Apostillas a Gaudete et exultate(IV)

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Nunca lo verán porque están ciegos. Podríamos decir que son ciegos guías de otros ciegos. Se ha oscurecido tanto la doctrina católica y la predicación católica que ya no distinguimos lo auténtico. En realidad, es toda una mentalidad de varias generaciones lo que ha cambiado, es una filosofía que se ha introducido y dañado la raíz misma del pensamiento católico. (nota del blog)

Apostilla IV

«[n. 2]No es de esperar aquí un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema»

Definiciones y distinciones no serían de esperar si el texto fuera claro, si no estuviera conceptualmente desenfocado. Sin embargo, dado el estilo vago y ensayístico del documento, es necesario volver a definir y distinguir, para que algunas expresiones utilizadas no muevan a error, y algunas omisiones llamativas no desequilibren la doctrina.

Apostilla V

«[n.2] Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4). »

Que el llamado a la santidad resuene en el mundo contemporáneo es sin duda un objetivo bueno y loable, más aún si se incluye en este resonar un aviso de los peligros contra la santidad, (si es que con la expresión “con sus riesgos” se refiere a eso). También nos parece positivo que, para mitigar el sabor voluntarista del punto 1, aluda a la elección divina.

—Hay que matizar algo, sin embargo. Porque cuando se dice que «a cada uno de nosotros el Señor nos eligió para la santidad», hay que tener cuidado de no confundir la llamada universal a la santidad, es decir, la voluntad antecedente de Dios, que «quiere que todo el mundo se salve y llegue al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4) con la voluntad consecuente de Dios (por la cual Dios decide elegir eficazmente, por pura misericordia, a algunos, y castigar debidamente, por pura justicia, la defección culpable de otros.

Nos referimos al insondable y católico misterio de la predestinación divina, que queda un tanto oscurecido por esta forma de exponer la llamada universal a la santidad (que aquí, por el contexto, y refiriéndolo a Amoris laetitia, parece ser considerada una elección universal —porque, supuestamente, «nadie puede ser condenado para siempre» (A.L. n.297 )

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1809081000-294

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