Católicos y política(VII)

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Y no basta con desobedecer las leyes injustas; hay que combatirlas con todas las fuerzas, procurando su derogación en todos los modos posibles: reuniones de oración, campañas de opinión, actos legítimos de desobediencia civil, manifestaciones públicas, recogida de firmas para un referéndum, publicación de artículos en los medios de comunicación, huelgas, congresos y actos que tengan difusión mediática, etc. Y aún más:

Los cristianos no deben dar su voto a partidos políticos que producen leyes criminales o que las mantienen vigentes, pudiendo derogarlas. Y menos aún deben militar en esos partidos, aunque ello les prive de grandes ventajas sociales y económicas. Por el contrario, ellos están obligados a denunciar la inmoralidad de esos partidos, deben combatirlos, desenmascararlos –si están disfrazados– y desprestigiarlos por todos los medios lícitos y legales. La Nota doctrinal ya aludida de la Congregación de la Fe (24-XI-2002) lo enseña claramente:

«La conciencia cristiana bien formada no permite a nadie favorecer con el propio voto la realización de un programa político o la aprobación de una ley particular que contengan propuestas alternativas o contrarias a los contenidos fundamentales de la fe y la moral… El compromiso político a favor de un aspecto aislado de la doctrina social de la Iglesia no basta para satisfacer la responsabilidad de la búsqueda del bien común en su totalidad… Cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Ante estas exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, en efecto, los creyentes deben saber que está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona. Éste es el caso de las leyes civiles», sigue diciendo la Nota, en materias como aborto y eutanasia, falsificación grave del matrimonio y la familia, educación de los hijos, tutela de menores, esclavitud, libertad religiosa, economía al servicio de la justicia social, el valor de la paz (4).

Todos los gobiernos son «intrínsecamente perversos» si prescinden de Dios y del orden moral natural y objetivo. Cuando trate yo de los diversos regímenes políticos, comprobaremos que esa perversión puede darse y se da en totalitarismos comunistas o nazis, en democracias liberales, en dictaduras de partidos únicos o de líderes populares. A todas esas formas de gobierno son aplicables las palabras que Pío XI refiere al comunismo marxista:

«Procurad, venerables hermanos, con sumo cuidado que los fieles no se dejen engañar. El comunismo es intrínsecamente perverso (“communismus cum intrinsecus sit pravus”), y no se puede admitir que colaboren con el comunismo en terreno alguno los que quieren salvar de la ruina la civilización cristiana» ¡y el bien común de los pueblos! Y aún Pío XI añade una profecía, que ha tenido y tiene cumplimiento: «Cuanto más antigua y luminosa es la civilización creada por el cristianismo en las naciones en que el comunismo logre penetrar, tanto mayor será la devastación que en ellas ejercerá el odio del ateísmo comunista» (1737, Divini Redemptoris 60).

También la guerra puede ser lícita para combatir leyes y gobiernos injustos, que llevan a un pueblo a la degradación moral y a la ruina. Pío XI en la encíclica Firmissimam constantiam, dirigida a los Obispos de México, siguiendo la do ctrina tradicional, enseña que «cuando se atacan las libertades originarias del orden religioso y civil, no lo pueden soportar pasivamente los ciudadanos católicos» (1937: Denzinger nn.3775-3776). Y en ese texto indica las condiciones necesarias para que sea lícita una resistencia activa y armada. Es la enseñanza actual que expone el Catecismo de la Iglesia Católica:

«La resistencia a la opresión de quienes gobiernan no podrá recurrir legítimamente a las armas sino cuando se reúnan las condiciones siguientes: 1) en caso de violaciones ciertas, graves y prolongadas de los derechos fundamentales; 2) después de haber agotado todos los otros recursos; 3) sin provocar desórdenes peores; 4) que haya esperanza fundada de éxito; 5) si es imposible prever razonablemente soluciones mejores» (2243).

Es indudable, por ejemplo, que un gobierno que promueve y financia cientos de miles de abortos, y que convierte en «derecho» esos asesinatos, comete «violaciones ciertas, graves y prolongadas de derechos fundamentales de los ciudadanos», concretamente de los más pobres e inválidos, de los más necesitados de protección legal. Y también es indudable que pueden darse y se han dado circunstancias históricas en las que el pueblo cristiano debe en conciencia levantarse en armas y «echarse al monte», como los Macabeos, arriesgando con ello sus vidas y sus bienes materiales por la causa de Dios y por el bien común de la nación. Pero actualmente, por el contrario, casi nunca pueden darse en las naciones las otras condiciones exigidas para un lícito levantamiento del pueblo en armas. Son naciones tan sujetas al gobierno del Príncipe de este mundo, Satanás, que es casi imposible que se den en ellas las condiciones 3ª y 4ª.

De otras graves cuestiones, como el martirio, la objeción de conciencia, los combates jurídicos, las asociaciones católicas sociales y políticas, etc., hablaré, con el favor de Dios, al final de esta serie, cuando trate más directamente de qué debemos hacer hoy los católicos en la vida política. Ahora estoy exponiendo los principios doctrinales de la Iglesia en materia política.

2 comentarios

  1. Los catolicos no deben votar a partidos que no defiendan la Ley Natural, en suma, la ley de Dios. No pueden colaborar con esos partidos políticos.
    Podía dar ejemplo la Jerarquía y y el presbiterado explicando a quien no se puede votar. Pero claro, eso es ir contra el espíritu mundano. Es más fácil limitarse a ser católicos en la misa dominucal y luego hacer lo que le da la gana a uno, por ignorancia, liberalismo o lo que sea.

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  2. Los catolicos no deben votar a partidos que no defiendan la Ley Natural, en suma, la ley de Dios. No pueden colaborar con esos partidos políticos.
    Podía dar ejemplo la Jerarquía y y el presbiterado explicando a quien no se puede votar. Pero claro, eso es ir contra el espíritu mundano. Es más fácil limitarse a ser católicos en la misa dominucal y luego hacer lo que le da la gana a uno, por ignorancia, liberalismo o lo que sea.

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