Parábola del náufrago(IV)

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Hay una película muy interesante, no recuerdo el título, ambientada en la Rusia comunista, en la que varias familias conviven como buenamente pueden en unos habitáculos hediondos en los que se comparte cocina y aseo. Es curioso el ambiente que se respira en dichos apartamentos, todos ven la miseria que les rodea, han perdido la intimidad, han perdido el sentido de la verdad y cuando se reúnen deben decir lo felices y contentos que viven. En medio de la miseria y la mentira deben disimular su infelicidad, su hastío y sobre todo deben ignorar la realidad que les rodea. De vez en cuando aparece un disidente que se atreve a decir algo distinto y en pocos días es encarcelado o misericordiado como podríamos decir en un lenguaje más actual. La mayoría de los habitantes son víctimas, les han hecho ver que no valen nada y  que no hay nada por lo que luchar. Muchos de ellos incluso son capaces de ver las cosas buenas que hace el régimen por ellos.

Salvando las distancias debo decir que algo parecido ocurre en esta Iglesia  que parece que avanza a marchas forzadas hacia el precipicio.

Tenemos un papa que quiere cambiarlo todo, hace días me decía una madre muy preocupada, con una hija monja de clausura, que hasta quería cambiar la regla de la clausura; las vírgenes consagradas no necesitan ser vírgenes, la santidad es un naturalismo en la que parece que lo único importante es sonreir y prestarle la sal al vecino, los sacramentos se trituran, se adulteran. El papa recibe a los homosexuales, lesbianas y transexuales pero no a cuatro cardenales que les preguntan dudas sobre una confusa, por no decir herética exhortación. Se abraza delante de miles de personas con una pareja que vive en adulterio pero que son muy felices, se fotografía con unos novios que no quieren casarse , pero que viven juntos y él los felicita porque hay que casarse cuando se está convencido, instala un comedor , con urinarios incluidos, en una catedral para dar de comer a los pobres (será que no había un sitio mejor), cita a San Tomás para justificar sus atropellos a la doctrina del pecado, de la gracia, de la libertad y de la redención, cambia el catecismo para seguir machacando la idea de la justicia y para seguir con su ideología de la mundanidad, compadrea con todos los globalistas y mundialistas que pretenden destruir el cristianismo y la identidad de Europa…En resumen ves cómo el catolicismo que intenta deconstruir no se parece en nada al de hace décadas, pero lo curioso es que miro a mi alrededor y nadie se alarma.

Tengo que decir que esta visión es en parte, solo en parte, fruto del ambiente en el que me ha tocado vivir, quizás demasiado papólatra por metro cuadrado. Y lo que yo creo que es más importante, un ambiente de catolicismo de supervivencia en el que por medio del camuflaje y de quitar una cosa por aquí y adaptar una cosa por allí se ha intentado construir un universo paralelo en el que conseguir estar en perfecta armonía con la verdad y con la herejía, con la continuidad y con la discontinuidad, con lo antiguo y con lo moderno, con el hombre y con Dios, con Cristo llevado a las realidades temporales , pero no con Cristo Rey en los Estados, ni en las sociedades. Y no sólo se ha construido ese universo paralelo, sino que se cree firmemente que esa realidad construida artificialmente es mejor que toda la tradición que cómo un lastre hemos dejado atrás.

Hace días, unos minutos antes de la misa una señora mayor, aprox. unos 70 años se cortaba las uñas con un instrumento llamado redundantemente cortauñas, sentada en primera fila. Pensé en cómo esa señora elegante había llegado a esa situación, hace otros tantos días el sacerdote en misa decidió ser muy inclusivo como se dice ahora, y cuando le tocó pronunciar la fórmula de la consagración intercaló todas y todos, vosotras y vosotros. Hace otros tantos días una señora de muy buena familia y católica de toda la vida me llamo extremista y radical por decir que “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”. Otro sacerdote me razonaba ante mis objeciones que el papa era muy bueno porque había instalado unas duchas en la plaza de San Pedro y que rezaba cuatro horas diarias.

Cuando veo estos detalles me explico en parte porqué cuando el papa dice ciertas cosas y hace ciertos gestos, la gente no se alarma, ni se extraña.

Ayer leía que las desviaciones del cardenal McCarrik eran muy conocidas desde hace años y que los sacerdotes cuando iba a visitar un seminario o una congregación bromeaban con esconder a los que eran guapos. ¿No es acaso vivir una realidad paralela pasar de esto a rasgarnos las vestiduras ante todo lo que está ocurriendo en la Iglesia relacionado con todos los abusos sexuales?¿ Cuándo nos rasgaremos las vestiduras y pasaremos de ignorar o de  bromear sobre los amores de Leticia a darnos cuenta del daño que está causando a la fe y a la Iglesia?

También todos destacaban el carisma, simpatía y afán apostólico de dicho cardenal.  Quizás ese carisma les hacia ignorar las barbaridades que cometía. Se ve que cuando no quieres ver algo, pues te fijas en lo que quieres.

 

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