Apostillas críticas al personalismo, 1 -autodeterminación y valores

noche estrellada

Buscar las causas de esta crisis no es tarea de un día, como bien sabemos el error tiene muchos pliegues, no así la Verdad que se presenta Una y Luminosa.

Son muchos quienes han seguido filosofías erróneas y a la vista están los frutos de sus fallidos caminos. Dice Danilo Castellano en su crítica del personalismo:

Pero lo que probablemente más ha motivado el razonamiento crítico de Castellano contra el personalismo, del cual extrae su juicio extremadamente negativo de esta tendencia, es que a ella se debe la decadencia doctrinal al que han llegado un número importantísimo de eclesiásticos. Allí donde fracasaron los intentos de conciliar la modernidad con el catolicismo triunfó el personalismo, sobre todo gracias a la figura de Maritain, que «fue quien favoreció el paso de la cristiandad contemporánea de lo antimoderno a la modernidad». Él «ha sido (con seguridad de hecho) el instrumento de la cultura política de origen protestante para el paso de la cultura política católica a la democracia moderna», es decir a la aceptación de que «la democracia como fundamento del gobierno es la única forma de gobierno legítima». Al personalismo se debe la substitución, entre muchos eclesiásticos, de la idea clásica de libertad de la religión, esto es, de la única religión verdadera, por la idea de libertad de religión, que lleva consigo la idea de laicidad. El personalismo, en una palabra, es causa principal de la penetración en la Iglesia del humo de Satanás.

Les dejo con el texto de Alonso Gracián:

Apostilla, según la RAE, es acotación que comenta, interpreta o completa un texto.

Los textos acotados, en esta serie, son textos personalistas, pasajes relevantes de esta escuela. Una escuela privada, con la que se puede discrepar responsablemente, porque no es identificable con el magisterio. Es solamente una perspectiva intelectual, una filosofía y una teología, incluso una psicología, a la que no estamos obligados en modo alguno por ser católicos. Porque es una escuela privada y opinable.

En su equivocidad, hay conceptos personalistas que confunden. En su ambigüedad, pueden interpretarse en un sentido o en otro, dar problemas, ser instrumentalizados con fines heterodoxos, como hizo, por ejemplo, Berhard Häring.

Este carácter anfibológico puede ser utilizado para la heteropraxis, o para una ortodoxia débil de perfil bajo, al margen, a menudo, de la intención original de sus autores.

Es necesaria, por tanto, una sana crítica de sus puntos débiles. Porque, tras Amoris laetitia, el personalismo, o mejor dicho los personalismos, cada cual en distinto grado, han colapsado.

Desde el momento, por ejemplo, en que algunos personalistas de renombre afirman, sin ambages, que es mejor no utilizar el concepto de alma, es que se están traspasando indebidamente ciertos límites conceptuales.

Los personalismos tuvieron su momento de gloria, pero han entrado en crisis. A partir de la exhortación apostólica postsinodal, los principios personalistas, utilizados con excesiva imprudencia y equivocidad para justificar y reforzar las tesis del capítulo VIII, han implosionado. Es preciso, por tanto, mostrar las lagunas de su asistematismo antiescolástico, de sus prejuicios contra el pensamiento clásico aristotélico-tomista, fuera del cual es muy fácil perderse. Porque una excesiva aproximación al pensamiento moderno es, a todas luces, imprudente.

Es urgente una saludable revisión, por ello, para salud y humilladero de la mente católica, de todas estas nociones asumidas acríticamente, como si fueran magisterio, sin serlo. Aprovechar lo bueno y positivo, rechazar y corregir lo erróneo, defectuoso, confuso o extraño.

En esta labor, documentos excepcionales de la doctrina católica tradicional, como Libertas praestantissimum, la magistral Veritatis splendor, o Humanae vitae, son hitos que nos sirvirán de ayuda para salir de esta crisis.

