El colapso del humanismo

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(infocatólica)

1.- Con el humanismo contemporáneo la doctrina del pecado original adopta un perfil bajo, como la gracia, reducida a colaboradora del hombre. Porque, supuestamente, Dios respeta nuestra libertad, tanto, que es mero espectador. ¿No parece, acaso, que para los personalistas, la voluntad es causa primera y única, y no segunda?

El P. Castellani relaciona con mucho tino pelagianismo y humanismo postmodernista:

«El pelagianismo negaba de un modo u otro la gracia; y es importante por ser el padre del naturalismo o modernismo actual. Pelagio, que era un espléndido inglés residente en Roma, una especie de Maritain de aquel tiempo (siglo IV), enseñó primero que la gracia de Dios, de que tanto habla San Pablo, era simplemente la naturaleza que Dios dio al hombre; y más tarde añadió que sí había una ayuda de Dios, pero no era necesaria sino solamente facilitante, “adjuvante”, ayuda; no para poder salvarnos sino para poderlo más fácil. Negando la gracia, negaba el pecado original y, lógicamente, también la Redención de Cristo, que se volvía superflua; aunque él nunca lo dijo así. Los errores de Pelagio reaparecen en Maritain.

»Fray Alberto García Vieyra, escribe al respecto: “El Humanismo Cristiano, que tiene sus orígenes en el humanismo integral de Jacques Maritain, (muestra) aversión a lo sobrenatural: no tolera más que una fe subjetivista, en el fuero interno, y tiene una concepción naturalista de las instituciones sociales y políticas. Tal concepción humanista o pluralista ha paralizado y corrompido todas las fuerzas reales del apostolado católico, llevándole a la pendiente de las concesiones, de la tolerancia, de los silencios cómplices”».

A continuación, el P. Castellani enumera las notas distintivas de este humanismo colapsado, muy a propósito del personalismo posconciliar:

«Las notas distintivas de este humanismo son las siguientes: 1) Silencio frente al error y frente a la herejía. 2) Complejo anticlerical. 3) Actúa en política, pero todo su interés está en prescindir de la fe, y reducirse al plano de lo temporal. 4) Personalismo. Persona humana por activa y por pasiva: es la suprema razón de ser de todas las cosas; el Reino de Jesucristo en el mundo, con sus legítimas exigencias para el hombre, queda como una verdad poco menos que archivada, o por lo menos impracticable. El Humanismo incurre así en Pelagianismo, o por lo menos, no toma en cuenta la necesidad de la gracia para sanar la naturaleza humana y superar sus problemas. La persona humana se considera únicamente como sujeto de derecho y libertades absolutas, callando las exigencias de la fe y del orden sobrenatural. El Naturalismo actual es Pelagianismo radical y es la gran herejía moderna» (Leonardo CASTELLANI, Domingueras prédicas II, Mendoza, Jauja, 1998, págs. 156-157).

2.- Paréceme a mí que todo esto, especialmente en su versión político-social, no es más que liberalismo. Se le puede llamar naturalismo, racionalismo (a menudo irracionalista), pelagianismo, humanismo, y sobre todo personalismo. Pero es necesario conservar el término: liberalismo, sí, el que condena León XIII.

Especialmente oportunas son las palabras del P. José María Iraburu, recordándonos la importancia de conservar el calificativo respecto al liberalismo y sus derivados:

«En mi opinión, el término de liberalismo, consagrado por el Magisterio apostólico, debe mantenerse –y se mantiene (38)–, porque es más exacto que otros equivalentes. El naturalismo es palabra sin sentido en los sistemas modernos que niegan un orden natural. Hablar de política racionalista es inadecuado, cuando quienes la propugnan niegan a la razón el poder de llegar a conocimientos objetivos de la verdad. Y el laicismo es término muy equívoco, pues laicos son precisamente los católicos.»

Y a continuación, en un pasaje luminoso:

«El liberalismo fundamenta la autoridad de los gobernantes exclusivamente en el hombre, en su libertad –la soberanía popular, la mayoría de los votos, el partido único o el gran jefe popular o dinástico–. Las leyes, igualmente, se apoyan sólo en el hombre–”seréis como dioses, conocedores [determinadores] del bien y del mal” (Gén 3–), en una mayoría de votos, en un partido carismático, en lo que sea, pero siempre en un positivismo jurídico absoluto, en un relativismo cambiante que rechaza la soberanía de Dios y a veces su misma existencia, y que no mantiene sujeción alguna a los presuntos valores morales de un orden natural objetivo.» (José María IRABURU, (97) Católicos y política –III. principios doctrinales. 1)

Danilo Castellano, en este sentido, insiste en la raíz liberal del humanismo naturalista de los personalismos. Lo sintetiza así José Miguel Gambra:

«el personalismo viene a identificarse con el subjetivismo individualista moderno, que sirve de base a la concepción política y jurídica del liberalismo. Estas observaciones, que evidencian las diferencias de la antropología clásica y de la personalista, permiten avizorar la gran distancia que entre ellas existe en lo que se refiere a la concepción de la sociedad.»

«El personalismo, en efecto, no es sólo una forma de individualismo y un retorno a las doctrinas liberales condenadas por la Iglesia hasta mediados del siglo XX, sino que los caracteres que arriba se han visto hacen de él la versión más radical, la culminación, el no va más, en la dirección mercada por la modernidad débil: «El personalismo contemporáneo es una forma de liberalismo radical o si se prefiere la confirmación y el reforzamiento del individualismo moderno» (79); porque «propone asegurar a la persona la realización de sus deseos y de sus proyectos, de todos sus deseos y de todos sus proyectos, por medio del Estado»; y porque lo que los juristas llaman principio personalista «representa la evolución máxima del principio liberal-democrático en el sentido de que no es posible ir más allá sin vaciar de contenido la propia experiencia jurídica moderna» (José Miguel GAMBRA, La crítica del personalismo en Danilo Castellano, Verbo, núm. 537-538 (2015), 751-773.)

Todo parece indicar que el humanismo personalista, en general, ha colapsado. Muy especialmente en su versión sociopolítica. Y es que cuando el pensamiento católico gira en torno de los derechos (o mejor dicho pretensiones) de la subjetividad, y no en torno a la soberanía objetiva de Dios, se vuelve tan obtuso que la ley moral le parece un obstáculo, y la misericordia un cheque en blanco.

http://www.infocatolica.com/blog/mirada.php/1807300623-282

Un comentario

  1. Así es. El personalismo se ha estudiado como filosofía católica y al final han desvirtuado la identidad católica. Cuando sustituyes la filosofía de santo Tomás por el personalismo es lo que pasa.

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