El colmo de la deslealtad para con Dios es la herejía. Es el pecado de los pecados

papa escribiendo

Hace un par de días leía del blog de Bruno este maravilloso texto de un sacerdote convertido al catolicismo y no dejaba de pensar y de compararlo con el estado de nuestra actual Iglesia y con lo que podríamos llamar el catolicismo conservador del siglo XXI o más que conservador podríamos llamarlo catolicismo acomodado del siglo XXI. El texto es el siguiente:

El colmo de la deslealtad para con Dios es la herejía. Es el pecado de los pecados, lo más odioso de las cosas que Dios contempla desde el cielo en este mundo malvado. Apenas entendemos, sin embargo, lo detestable que resulta. Es la contaminación de la verdad de Dios, la peor de las impurezas.

Aun así, no le damos importancia. Contemplamos la herejía y permanecemos tranquilos. La tocamos y no nos estremecemos. Nos mezclamos con ella y no sentimos temor. Vemos cómo afecta a cosas sagradas y no tenemos sensación de sacrilegio. Aspiramos su olor y no mostramos ninguna señal de rechazo o asco. Algunos buscamos su amistad e incluso atenuamos su culpa. No amamos lo suficiente a Dios como para airarnos por causa de su gloria. No amamos lo suficiente a los hombres como para tener con ellos la caridad de decirles la verdad que necesitan sus almas.

Habiendo perdido el tacto, el gusto, la vista y todos los sentidos celestiales, podemos habitar en medio de esta plaga odiosa, con tranquilidad imperturbable, acostumbrados a su vileza, presumiendo de lo liberales que somos, incluso con cierta diligente ostentación de simpatía y tolerancia.

[…]

Nos falta devoción por la verdad como verdad, como la verdad de Dios. Nuestro celo por las almas es exiguo, porque no tenemos celo por el honor de Dios. Actuamos como si Dios tuviera que felicitarse por nuestras conversiones, en lugar de como almas temblorosas, rescatadas por un despliegue de misericordia.

Contamos a los hombres medias verdades, la mitad que más se ajusta a nuestra pusilanimidad y a su engreimiento, y después nos preguntamos por qué son tan pocos los que se convierten y por qué, de esos pocos, tantos apostatan. Somos tan débiles que nos sorprendemos de que nuestras medias verdades no tengan el éxito de la verdad completa de Dios.

Donde no hay odio a la herejía, no hay santidad”.

P. Frederick William Faber, The Precious Blood, 1860

 

Este texto me hizo reflexionar sobre el cambio que el papa Francisco ha hecho en el catecismo y en cómo ha sido recibido por ese catolicismo “conservador”. En primer lugar a nadie le ha importado. Podríamos decir que Francisco ha roto con la fe de Santo Tomás, de San Alfonso María de Ligorio, de los catecismos desde Trento hasta el actual de Juan Pablo II y con esa unidad de la fe y a nadie le ha importado en absoluto. Decía San Alfonso María de Ligorio  a propósito de la pena de muerte:

 

San Alfonso María de Ligorio:

“DUDA II: Si, y en qué manera, es lícito matar a un malhechor.

Más allá de la legítima defensa, nadie excepto la autoridad pública puede hacerlo lícitamente, y en este caso sólo si se ha respetado el orden de la ley […] A la autoridad pública se ha dado la potestad de matar a los malhechores, no injustamente, dado que es necesario para la defensa del bien común” (San Alfonso María de Ligorio, Theologia Moralis)

“Es lícito que un hombre sea ejecutado por las autoridades públicas. Hasta es un deber de los príncipes y jueces condenar a la muerte a los que lo merecen, y es el deber de los oficiales de justicia ejecutar la sentencia; es Dios mismo que quiere que sean castigados” (San Alfonso María de Ligorio, Instrucciones para el pueblo)

La pena de muerte no se justifica por la mera necesidad de proteger a la sociedad, sino que posee además un carácter retributivo al restablecer un orden moral vulnerado, teniendo además un valor expiatorio, como en el caso del Buen Ladrón, que lo unió al supremo sacrificio de Nuestro Señor.

 

Como decía Roberto de Mattei:

“El nuevo rescriptum del Papa Francisco expresa el evolucionismo teológico condenado por San Pío X en la encíclica Pascendi y por Pío XII en la Humani generis, que no tiene nada que ver con el desarrollo homogéneo del dogma del que habló el cardenal John Henry Newman. La condición indispensable para el desarrollo del dogma es que las nuevas afirmaciones teológicas no contradigan la enseñanza anterior de la Iglesia, sino que se limiten a explicarla más y profundizar en ella.”

Hoy todo esto al católico de nuestro tiempo le importa muy poco. Ya pueden entrar y desmantelar la Iglesia que él permanecerá impasible porque para él la Iglesia ha pasado a ser algo secundario que de forma tangencial influye en su manera de ver, de pensar y en su mentalidad. No le importa que entre un ladrón, para este católico las verdades de fe le importan muy poco y sobre todo si es una, que nunca ha llegado a entender porque en este mundo hedonista , la expiación, la cruz y la muerte es algo que si pasa de largo mejor y si lo quitan del catecismo ya , ni te digo.

El otro razonamiento es que la herejía , si es con autorización papal, pues deja de ser herejía y así estamos…

Señor, ¿quién protegerá tu Iglesia? Cuéntanos entre tus elegidos.

 

 

 

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