Católicos y política(IV)

¿Vendiendo todos su alma al diablo?

 

El otro día una persona me comentaba, como cierto profesor de universidad explicaba  que gracias a Dios ya había pasado la época en que había que estar todo el tiempo pensando en Dios para hacer las leyes, que ahora se podían hacer “bien” las leyes, sin hacer continua referencia a Dios.

Entiendo que esta postura deje a la mayor parte de la gente que conozco indiferente. Es verdad que nuestro nivel de anestesia ha alcanzado límites insospechados y nada nos alarma. Esta postura de este profesor muchos la justifican dentro de la libertad de los hijos de Dios a la que tantos hacen alusión para justificar todo tipo de desmanes. Hay que decir que todos estos desmanes tiene relación la mayor parte de las veces con el campo de lo político y de lo social. Da la sensación para muchos católicos que estos terrenos están vedados a Dios y que ante una situación de democracia liberal o de nacionalismo exacerbado o ante políticos como el Partido Popular que hace tiempo que dejó de mirar a Dios, si es que lo miró alguna vez, los católicos debemos dejar libertad de opinión. Admitimos que como no podemos hacer nada tenemos que aplaudir que nos dejen dar religión en los colegios siempre que también den religión musulmana. Admitimos que se someta a votación una ley del aborto. No sólo lo admitimos sino que lo consideramos un avance de las libertades modernas. Libertades que bendecimos y alabamos y no nos damos cuenta que no son  sino una deformación de lo que es la libertad como concepto católico.  Ya hemos explicado en otras entradas, como el concepto de libertad fue oscurecido por muchas filosofías modernas, como algunas ramas del personalismo. Ante este oscurecimiento no es raro encontrar por ahí, tanto “católico” liberal que sumergido en el mundo alaba la diosa democracia como hace cientos de años algunos alababan la diosa “razón” .

Les dejo con los textos claros del padre Iraburu y continuamos hablando de católicos y política

La autoridad viene de Dios. Y las leyes se fundan en el orden natural

–Principios, principios… Lo que yo quiero son orientaciones prácticas.
–Tranquilo, ya llegarán. Pero tenga claro que no hay nada tan práctico como los principios teóricos.

Los laicos que se implican especialmente en la vida política deben conocer bien la doctrina de la Iglesia sobre la política ¡y vivirla con fidelidad! Si en tema tan grave y complejo se guían por los criterios del mundo, ellos vendrán a ser, sin duda, los principales y más eficaces aliados del diablo, el Príncipe de este mundo. Habrán vendido su alma al diablo.

La Iglesia católica tiene una excelente doctrina política, que es ignorada no poco en nuestro tiempo. Es verdad que en los últimos decenios ha sido escasamente predicada, y como «la fe es por la predicación» (Rm 10,17), eso explica que sea ignorada incluso por buenos católicos

También es verdad que después del Vaticano II apenas se han producido grandes documentos de la Iglesia sobre la doctrina política. Si consultamos, por ejemplo, los Documentos políticos del Magisterio eclesial, publicados por la Biblioteca de Autores Cristianos (1958, nº 174), comprobamos que esta antología, en un período de unos cien años (1846 -1955), es decir, entre Pío IX y Pío XII, incluye 59 documentos, de los cuales una buena parte son encíclicas. En cambio, durante la segunda mitad del siglo XX y hasta hoy la Iglesia apenas ha publicado documentos políticos.

En nuestro tiempo el Magisterio apostólico ha publicado numerosos documentos sociales, llamando también al compromiso político de los cristianos. Pero aparte de algún discurso ocasional –en la ONU, por ejemplo–, se ha propuesto muy escasamente la doctrina política de la Iglesia católica. Algunas verdades se han recordadp al paso, por ejemplo, en la encíclica Centesimus Annus (1991: 44-48). Y también al paso Juan Pablo II, en la encíclica Evangelium vitæ (1995: 20-24, 69-77), reafirma varios principios doctrinales de política, hoy muy olvidados, e incluso negados, por los católicos que viven en regímenes democráticos. El documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política (24-XI-2002), es una Nota breve, que se limita a «recordar algunos principios propios de la conciencia cristiana, que inspiran el compromiso social y político de los católicos en las sociedades democráticas». También han de tenerse en cuenta las precisiones que Benedicto XVI hace en su encíclica Deus caritas est (2005) sobre las relaciones entre política y fe, entre justicia y caridad (n.28-29)

Los Pastores sagrados enfrentan hoy con frecuencia cuestiones morales concretas de la vida política. Educación, divorcio, justicia social, medios de comunicación, moralidad de ciertas leyes, etc., son objeto frecuente de su ministerio docente. Otras cuestiones concretas hay en las que la iluminación de la Iglesia resulta insuficiente, y a veces incluso contradictoria entre unos y otros Obispos: objeción de conciencia, participación de los fieles en grandes partidos liberales, o apoyo a partidos mínimos de inspiración cristiana, obediencia o resistencia a leyes injustas, dar o no la comunión eucarística a políticos católicos infieles, etc. Falta al pueblo cristiano con relativa frecuencia una respuesta clara y unánime a cuestiones a veces muy graves. No hay criterios claros y unánimes sobre cómo el pueblo cristiano debe vivir políticamente en Babilonia. Más aún: son muchos los que aún no se han enterado de que estamos viviendo en Babilonia. Quieren mantener a toda costa una actitud positiva y optimista ante el mundo moderno, al que no le niegan, ciertamente, «algunos errores». Pero en definitiva, no quieren estar en una oposición radical, sino con el gobierno o como alternativa de gobierno.

Por el contrario, el juicio pastoral explícito del mismo sistema político vigente suele ser escaso. Esto es así sobre todo cuando se trata de regímenes democrático liberales, pues sobre los gobiernos totalitarios suele hacer la Iglesia discernimientos más fuertes y claros. Quizá los Pastores, al no haber coincidencias suficientes en el juicio de las democracias modernas, en cuanto tales, prefieren mantenerse en el silencio. En todo caso, parece evidente que tanto entre los Pastores como en el pueblo católico falta hoy en las cuestiones políticas la unidad suficiente de pensamiento, que haría posible una acción unitaria y eficaz.

Por eso muchos pensamos que la doctrina política de la Iglesia, elaborada de mediados del siglo XIX a mediados del XX, está urgentemente necesitada 1.-de confirmación y 2.-de desarrollo. Eso exigiría grandes Encíclicas, más de una, y probablemente la celebración de un Concilio. Recordaré aquí, «mientras tanto», siete principios fundamentales de la doctrina católica sobre la política, señalando también los errores que la impugnan. Son principios que deberían estar incluidos en los Catecismos para niños y adolescentes. Si no los conocen, de mayores pensarán como sus padres, que en gran parte piensan sobre estos temas según el mundo, no según Dios (Mc 8,33).

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