Liberales católicos, “círculos cuadrados” y tópicos voluntaristas de Gaudete et exultate.

gaudete

 

Vivimos tiempos siniestros en la historia de la Iglesia. Tiempos de contradicciones y en los que los “buenos” traicionan el depósito de la fe. Los “buenos” son aquellos que deberían alertarnos de los peligros y mostrarse firmes ante los ataques a la doctrina, pero tampoco a ellos les importa.

Yo personalmente he dejado de confiar en bastantes personas, ¿cómo pedir consejo a alguien que no ve el voluntarismo que se esconde detrás de la encíclica Gaudete et exultate y te la vende como doctrina católica?

Así lo explica Alonso Gracián en su blog:

«[1] El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada.» (Gaudete et exultate)

El texto parece iniciar con tópicos voluntaristas, en sintonía tal vez con ese tipo de predicación semipelagiana que ha sido y es tan frecuente en el posconcilio: «El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es…». Como si la Causa Primera pudiera pedir algo a la causa segunda (el ser humano) que ésta pudiera darle por sí sola.

—Es lugar común de la homilética personalista contemporánea centrar la santificación en una supuesta autonomía de la libertad humana, y no en la soberanía de Dios, como si la libertad humana no dependiera de la moción divina, y Dios se limitara a observar, esperar, invitar, proponer y ofrecer.

El tópico alcanza, incluso, a suponer que el Creador tiene expectativas respecto a lo que la causa segunda puede hacer por sí sola, si se lo propone; como si Dios mismo confiara en una hipotética autarquía humana: «no espera que nos conformemos […]» Por eso es justo preguntarnos si es metafísicamente correcta una pastoral que acostumbra, desde hace decenios, a presentar a Dios como deudor de la libertad humana.(Fin de la cita)

Me encuentro con muchas personas que no logran entender el concepto de gracia y libertad , así se cae en un voluntarismo pelagiano que oprime al individuo y le pone en riesgo de caer en el liberalismo.

¿Con cuántos católicos nos encontramos que son capaces de defender y apoyar un liberalismo católico?  Incluso determinados ambientes son más propensos a “transigir” con ese liberalismo e incluso bendecirlo. Como dijimos en anteriores entradas sobre liberalismo, esos son los peores, son adúlteros. Son capaces de conciliar una vida piadosa, con la defensa de ámbitos en los que no rijan las leyes de Dios, ya sea el mercado (liberales económicos), ya sea el Estado laicista. Estas personas se sienten incapaces de llevar a Cristo Rey a todos los ámbitos y por eso lo dejan reducido al ámbito personal y familiar . En el fondo no creen en el poder de la gracia y no creen que para Dios nada hay imposible.

Como dice el padre Iraburu a propósito de los liberales católicos, son “círculos cuadrados”.

Volviendo a la exhortación , podemos decir que se ha leído y se ha mandado leer cómo si fuera buena doctrina y al final todos los errores van impregnando y macerando las cabezas y así el católico del siglo XXI, ya no sabe, ni reconoce la doctrina católica auténtica. Los sacerdotes se adhieren a falsas filosofías como el personalismo y por eso ellos tampoco reconocen la pureza de la doctrina. Será necesaria una purificación, volver a la clasicidad y leer además de las encíclicas preconciliares a  Calderón de la Barca, él cómo nadie te explica el concepto de libertad a través de sus líneas en “El gran teatro del mundo” y en “La vida es sueño”

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1809070557-293

3 comentarios

  1. Lea un poco más, lea un poco más:

    ” Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que
    todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te
    desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la
    santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida (cf. Ga 5,22-23). Cuando
    sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile:
    «Señor, yo soy un pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco
    mejor».” (p. 5)

    Y ahora acuse lo que quiera si se atreve.

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