La mentira es la corrupción.

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Hace unas semanas escribí un artículo titulado “La corrupción es la mentira. (Por lo civil)” donde me explayaba con dar unas puntadas sobre algo evidente hasta para los que no tienen ni ojos: que el sistema político en Occidente -la democracia occidental, salvo la norteamericana: la inglesa ya se ha podrido también- ha devenido en el imperio de la corrupción porque ha adoptado la MENTIRA como sistema político. En España lo del PSOE es de traca…, o de salir ya por pies.

Porque la mentira corrompe: a la persona que miente, primero; a la persona que admite ser engañada -ser “mentida” como respuesta que admite-, luego; y por último, a todo el entramado de las construcciones humanas que se quedan, de ese modo, sin referentes morales. Como decía un amigo mío -o mi cuñada, no recuerdo ahora bien- “la democracía es el mejor sistema… cuando todos somos santos; antes, no: es el peor”. Es decir, que solo sirve en el cielo…, si allí hubiese que sobrevivir políticamente, que no es el caso.

En la Iglesia que, consciente o inconscientemente -por dar una salida más o menos airosa-, se ha arrimado tanto al mundanal ruido que se ha aturdido: como esos jóvenes, y ya también muchos adultos criados en el ruido más ensordecedor, de tal forma que ya no se oyen ni a sí mismos -¿cómo van a oír a Dios?-, y van como “zumbados” por todas partes, hasta el punto de que la misma Iglesia Católica va también como “zumbada” por la vida. O “haciendo lío”. Pero bien gordo.

Tan “zumbada” que, poseyendo LA VERDAD de DIOS, la propia Iglesia se está apropiando de la mentira como sistema, y ya se está empezando a no saber ni lo que es verdad ni lo que no; ni para qué está, o para que no; ni a dónde va, porque ya no sabe tampoco de dónde viene. Y, al apropiarse de la mentira como sistema, SE CORROMPE y CORROMPE.

Y me explico.

Pretender que lo blanco y lo negro son compatibles respecto a lo mismo y bajo el mismo aspecto…, es MENTIR. Y es corromper por corromperse. Pretender que VIRTUD y PECADO son lo mismo, a conveniencia de la “conciencia personal”, es abonarse a la mentira y a la corrupción. Hacer que la Palabra de Dios no sólo puede obviarse sino, incluso, tergiversarse…, es mentir y corromper. Y así sucesivamente.

No se puede sostener, que “o santos o nada” -que parece un remedo del libro de éxito “Dios o nada”- y, a la vez, sostener que “se puede estar inmerso en una situación objetivamente grave de pecado”, para decir a continuación que eso corre a cargo de la propia conciencia del individuo en cuestión; individuo que es un (presunto) “católico”, divorciado -hasta aquí no hay problema- pero “arrejuntado” con otra señora con la que convive maritalmente: haya tenido hijos o no con esta “segunda”, o “tercera”, o “cuarta”… que ya son ganas.

Pero el tal “presunto”, con unas ansias cuasi infinitas de seguir sendo “católico”: quiere comulgar, y “decide en conciencia que lo puede hacer”; o sea, y para que nos entendamos: a este (presunto) “católico de las ansias infinitas” lo de estar en pecado mortal para comulgar le trae sin cuidado. Como le pasa, por cierto, a un porcentaje altísimo y verdaderamente sacrílego de los “católicos” que comulgan a diario o semanalmente “sin discernir”, como nos recuerda san Pablo; que, por eso mismo, no solo se convierten automáticamente en “presuntos” sino que -siguiendo con san Pablo-: Comen y beben su propia condenación: “Palabra de Dios”. Pero siempre habrá un jerarca de guardia o suficientemente “motivado” para decir que, en esas condiciones, el “presunto” puede comulgar con toda paz de conciencia.

O no se puede afirmar -desde la misma Iglesia Católica- una cosa y su contraria por parte de diversos miembros de la misma Jerarquía, sin nadie que debería -por Jerarquía- clarificar. Una de las dos “posiciones” es forzosamente  MENTIRA -y no mentira desinteresada o porque sí-; y el “sistema” que lo consiente, se corrompe, como tal institución -está ya patas arriba-, porque acoge en su interior lo que no debería jamás; y, además, corrompe, tanto las conciencias como las almas, porque deja de ser y vivir para lo que está: la Salvación de las mismas.

