La revelación de Dios armoniza gracia, libertad y predestinación. ¡Señor, cuéntanos entre tus elegidos!

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El otro día hablaba con una persona e intentaba explicarle la doctrina de la predestinación. Se escandalizaba de dicha doctrina y me decía que no creía en ella, me seguía diciendo que eso no era católico y que ningún cura que ella conocía le había hablado nunca de eso. Así estamos…Y es que entre ocultar unas doctrinas, cargarnos otras y suavizar la mayoría ya no sabemos ni en qué creemos…Les dejo con Alonso Gracián:

Que no. Que ni gracia, ni libertad, ni Predestinación, han de oponerse entre sí como hace calvinismo y luteranismo.

El católico afirma la Predestinación, afirma la acción de la gracia al 100%, y precisamente por esa acción de la gracia, afirma la libertad  que ella misma ha suscitado, activado y puesto sobrenaturalmente en ON;  una libertad al 100%.

No es que estuviera totalmente en OFF , pues no fue totalmente aniquilada por la Caída, como afirma el calvinismo con su doctrina de la ¡Depravación Total!total incapacidad moral,cero libertad, cero colaboración, cero restauración de la voluntad por la gracia: Gracia 100%, libertad 0%.

No.  Para algunos actos naturales honestos, hay cierta libertad sin gracia, en el estado adámico. Pero es una mediolibertad muy sosa e impotente para el plano sobrenatural. Para los actos saludables, la voluntad necesita ser liberada y activada, enchufada a la corriente eléctrica de la gracia actual eficaz.

Todo viene al caso. Porque un católico, como decimos, no ha de poner gracia, libertad y predestinación a pelearse entre sí so pena de convertirse en un católico inconsecuente. Antes bien, sabe que la Revelación de Dios las armoniza a todas.

Es tan cabezota el católico moderno, y no digamos el post-postmoderno, que un autor tan inteligente como Louis Bouyer ha tenido que empezar su entrada sobre Predestinación, en su famoso Diccionario de Teología, dejando claro y avisando, para los malpensados católicos voluntaristas que meten cizaña entre la libertad, la gracia y la predestinación,  que la Predestinación no es una herejía ¡¡!!

Que sí, que se puede creer en la Predestinación sin ser calvinista ni luterano, sino siendo católico.

Porque el calvinista pensaría que

a pesar de haber gracia, no hay libertad.

Y el católico cree que

por haber gracia, hay libertad.

El calvinista pensaría que

la depravación del ser humano, tras la Caída, es total.

Pero el católico cree que

la libertad quedó herida pero no aniquilada.

El calvinista piensa que

Dios no quiere que se salve todo el mundo

Pero el católico cree que

Dios quiere que todo el mundo se salve, aunque por el misterio del pecado muchos se condenan por su culpa.

El calvinista cree que

Dios predestina a muchos a la condenación.

Pero el católico considera que

esa idea un gran disparate. No hay predestinación al mal.

La predestinación calvinista es selectiva, la católica es electiva.

Son los cinco puntos del calvinismo, TULIP:

Depravación Total (T – Total Depravity), No es mi elección, –elección Incondicional (U – Unconditional Election)-No por todos los hombres, Expiación Limitada (L – Limited Atonement)-Gracia Irresistible extrínseca  meramente imputada (I – Irresistible Grace)-Preservación de los Santos (P – Preservation of the Saints) “Una vez salvo siempre eres salvo.”

Como explica el curioso Manual de Herejías en su entrada Calvinismo:

(Para el calvinismo) “Fuera del grupo seleccionado de los elegidos, todas las almas humanas  están destinadas a la destrucción final como consecuencia de la caída de Adán. El pecado original es indeleble y afecta a toda su descendencia, a excepción, evidentemente, de los elegidos (…). Esa auténtica maldición del pecado original constituye la teoría de la incapacidad moral en el estado de la caída.”

“Los supervivientes de la maldición edénica se benefician así de la Gracia irresistible por la que Dios (…) les justifica haciéndoles incapaces de resistirse a la fuerza de la gracia”

“Los elegidos en Cristo no pueden disminuir en su estado de gracia ni volver a caer en pecado sino que toda su vida está enderezada a la perseverancia final”

No hay, pues, necesidad alguna de contrición, confesión de pecados o satisfacción, puesto que “quien posee la fe que salva posee al mismo tiempo la penitencia” H.Masson, (Manual de herejías”, edit. Rialp, Madrid, 1989, págs. 81/82)

Al Manual de herejías hemos de matizar que la resistencia a la gracia no es propiamente una capacidad sino una posibilidad, una enajenación, y que no se es propiamente libre por poder resistirse a la gracia, sino por aceptarla movido por ella.

Pues bien, estaba yo imbuido en estas disquisiciones tan edificantes cuando tomé en mis manos, tras algún tiempo, el Diccionario de marras de Bouyer, y encontré una entrada muy interesante. Y he aquí que me encuentro en ella tales comentarios, que me venían como anillo al dedo al hilo de esta reflexión.

