El liberalismo es pecado(III)

liberalismo

 

La doctrina de la gracia y de la libertad es fundamental para practicar un catolicismo auténtico.

No en vano muchos de los problemas que afectan hoy al catolicismo vienen de este aspecto tan fundamental para la doctrina y para la vida de auténtica piedad (ya comentaremos en otra ocasión el pietismo de los liberales católicos). Todos los santos que nos precedieron entendieron perfectamente y asimilaron estos dos conceptos y es el equilibrio entre gracia y libertad bien entendida lo que lleva a un católico a llamarse así. Desde esta perspectiva se entiende a Dios con fuente de todo bien, se entiende la redención y muerte en la cruz que busca aplacar la ira del Padre y redimirnos de nuestros pecados.

Entendiendo la importancia de la gracia y de la libertad católica entiendes cómo los ataques a la Iglesia fundada por Cristo hayan venido muchos de ellos por ese lado. Es el origen de la ruptura y de la herejía protestante, es el canto de sirena de la modernidad que te llama a olvidar el bien Supremo y a autodeterminarte en tu libertad . Por supuesto los abanderados de la autodeterminación preludio del liberalismo católico no lo llamarán así, ni siquiera ellos mismos se reconocerán como liberales.

Seguimos con el libro del liberalismo:

I.- ¿QUÉ ES EL LIBERALISMO?

Al estudiar un objeto cualquiera, después de la pregunta: an sit? hacían los antiguos escolásticos la siguiente: quid sit? y ésta es la que nos va a ocupar en el presente capítulo.

¿Qué es el Liberalismo? En el orden de las ideas es un conjunto de ideas falsas; en el orden de los hechos es un conjunto de hechos criminales, consecuencia práctica de

aquellas ideas. En el orden de las ideas el Liberalismo es el conjunto de lo

que se llaman principios liberales, con las consecuencias lógicas que de ellos se derivan.

Principios liberales son: la absoluta soberanía del individuo con entera independencia

de Dios y de su autoridad; soberanía de la sociedad con absoluta independencia de lo que no nazca de ella misma; soberanía nacional, es decir, el derecho del pueblo para

legislar y gobernar con absoluta independencia de todo criterio que no sea el de su propia voluntad, expresada por el sufragio primero y por la mayoría parlamentaria

después; libertad de pensamiento sin limitación alguna en política, en moral o en Religión; libertad de imprenta, asimismo absoluta o insuficientemente limitada; libertad de asociación con iguales anchuras. Estos son los llamados principios liberales en su más crudo radicalismo. El fondo común de ellos es el racionalismo individual, el

racionalismo político y el racionalismo social. Derívanse de ellos la libertad de cultos más o menos restringida; la supremacía del Estado en sus relaciones con la Iglesia; la

enseñanza laica o independiente sin ningún lazo con la Religión; el matrimonio legalizado y sancionado por la intervención única del Estado: su última palabra, la que todo lo abarca y sintetiza, es la palabra secularización, es decir, la no intervención de la Religión en acto alguno de la vida pública, verdadero ateísmo social, que es la última consecuencia del Liberalismo. En el orden de los hechos el Liberalismo es un conjunto de obras inspiradas por aquellos principios y reguladas por ellos. Como, por ejemplo, las leyes de desamortización; la expulsión de las órdenes religiosas; los atentados de todo género, oficiales y extraoficiales, contra la libertad de la Iglesia; la corrupción y el error públicamente autorizado en la tribuna, en la prensa, en las diversiones, en las costumbres; la guerra sistemática al Catolicismo, al que se apoda con los nombres de clericalismo, teocracia, ultramontanismo, etc., etc.

 

Es imposible enumerar y clasificar los hechos que constituyen el procedimiento práctico liberal, pues comprenden desde el ministro y el diplomático que legislan

o intrigan, hasta el demagogo que perora en el club o asesina en la calle; desde el tratado internacional o la guerra inicua que usurpa al Papa su temporal principado,

hasta la mano codiciosa que roba la dote de la monja o se incauta de la lámpara del altar desde el libro profundo y sabihondo que se da de texto en la universidad o instituto,

hasta la vil caricatura que regocija a los pilletes en la taberna. El Liberalismo práctico es un mundo completo de máximas, modas, artes, literatura, diplomacia, leyes,

maquinaciones y atropellos enteramente suyos. Es el mundo de Luzbel, disfrazado hoy día con aquel nombre, y en radical oposición y lucha con la sociedad de los hijos de

Dios, que es la Iglesia de Jesucristo. He aquí, pues, retratado, como doctrina y como práctica, el Liberalismo.

 

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