APOSTILLA I

«la autodeterminación (de la persona) – o, en otras palabras, la libertad – no se limita a la dimensión accidental, sino que pertenece a la dimensión sustancial de la persona» (Karol WOJTYLA, Estructura personal de la autodeterminación)

El pasaje puede entenderse mal, mueve a confusión. Porque muchos pueden pensar, sin duda contra la intención de su autor, que el hombre puede autodeterminarse, también, en el plano sustancial, es decir, que la persona puede llegar a ser lo que quiera; que la persona es libre para modificar, redefinir, autoconstruir su esencia.

Los personalismos, en general, aun los más abiertos a la metafísica, como es el de Wojtyla, tienen problemas con el orden ontológico. Como observamos, por ejemplo, en Mounier, cuyo concepto de persona, aunque no pretenda ser antisustancialista, lo es, de hecho. Mounier desustancia a la persona.

La cuestión estriba en que parece que se afirma que el hombre puede llegar a ser lo que él quiera. Porque, si la libertad es autodeterminación, y esta autodeterminación «pertenece a la dimensión sustancial» de la persona, entonces es de lógica pensar que se está diciendo que el hombre puede autodefinirse, y que esta autodefinición es, precisamente, la libertad.

Esta forma de referirse a la autodeterminación experiencial y subjetiva, en definitiva, como algo que puede proyectarse al plano sustancial, puede propiciar que la perspectiva clásica y tradicional, aristotélico tomista, parezca excesivamente objetivista al católico de hoy.

APOSTILLA II

«Concebir la voluntad meramente como un “querer” que se dirige hacia un objeto correspondiente (por ejemplo, hacia un valor que es también un fin) no explica plenamente su dinamismo. Semejante análisis apunta solamente a un aspecto de la voluntad y a un aspecto de la trascendencia que le es propia. Un acto de voluntad es un acto de un sujeto dirigido hacia un objeto; más precisamente, es un acto de una facultad de un sujeto dirigido hacia un valor que se ha querido como un fin y que es también, por lo tanto, un objeto de propósito.» (Karol WOJTYLA, Estructura personal de la autodeterminación)

El pasaje, de nuevo, puede malinterpretarse y mover a confusión. Lo cierto es que, al confundir bienes con valores, puede creerse que subjetiviza el acto de la voluntad y lo desliga, de nuevo, del orden del ser, desustanciando el acto de la libertad.

Porque el acto de la voluntad no está dirigido hacia un valor que la voluntad quiere, sino hacia un bien que la razón propone a la voluntad, y que ésta desea. La voluntad desea bienes. Si desea valores por sí misma, autodeterminándose a ellos como si fueran fines, no se está dejando guiar por el entendimiento, sino siguiendo meramente el impulso de su deseo. Hay, por tanto, o parece haber, no está claro, un voluntarismo de fondo que vicia de subjetivismo esta forma de fundamentar el acto libre. Voluntarismo fundado en la experincia subjetiva, que arroja sospechas de objetivismo, de nuevo, sobre el pensamiento tradicional.

Hay que recurrir a la explicación, como siempre, de León XIII en 1888, en Libertas praestantissimum, 5, que es ejemplar, y aporta mucha luz.

-En primer lugar, el movimiento de la voluntad «es imposible si el conocimiento intelectual no la precede iluminándola como una antorcha», o sea, que la voluntad no puede autodeterminarse al valor que desea, porque necesita primero de la luz del entendimiento, que ha de proponerle el bien que debe alcanzar. Esta preeminencia del entendimiento es ignorada por los personalismos, que dan mayor relevancia a la voluntad, conforme al subjetivismo de la teoría de los valores, inspirada en Scheler.

En segundo lugar, lo que en realidad desea la voluntad no es un valor, sino un bien, que «es necesariamente bien en cuanto conocido previamente por la razón», y no, como parece afirmar el personalismo, un valor “conocido” por la experiencia, un valor experimentado.

Por tanto, el fin de la libertad no es alcanzar un valor o los valores que el sujeto prefiere o experimenta. Porque «la libertad, lo mismo que la voluntad, tiene por objeto un bien conforme a la razón.» El fin de la libertad, como queda dicho, es la elección del bien en orden al fin último, que es Dios.

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1807281042-281#more36317

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