Si alguno dijere que la revelación divina no puede hacerse creíble por signos exteriores, y que, en consecuencia, sólo por la experiencia individual o por una inspiración privada deben ser movidos los hombres a la fe, sea excomulgado.

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Cuando Pio X escribió esta encíclica quizás no imaginaba que tantos fieles y sacerdotes de nuestro tiempo  iban a ignorar  y a silenciar tantas verdades de fe que a lo largo de la historia, la Iglesia como sociedad perfecta instituida por Cristo había ido iluminando.

No solo lo relacionado con la familia y el matrimonio sino lo relacionado, con el orden político y social. Grupos de fieles adhiriéndose a opiniones políticas e ideas liberales que eliminan el reinado social de Cristo y ponen la razón y la libertad del hombre por encima.

El silenciamiento de la doctrina social de la Iglesia ha dado lugar al florecimiento de partidos liberales que defienden el aborto y que a cambio de eliminar cuatro impuestos y mantener indemnes los ahorros bancarios, de la sociedad del bienestar han arrebatado el voto a millones de católicos.

El silenciamiento de la doctrina social de la Iglesia ha dado lugar a obispos acobardados y rindiendo pleitesía a la diosa democracia. Todos son cómplices, unos por sus silencios ,  otros por sus votos (pobres, dicen que no tienen otro remedio que votar al partido liberal que adora dioses falsos).

Toda la doctrina social de la Iglesia ha sido silenciada con criterios historicistas y  evolucionistas. Cómo decía un conocido, a los que más les ha interesado silenciarla ha sido a los que se creen “conservadores”.Una de las características del católico “conservador” que aún sobrevive, es su falta de esperanza.  Ha sustituido la esperanza sobrenatural y la esperanza en el poder de Dios  por un optimismo voluntarista en el que sólo se cree capaz de conseguir y de merecer lo que alcance por sus propias fuerzas. El católico “conservador” del siglo XXI es modernista.

I. EXPOSICIÓN DE LAS DOCTRINAS MODERNISTAS

Para mayor claridad en materia tan compleja, preciso es advertir ante todo que cada modernista presenta y reúne en sí mismo variedad de personajes, mezclando, por decirlo así, al filósofo, al creyente, al apologista, al reformador; personajes todos que conviene distinguir singularmente si se quiere conocer a fondo su sistema y penetrar en los principios y consecuencias de sus doctrinas.

4. Comencemos ya por el filósofo. Los modernistas establecen, como base de su filosofía religiosa, la doctrina comúnmente llamada agnosticismo. La razón humana, encerrada rigurosamente en el círculo de los fenómenos, es decir, de las cosas que aparecen, y tales ni más ni menos como aparecen, no posee facultad ni derecho de franquear los límites de aquéllas. Por lo tanto, es incapaz de elevarse hasta Dios, ni aun para conocer su existencia, de algún modo, por medio de las criaturas: tal es su doctrina. De donde infieren dos cosas: que Dios no puede ser objeto directo de la ciencia; y, por lo que a la historia pertenece, que Dios de ningún modo puede ser sujeto de la historia.

Después de esto, ¿qué será de la teología natural, de los motivos de credibilidad, de la revelación externa? No es difícil comprenderlo. Suprimen pura y simplemente todo esto para reservarlo al intelectualismo, sistema que, según ellos, excita compasiva sonrisa y está sepultado hace largo tiempo.

Nada les detiene, ni aun las condenaciones de la Iglesia contra errores tan monstruosos. Porque el concilio Vaticano decretó lo que sigue: «Si alguno dijere que la luz natural de la razón humana es incapaz de conocer con certeza, por medio de las cosas creadas, el único y verdadera Dios, nuestro Creador y Señor, sea excomulgado»(4). Igualmente: «Si alguno dijere no ser posible o conveniente que el hombre sea instruido, mediante la revelación divina, sobre Dios y sobre el culto a él debido, sea excomulgado»(5). Y por último: «Si alguno dijere que la revelación divina no puede hacerse creíble por signos exteriores, y que, en consecuencia, sólo por la experiencia individual o por una inspiración privada deben ser movidos los hombres a la fe, sea excomulgado»(6).

Ahora, de qué manera los modernistas pasan del agnosticismo, que no es sino ignorancia, al ateísmo científico e histórico, cuyo carácter total es, por lo contrario, la negación; y, en consecuencia, por qué derecho de raciocinio, desde ignorar si Dios ha intervenido en la historia del género humano hacen el tránsito a explicar esa misma historia con independencia de Dios, de quien se juzga que no ha tenido, en efecto, parte en el proceso histórico de la humanidad, conózcalo quien pueda. Y es indudable que los modernistas tienen como ya establecida y fija una cosa, a saber: que la ciencia debe ser atea, y lo mismo la historia; en la esfera de una y otra no admiten sino fenómenos: Dios y lo divino quedan desterrados.

Pronto veremos las consecuencias de doctrina tan absurda fluyen con respecto a la sagrada persona del Salvador, a los misterios de su vida y muerte, de su resurrección y ascensión gloriosa.

4. De revelat. can.l.

5. Ibíd., can.2.

6. De fide can.2.

http://w2.vatican.va/content/pius-x/es/encyclicals/documents/hf_p-x_enc_19070908_pascendi-dominici-gregis.html

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