Los ejemplos se podrían multiplicar, porque se publican todos los días y por todas partes. Por traer un ejemplo bastante reciente: todo un arzobispo o asi, larga el otró día, antes de cerrar el último “sinodillo” al uso -el de los jóvenes, y como invitado “especial”, que ya lo creo que lo fue- que “el adulterio es adulterio, sí; pero no todos los adulterios lo son”. ¡”Átame esa mosca por el rabo”, o por donde puedas, Carmelilla! Y todo el mundo tragó, claro.

Por otro lado, a los “jóvenes”, ya me dirás qué les iba lo del adulterio -a no ser que ya los estén “preparando” con tiempo- pues, por definición de “joven” no parece que los ya casados se ajusten al modelo; pero claro, como jóvenes-jóvenes no había muchos que digamos…

¿Dónde se empezó a engendrar toda esta corrupción basada en la mentira de la traición a Cristo y a su Iglesai? No es la primera vez que lo digo, pero tampoco va a ser la última: en el CV II. Acogida y ampliada en el post-concilio y su famosísimo “espíritu” y/o “mala -o buena, por ajustada a textos- interpretación”; cosa que, de ser cierta -santo el Concilio y malo su aplicación- aún se hace más inexplicable que, en y desde Roma, o nadie vió, o nadie con cargos se sintió aludido por eso, o nadie pretendió poner eficazmente los medios y los remedios para corregir el tinglado -porque los resultados sí estaban bien a la vista-, o se intentó pero no se consiguió… o vete tú a saber.

El hecho es que las cosas están como están.

¿Por qué digo lo del CV II? ¿Dónde y en qué? Lo digo por los “cortes” -pongo solo dos aquí- que quiso el Concilio como su seña de identidad.

El primero: la Iglesia Católica, inficcionada por un virus que no vino de marte precisamente, se sintió en la obligación, no tanto de “hablar al mundo”, que sería legítimo y, de hecho, siempre lo había hecho, pero desde Ella: o sea, desde Dios-; sino “hablarse desde el mundo”: lo que nunca había hecho.

Es decir: asumir las constantes mundanas, los (infra)”valores” mundanos comparados -porque hay que hacerlo- con los recibidos desde Dios por la Iglesia. No sé sabe bien por qué “virus”, a la Iglesia Católica ya no le bastaba la Palabra de Dios -“que no es de este mundo, como Cristo, pero es capaz de cambiarlo”-: “necesitaba” -quiso necesitar- la palabrería del mundo. Y ya se sabe lo que ésta da de sí. Lo que ha dado de si necesariamente: mentira y corrupción.

La “prueba” más perfectamente visible fue la negativa del CV II a condenar explícitamente el marxismo; pero como los desvíos del principio siempre van a más con el tiempo y con los medios que se ponen -o se dejan de poner en su contra y para corregir el desvío-, ahí está la Iglesia infectada con el virus de la interpretación marxista de Ella misma: de su doctrina, de su composición y misión, etc.

Sí. La Iglesia Católica desde entonces no ha dejado de hablarle al mundo: nunca hasta el CV II lo había hecho con tanta profusión, con tanto “interés”, con “tantas ansias infinitas de convertirlo” -o no- y “ganarlo” para Dios… Y nunca se ha mundanizado tanto la Iglesia como en estos momentos actuales: con todo un loby arcoíris metido hasta el tuétano de la misma, por poner un poner. Le está pasando lo mismo que a aquellos de “cristianos para el socialismo”: no quedó ninguno en la Iglesia.

