La primacía de la gracia

mediadora

El liberalismo católico ha acampado para quedarse. Es una plaga que desnaturaliza el cristianismo. Lo convierte en una religión a la carta . El liberal católico se permite reinterpretar  doctrinas que forman parte del depósito de la fe. Iremos desgranando en qué consiste el liberalismo de la mano del Padre Felix Sardá, pero a la vez iremos reafirmando doctrinas que por la influencia de determinados filósofos y teólogos han oscurecido la Verdad, han empañado los grandes misterios de la fe, dificultando la vida de piedad. En las siguientes entradas iremos hablando de la gracia, importante en estos días en los que el voluntarismo parece una epidemia. No en vano han proliferado las terapias naturalistas y las prácticas de coaching. Les dejo con Alonso Gracián:

I. Parece que Dios espera a que le abramos la puerta, y se disponga por sí sola nuestra voluntad a recibirle.

Por el contrario, el Señor, cuando quiere, no sólo no espera, sino que prepara nuestra voluntad y la cambia de mala en buena, y le da la fuerza para oírle llamar y le queramos abrir y de hecho le abramos libremente.

“Si alguno porfía que Dios espera nuestra voluntad para limpiarnos del pecado, y no confiesa que aun el querer ser limpios se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo, resiste al mismo Espíritu Santo que por Salomón dice: Es preparada la voluntad por el Señor [Prov. 8, 35: LXX], y al Apóstol que saludablemente predica: Dios es el que obra en nosotros el querer y el obrar, según su beneplácito [Phil. 2, 13].” (Denz 177)

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II. Parece que la ayuda de Dios no ha de ser implorada siempre, porque supuestamente hay acciones saludables que podemos realizar por nosotros mismos, con nuestras solas fuerzas ya sanadas.

Por el contrario, sin Él nada podemos hacer (Jn 15, 5). Absolutamente ninguna obra salvífica podemos realizar sin el auxilio de la gracia.

“La ayuda de Dios ha de ser implorada siempre, aun por los renacidos y sanados, para que puedan llegar a buen fin o perseverar en la buena obra.” (Denz 183)

«Que el hombre no puede nada bueno sin Dios. Muchos bienes hace Dios en el hombre, que no hace el hombre; ningún bien, empero, hace el hombre que no otorgue Dios que lo haga el hombre» (Denz 193)

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III. Parece que la gracia puede ser buscada y hallada por iniciativa del ser humano, y que por ello es el ser humano quien primero busca y halla y luego viene la gracia.

Por el contrario, es la gracia misma la que mueve al ser humano a buscarla libremente y hallarla.

“Si alguno dice que la gracia de Dios puede conferirse por invocación humana, y no que la misma gracia hace que sea invocado por nosotros, contradice al profeta Isaías o al Apóstol, que dice lo mismo: He sido encontrado por los que no me buscaban; manifiestamente aparecí a quienes por mí no preguntaban [Rom. 10, 20; cf. Is. 65, l].” (Denz 176)

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IV. Parece que somos nosotros los que comenzamos la obra buena, y luego la gracia nos ayuda y Dios nos confirma en nuestra iniciativa personal.

Por el contrario,  no somos nosotros los que comenzamos nuestra obra buena, sino el Señor, que sin preceder mérito nuestro, da comienzo en nosotros y con nosotros nuestra acción completamente libre y nuestra y saludable, en la que cooperamos con su gracia plenamente.

“También profesamos y creemos saludablemente que en toda obra buena, no empezamos nosotros y luego somos ayudados por la misericordia de Dios, sino que es Dios el que, sin que preceda merecimiento bueno alguno de nuestra parte, da comienzo a la obra,  inspirándonos la fe y el amor de Sí mismo” (Denz 200)

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V. Parece que la eficacia de la gracia merma y disminuye la libertad humana.

Por el contrario, la eficacia de la gracia robustece y perfecciona la voluntad en orden al acto, y asegura su plena libertad, sanando y restaurando la libertad humana.

A esta regla de nuestras acciones, a este freno del pecado, la bondad divina ha añadido ciertos auxilios especiales, aptísimos para dirigir y confirmar la voluntad del hombre. El principal y más eficaz auxilio de todos estos socorros es la gracia divina, la cual, iluminando el entendimiento y robusteciendo e impulsando la voluntad hacia el bien moral, facilita y asegura al mismo tiempo, con saludable constancia, el ejercicio de nuestra libertad natural. Es totalmente errónea la afirmación de que las mociones de la voluntad, a causa de esta intervención divina, son menos libres” (León XIII, Libertas, 6). 

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1407070946-1-de-varios-aspectos-de-la-pr

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