El liberalismo católico, la verdadera plaga.

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La religión en el punto de mira de la ministra de educación. Ella sólo cree en la libertad individual. Como muchos católicos que solo reclaman para la Iglesia una precaria libertad, en una sociedad fundada sobre la voluntad del hombre y no sobre la voluntad de Dios.

 

Un autor francés Monseñor Gaume, cercano a Pio IX, definía así la Revolución: “Si arrancando la máscara de la revolución le preguntas: “¿Quién eres tú?”, ella diría “Yo no soy lo que tú crees. Yo no soy ni el carbonario, ni el cambio de monarquía en república, de una dinastía a otra, ni los gritos de los jacobinos, ni los furores de los montañeses, ni las barricadas, ni las guillotinas; no soy Marat, Robespierre, Babeuf, Mazzini. Éstos son obras mías, pero no soy yo. Estos hombres y estas cosas son hechos transitorios; yo soy un estado permanente. Yo soy el odio de todo orden religioso y social que el hombre nuevo ha establecido, yo soy la proclamación de los derechos del hombre contra los derechos de Dios, yo soy Dios cambiando de lugar, reemplazado por el hombre. Tal es el motivo por el que me llaman Revolución, es decir trastorno, porque coloco en alto lo que según las leyes debería estar abajo y pongo abajo lo que debería estar arriba.

La revolución está ya entre nosotros, campa a sus anchas, coloniza las mentes de laicos y sacerdotes, desde arriba hasta abajo.

La revolución es saber que hay una mafia gay dentro de la Iglesia”, según el sacerdote polaco Dariusz Oko, que en 2012 publicó un vídeo denuncia contra la ‘homoherejía’, en declaraciones a la web Church Militant.

La revolución es ver a católicos a favor de la democracia liberal atacando el reinado social de Cristo.

La revolución es que no oigas a ningún sacerdote hablar de derechos de Dios, solo existen para ellos los derechos del hombre.

La revolución es preocuparse de salvar la tierra y no preocuparse de salvar las almas.

La revolución es decir una cosa y la contraria.

La revolución es dejarse conquistar por el lenguaje mundano, ocultar el pecado y hablar en términos que esclavizan y no en términos de vida y gracia.

Esta revolución tiene su origen en el protestantismo y en el renacimiento. En esos liberales que consideran la libertad individual como el bien supremo del hombre y aplican al orden político y social los principios filosóficos del naturalismo y del racionalismo emancipando el orden temporal del sobrenatural.

El otro día todos los colegios concertados se alarmaban ante las declaraciones de la ministra de educación. Ella en representación de la bestia liberal se adhiere al principio de su libertad individual y considera que la religión estorba, es inútil y es el opio del pueblo. Por eso hay que eliminarla de los colegios, del curriculum, de la faz de la tierra…

Deberíamos hacer exámen de conciencia hasta qué punto hemos alimentado y/o no hemos combatido lo suficiente esos derechos humanos que en nombre de la libertad, igualdad y fraternidad despojan a Dios de sus derechos. Hemos alimentado unos derechos humanos sin raíz en la ley natural impresa en el corazón de los hombres. Unos derechos que hunden sus raíces en el libertinaje. Ayer fue el derecho a abortar, hoy es la educación. Mañana qué será?

Ideas sacadas del libro: El modernismo del padre Alfredo Saéz

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