La religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas.(Pio XI)

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Todavía nos encontramos con católicos, sacerdotes y seglares que creen que es posible una sociedad a espaldas de Dios. Tienen la teoría de que las sociedades no necesitan a  Cristo para construir una paz duradera , creen poder encontrar una ética, unas leyes que a espaldas de Dios conseguirán la paz de los pueblos y de la naciones.

Muchas doctrinas se han oscurecido y ocultado y ahora pagamos las consecuencias.

Aquellos llamados a llevar a Cristo a las realidades temporales han dejado que el mundo se apodere de ellos. Se han dejado tentar por antiguas herejías, con ropajes nuevos y así han dejado que nuevas filosofías desplacen la filosofía del aquinate, filosofías personalistas con sus nefastas consecuencias han entrado en la mentalidad católica y la han dejado anestesiada para combatir el error. Como cuerpos paralizados, aquellos teólogos llamados a combatir el error se dejan seducir por los poderes del mundo y asisten impasibles a la adulteración de la religión católica.

 

Contra el moderno laicismo

23. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas(1). Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios.

24. Los amarguísimos frutos que este alejarse de Cristo por parte de los individuos y de las naciones ha producido con tanta frecuencia y durante tanto tiempo, los hemos lamentado ya en nuestra encíclica Ubi arcano, y los volvemos hoy a lamentar, al ver el germen de la discordia sembrado por todas partes; encendidos entre los pueblos los odios y rivalidades que tanto retardan, todavía, el restablecimiento de la paz; las codicias desenfrenadas, que con frecuencia se esconden bajo las apariencias del bien público y del amor patrio; y, brotando de todo esto, las discordias civiles, junto con un ciego y desatado egoísmo, sólo atento a sus particulares provechos y comodidades y midiéndolo todo por ellas; destruida de raíz la paz doméstica por el olvido y la relajación de los deberes familiares; rota la unión y la estabilidad de las familias; y, en fin, sacudida y empujada a la muerte la humana sociedad.

 

(1) Esta frase de Pio XI fue ninguneada por todos y cada uno de los papas postconciliares, nadie los corrigió, nadie pidió perdón por cientos de gestos, cartas y reuniones.

A muchos les parece que la demolición empezó con Francisco, pero como hemos dicho en este blog muchas veces, el humo de Satanás entró con las ideas, ideas filosóficas que tomaron forma en tantos teólogos heréticos asesores de Padres conciliares durante el CVII. Todas esas ideas estaban infiltradas de modo más o menos grave en todos los papas postconciliares.

 

 

http://w2.vatican.va/content/pius-xi/es/encyclicals/documents/hf_p-xi_enc_11121925_quas-primas.html

Un comentario

  1. Así es. Pero todos sabemos que el problema comenzó con la infame Ilustración. Esto lo sabe todo el mundo. No creo que entre nuestros hermanos buenos, haya alguien que me niegue esto. De hecho, ya León XIII se harto de condenar el modernismo. Lo que ocurre es que san Juan Pablo II (Asís, no disolución de los jesuitas….) lo intento. No digamos ya Benedicto, que desde sus veleidades juveniles cambio hasta llegar a ser el teólogo del siglo XX.

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