encuentran en una situación imposible. Tienen que dar el nombre de cristiana a una sabiduría racional y a una ciudad temporal que en ningún caso deben ser los instrumentos de Cristo, y en la que pueden participar los católicos, los herejes y los infieles.

La sabiduría racional se debería volver cristiana sin querer entregarse del todo a la revelación; la ciudad temporal se tendría que hacer católica sin servirle a la Iglesia para nada, como si fueran doncellas pudorosas que se casan sin entregarse. ¡ Oh , el pudor humanista, que trata de salvar al hombre contra los derechos de Dios!

Pero estas doncellas ¿se casan siquiera? En realidad una elevación del saber o de la política que no la convierta en instrumento del bien divino, es todo menos elevación, y queda convertida en mera denominación extrínseca. ¿Con qué títulos blasonará de cristiana la nueva cristiandad? Con los de una filosofía profana que se agarra desesperadamente a su profanidad sin querer hacerse instrumento de un saber superior; con los de una política que se aferra a su laicismo sin consentir ser a las veces instrumento de una potestad más alta ¿Cómo serán cristianas estas criaturas que se aman tanto y de tal manera que rehuyen su servicio a la causa de Cristo? Lo serán por mero nombre, por mera denominación extrínseca, que es como llamamos cristiano al humanismo que las alienta. Y entonces, en vez de topar con una filosofía cristiana damos con un cristianismo filosófico, y en vez de una civilización cristiana sólo nos queda en la mano la leve sombra de un cristianismo civil.

En El mágico prodigioso, de Calderón, el diablo ofreció a Cipriano la posesión de Justina. Pero así son las cosas del demonio: el tenaz amante sólo pudo abrazar una figura fantástica de la mujer que amaba, y al ir a descubrirla se encontró un esqueleto.

Es trágica la posición del humanismo cristiano. En vez de entregar a Cristo su razón y su tiempo, teniéndose por contento de ser instrumento de la Deidad, en vez de considerar que la teología es la única expresión de la sabiduría racional cristiana, y el Estado confesional la única expresión de la ciudad temporal cristiana, el humanismo cristiano regatea sus favores a Cristo, coquetea, está siempre disponible, pero nunca acaba por entregarse del todo. Y el que se entrega a medias es el que peor lo pasa, dice una frase ascética, porque no tiene ni los consuelos de Dios, ni los del mundo. Tal es la situación de una doctrina que quita  a las actividades humanas superiores la dignidad de ser instrumento de lo sagrado y pretende en su locura merecer así el nombre de cristiana, y hasta adornarse con los resplandores de Santo Tomás de Aquino.

Nota del blog:

Hoy son multitud los católicos “ilustrados”, hijos de las ideas de la revolución francesa y del racionalismo que defienden la laicidad del estado, que consideran el estado confesional un insulto a su mentalidad laical.

Hoy son multitud los católicos que esconden su entrega en las sacristías y capillas, para luego salir a la calle y presumir de su humanismo cristiano, humanismo o cristiano según convenga.

No en vano en ciertos círculos católicos se quiere canonizar a Maritain y a su mujer, para así legitimar estas ideas que han vuelto la sal sosa y no sirve más que para que la pisoteen.

Leyendo esto te explicas cómo los defensores a ultranza de este humanismo católico, son incapaces de entender el reinado social de Cristo y escribirán tesis y predicarán homilías en las que de forma nebulosa le nieguen el oro, porque no lo olvidemos que este humanismo le regatea a Cristo su reinado social.

Solo desde esta perspectiva maritaineana se explica este complejo de tantos católicos a defender su catolicidad y  su confesionalidad. Es el pudor maritaineano que les impide mostrase como son.  Nada que nuble su “conseguida” laicidad.

Solo desde esta perspectiva se entiende cómo el liberalismo católico es ampliamente aceptado y no censurado, ni corregido en ciertos ambientes.

No en vano en muchas facultades de teología se explica esta nefasta filosofía, que si no se corrige a tiempo acabará con la poca fe que queda.

Solo desde esta perspectiva entiendes la animadversión de muchos sacerdotes a llamar cruzada a la guerra que libró España del comunismo y defendió los derechos de Dios y de su Iglesia y sólo desde esta perspectiva entiendes que sean incapaces de reconocerle a Franco los méritos que tuvo.

Solo desde esta perspectiva maritaineana puede uno explicar esa aceptación únicamente de los documentos posteriores al concilio y la más absoluta ignorancia en documentos preconciliares. El neoconismo es de absoluta influencia maritaineana.

Solo desde esta perspectiva puede entenderse la resistencia a los Syllabus antiliberales.

Solo desde esta perspectiva se entiende el erróneo concepto de libertad religiosa y Estado laico explicado en muchas cátedras universitarias.

Sólo desde esta perspectiva puede entenderse la animadversión hacia la lucha y a recurrir al diálogo a toda costa

Es necesario librarse del hechizo maritaineano en ciertos ambientes católicos. Igual que Zeoden en el Señor de los anillos. Mucho podrá conseguirse con la clasicidad y sin experimentos extranjeros. Solo la gracia de Dios  manifestada en lo privado y en lo social y confesada sin complejos podrá ayudar al hombre peregrino en este valle de lágrimas.

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