No me refiero -ni olvido, ni anulo- los momentos que, a lo largo de la historia de la Iglesia Católica, la “mundanización” ha estado presente dentro de Ella. Pero eso se podía/puede interpretar bastante más benevolentemente que lo acaecido en/desde el CV II: porque ahora ha sido todo un volver la cerda lavada a revolcarse en el cieno, como denuncia la Escritura Santa: Palabra de Dios. No mía. Podía entenderse como que la Iglesia “se estaba haciendo” aún; pero que, a la vez, aprendía de sus errores: porque, de hecho, NUNCA LOS ADMITIÓ. Ahora, LOS ADMITE.

Sí. La Iglesia Católica -no Ella, que es Una, Santa, Católica y Apostólica, sino su Jerarquía; salvadas contadas excepciones, que las ha habido, las hay y las habrá: siempre-  ha estado “tan ocupada, tan ocupada”, y tan “interesada”, y tan “volcada” hablándole al mundo del propio mundo…, que se le ha “olvidado” hablarse a Ella misma, y hablarles a sus hijos: los mismos hijos de Dios, porque no tiene otros.

Y, a estos últimos, ya no sabe qué decirles, a lo que parece. ¡Nada de “Iglesia ensimismada”, por fa! Sino “Iglesia en salida”, que es lo “molón”. Por eso, y a sus hijos, les habla de los plásticos: ¡que es una vergüenza y debe ser una inmensa inmoralidad cómo se está poniendo todo por culpa de los plásticos! ¡Y hay que acabar con ellos! ¡Y espérate con la que va a caer con lo de la Amazonia!

Le está pasando lo mismo que a las democracias: aprueban el aborto a barra libre y, con una finura cínica e inmoral digna de un trovador famoso, prohiben fumar en lugares públicos, y venderles -a los menores- tabaco y alcohol: y por eso se enganchan al alcohol, al sexo y a las drogas ya con doce años. ¡Animalicos! Y lo digo por los políticos, no por los críos.

En la Iglesia Católica hace muchos años que se ha dicho que ya no es pecado no ir a Misa, que la anticoncepción está perfectamente admitida por la Iglesia -nada de “conejas”, por fa-, que se puede comulgar sin plantearse más cosas, excepto si se tienen ganas, pero… ¡hay que recoger los plásticos! Todo perfectamente lógico.

Por si fuera poco, a todo esto se ha sumado, como segundo componente y con un efecto perverso entre sus miembros, el “hecho” -nefasto- de las Conferencias Episcopales -“comunión”, “fraternidad”, “sinodalidad”-: creación, por cierto, del CV II, que ha arrasado, con pocas y heroicas excepciones,  que siempre las hay gracias a Dios, con la responsabilidad personal -en el fondo: con la misma concepción- del hacer PERSONAL e INTRANSFERIBLE, aunque no se lo crean, de los obispos y cabezas de Diócesis e Instituciones religiosas.

“Comunión” entre los jerarcas se ha convertido en sinónimo y acepción, única y unívoca, de NO DISENTIR, no significarse: todos en comandita. “Uno para todos y todos para uno”: ¡como niños! Y, de este modo, la progrez eclesial -en el mundo, la progrez política- se ha impuesto: porque los hijos de las tinieblas son más listos que los hijos de la luz. Que también es “Palabra de Dios”. No mía. O sea: que nos hemos llenado de “gilis”. Esto sí es aportación mía personal.

Sumadas estas dos cosas: “llenarse del mundo” y “camuflar -cesar, derogar- la responsabilidad personal de los Pastores” para que a nadie se le ocurra decir nada en contra o recordar la Doctrina: sin más, se ha construído una pinza pseudo-eclesial que ha traído lo que ha traído, y que tiene muy difícil solución: porque está demoliendo los fundamentos más sobrenaturales de la propia Iglesia Católica.

Porque: ¡a ver quién es el guapo que se atreve a decir ahora, dentro de la Iglesia, que “el rey está desnudo” y tenga el poder de revertir toda la situación! Voces, aunque muy poquitas, las hay y bien arriba. Excepcionales. Santas. Heroicas, Martiriales. Pero, ¿serán suficientes?

A seguir rezando. Pero, “a Dios rogando y con el mazo dando”.

http://www.infocatolica.com/blog/nonmeavoluntas.php/1811050855-la-mentira-es-la-corrupcion-i

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