Consultando algunas cosas en el susodicho, edit Herder, Barcelona, 1990, me resorprendió la claridad del artículo  Predestinación, (págs.. 543-547) y al releerlo me pareció sumamente interesante para ilustrar algunos puntos de tan gran y misterioso tema -aunque debo confesarme un tanto molesto con Bouyer, que es un poco impertinente con el preclaro Báñez

Es por esto que, antes de retomar nuestro estudio sobre tan formidable Misterio católico, os propongo considerar algunos de los comentarios que este autor realiza sobre ello.

Veamos pues cómo explica Bouyer la Predestinación católica, por así decir

 

Dice nuestro autor que Predestinación es:

En sentido estricto, designio eterno e infalible según el cual Dios decide conducir efectivamente a la salvación al que quiere”.

Y a continuación:

En sentido más amplio, se habla de predestinación a recibir cualquier gracia particular”.

Interesante. Habla, pues, aquí, de predestinación a la gloria, y predestinación a la gracia, una distinción clásica en teología católica.

Y lanza este aviso a los modernos que tachan de herejía la predestinación:

“Al contrario de lo que imaginan muchos modernos, cristianos o no, por haber sido condenadas diferentes herejías referidas a la predestinación, esta noción en sí misma no tiene nada de herética”.

Y añade para que no quede ni sombra de duda:

 “La existencia de una predestinación debe ser creída por todo católico como una verdad de fe enseñada formalmente por la Sagrada Escritura y expresamente confirmada por la tradición teológica unánime, apoyada por diferentes actos del Magisterio”.

Resulta dramático que un Diccionario teológico tenga que explicar a los católicos que la Predestinación no es una herejía, sino una verdad de fe, y que no debe ser mezclada con las herejías condenadas.

Y es que es así de sencillo: se ha dejado de creer en la Predestinación.

Más adelante hace una observación muy importante:

“La mejor luz para aclarar en alguna medida este misterio viene de una profunda observación de san Agustín que santo Tomás debía llevar a su desarrollo completo. Y es que Dios, si crea en nosotros el querer y el hacer, según otra expresión de san Pablo (Filip 2, 13), es el autor en nosotros de todo bien, y por encima de todo, de nuestro propio consentimiento a la gracia

Y ahora sobre el mal:

“mientras que todo el mal que cometemos, y especialmente nuestra negativa a abrirle  nuestros corazones, no es más que una deficiencia en nuestra cooperación a su voluntad y, teniendo sólo una realidad negativa, es exclusivamente de nosotros en cuanto seres limitados y no en absoluto de Él, el Ser y el bien mismo.”

Y así prosigue:

Pero no se sigue de ello que nuestro consentimiento a la gracia sea un acto forzado, o que nos pertenezca menos que nuestro rechazamiento. La verdad es todo lo contrario: por una parte, siendo Dios el autor de nuestra libertad, cuando la mueve la mueve a buscar libremente el bien, y por otra parte, siendo el acto bueno enteramente positivo mientras que el malo es un acto deficiente, aunque actuemos bajo el influjo de una gracia puramente gratuita, obramos entonces mucho más positivamente “

Ahora comenta la falacia de la Doble Predestinación calvinista:

“El falaz paralelismo que conduce a desdoblar la predestinación de los elegidos en una predestinación igualmente positiva de los réprobos, fue renovado por Lutero y Calvino a costa de desconocer este principio fundamental. “

Sigue aclarando Bouyer que

“junto a una declaración del Concilio de Orange que supone la predestinación sin contener la palabra misma (Denz 393) los Concilios de Chiersy y de Valence aunque condenando las doctrinas excesivas sobre este punto, han precisado que la predestinación es un artículo de fe (Dz 621, 622, 322)”

El mismo Concilio de Trento, obligado a condenar el error más grave todavía de los protestantes que enseñaban a la vez la posibilidad de llegar a la certeza de estar predestinados a la salvación, y por otra parte la existencia de una predestinación paralelamente positiva de los condenados a su condenación, no ha expresado por ello menos claramente que no puede caber dudas sobre el hecho mismo de la predestinación de los elegidos, por misterioso que resulte.”

En fin, amigos, como veis, el católico no se hace calvinista por creer en la Predestinación, sino que por creer en la Predestinación bien entendida, es católico.

Porque creemos que la gracia se puede rechazar, aunque de eficaz que es, no se rechace de hecho, aunque si se pueda como posibilidad; que la libertad no está aniquilada; que no hay predestinación de condenados; que la incapacidad de la libertad sin la gracia no es absoluta; que no hay selección sino voluntad salvífica universal; que la elección divina es fruto del amor de Dios

Y que la permisión del mysterium iniquitatis que conduce a la perdición es la causa de toda condenación. No nos quepa duda:

Dios no va a permitir jamás que nadie se condene injustamente. Pues su elección es don y Misterio, y el pecado es obra exclusiva del hombre.

Como enseña el Magisterio de la Iglesia:

“623 Dz 318 Cap. 3. “Dios omnipotente quiere que todos los hombres sin excepción se salven (1Tm 2,4), aunque no todos se salvan. Ahora bien, que algunos se salven, es don del que salvapero que algunos se pierdan, es merecimiento de los que se pierden.”

Y terminamos con la advertencia de Louis Bouyer:

“será preferible no pretender aclarar semejante misterio más de lo que san Agustín y santo Tomás creyeron posible”

¡Señor, cuéntanos entre tus elegidos! 

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1410230219-33-predestinacion-iv-sobre-un#more26823

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