Antropología vs Teología

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Hace un par de semanas, preguntado sobre el aborto el Papa contestó que no era un problema religioso, sino que había que enfocarlo desde la “antropología”, porque el aborto era “matar a un ser vivo”.

Realmente fue una respuesta que me llamó muchísimo la atención, por decirlo suavemente: le he dado muchas vueltas y no me cuadra nada. Bueno, nada sería mucho en este caso. Y por varias razones.

En primer lugar, la antropología no se limita a decir que el ser humano es “un ser vivo”. Si dijera esto, lo del aborto sería, exactamente, “matar un ser vivo”. Pero la antropología no se queda con que el hombre es una ameba, y no pasa de ahí. Muy al contrario: pasa de ahí, y por mucho. Luego para ese “reduccionismo” no se puede ni acudir a la antropología. Y hacerlo, no es más que lanzar una bomba de humo. ¿Por qué motivo? Eso solo lo puede saber el interesado: yo no, claro. Lo sabríamos si lo hubiese explicado, pero se quedó ahí y, además, como argumento de autoridad: de la autoridad antropologica de guardia, por supuesto

Sería lo mismo que un matemático que se precie, dijese un buen día que las matemáticas no pueden pasar de los diez dedos de las manos; con lo cual, contar hasta diez es lo máximo que se pueden permitir las matemáticas como tales. Hubiese sido el peor día de su vida, seguramente.

O un médico de renombre y con años de experiencia, un buen día se le ocurriese afirmar que la medicina no podía pasar del curanderismo o de la brujería. Realmente, sería un mal día para el médico. Fijo.

Qué duda cabe que la antropología, la medicina, la psiquiatría, la sociología, la estadística, etc., es decir, las “ciencias particulares” -que así se han llamado siempre porque es lo que son, y no van más allá; el problema surge cuando pretenden ser “todo” en la Ciencia-, pueden aportar lo suyo -unas más, otras menos- a la Religión: pero solo lo suyo como máximo, y siempre serán datos parciales y a su nivel.

Pero entre lo que puedan aportar todas ellas, por separado y/o conjuntamente, y lo que aporta la Religión, o sea la Revelación, hay un abismo. Y me explico.

Esto es lo segundo: la Revelación es la Palabra que Dios mismo ha dirigido a los hombres a través de personas cualificadas por una elección divina, como son los profetas, por ejemplo. O más tarde, los Apóstoles, con san Pablo como el último –como un abortivo, dirá expresamente- al que se le apareció el Señor para confiarle su Iglesia recién nacida.

Y la Palabra de Dios es, por definición -¡no puede ser de otra manera!- VERDAD. Por tanto, no necesitamos “comprobar” more mathematico absolutamente ni una sola de sus Palabras. Uno las podrá creer o las podrá rechazar: ¡allá cada cual!, porque el Señor ha querido correr el riesgo de nuestra libertad. Pero, como dice la Escritura de Dios nadie se burla; y como dice Jesús, corroborando que no hay libertad sin responsabilidad -nos pedirá cuentas, y tendremos que dárselas-: el que crea se salvará, el que no crea se condenará. Pero, eso sí: nadie en su sano juicio puede decir que son “mentira”.

Por lo mismo, a la hora de saber del mundo, lo primero que hay que saber es que ES CREADO por Dios. Es lo primero y lo más importante. Luego vendrán las “ciencias particulares” a decirnos que si el big-bang o lo que quieran -por cierto: siempre y solo podrán hablar del segundo UNO de la historia del mundo, y nunca del CERO, que es el fundamental: este es precisamente el que nos revela Dios, y es lo único absolutamente cierto; lo demás son “teorías” que, como todas, acertarán o no. Claro que sin este dato esencial, los demás ¿para qué nos valen?

Con el hombre pues igual. Lo verdaderamente importante para cada uno de nosotros es que hemos salido de las manos de Dios -mejor: de su Corazón-, porque somos fruto de su Amor. No somos fruto ni del azar, ni del caos, ni de los peces, ni de la evolución, ni de los monos: de Dios y solo de Dios:  ¡hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza! Y si desconocemos -o rechazamos- esto nunca sabremos nada verdadero ni nada que merezca la pena de nosotros mismos ni de los demás; ni siquiera de Dios tampoco, porque nunca sabremos que Dios es Amor. Por cierto, los monos explican muy pocas cosas, y menos sobre estas cuestiones básicas.

La antropología, o la psicología, o la medicina, o las leyes humanas -ideologizadas a tope-, podrán llegar hasta justificar que lo de “hombre” y “mujer” está ya más que superado. Pero siempre nos quedará la Palabra de Dios: Y los creó Dios: varón y hembra los creó. Y esto, como es VERDAD, no tiene vuelta de hoja, y “cura” todas las ideologías, los desvaríos o las gili… que a uno se le puedan ocurrir. Y que se nos ocurren, por supuesto.

Así podríamos seguir, punto por punto, todas las imbecilidades que, a día de hoy -aunque algunas son más viejas que el capitán Trueno-, pretenden tener y mantener -acríticamente, o sea, como borregos:: “corrección política” le llaman- su “carta de ciudadanía” en la cultura y en la sociedad, pero no aguantan ni un somero “encuentro” o contraste en relación con la realidad y la verdad.

De ahí que, desde la Teología, desde la Religión Católica -la única verdadera, porque es la única que nos ha dado Dios-, no tenemos derecho a argumentar con las ciencias “menores”. Mucho menos ponerlas como el único nivel de argumentacion, como si el único que no tiene derecho a decir nada, cuando lo ha dicho todo -todo lo verdaderamente importante de cara a la vida presente y a la Vida Etena de cada uno de nosotros-, es Dios.

¿Vamos ahora a taparle la boca a Dios? Todas las desgracias de la Iglesia -ayer y hoy- han tenido este falso fundamento: que calle Dios y que hablamos los hombres.

Es significativo a más no poder -cuasi proféticas como las de la burra de Balaam- las palabras que escribió Congar al finalizar el CV II. Congar, uno de los muñidores -a las claras y a las oscuras, en las sesiones y en las cloacas-, durante todo el Concilio junto a Küng, de Lubac, Cámara, Schillebeeck, Döfner, etc. Escribió en su Diario: Discurso del Papa [se refiere al discurso final de Pablo VI con el que se cerró el CV II]: muy ‘Ecclesiam suam’: una verdadera declaración de aceptación de base del hombre moderno y del primado de la antropología”.

Y luego pasa lo de los abusos, la pederastia, la deserción, y la desertización.

¡Toma antropología!

Estaba todo allí. En el Concilio. Y se nos ha vendido la burra de que no. Y así nos va: mirando a otra parte, y silbando por las aceras. Y algunos, hasta de orgías homosexs. Otros, orando “Por el Cuidado de la Creación y por el Aire que Compartimos” ¡Que ya hay que tener afición y estar más que motivado!

Rezad por mí

http://www.infocatolica.com/blog/nonmeavoluntas.php.

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