Ocultando los restos del naufragio (V) Hay que elegir entre Estado católico o partido católico declaradamente confesional y beligerante. Alvaro D´ors

felipe gonzalez

 

Dice Javier Navascues : “Lamentablemente es frecuente en España oír, incluso a buenos católicos, referirse a Felipe González con benevolencia, casi con nostalgia como un presidente patriota que, aunque era de izquierdas, gobernó con moderación y sin perseguir a los católicos. Es una visión buenista y muy alejada de la realidad, pues no podemos olvidar el daño que hizo a la fe católica y a las buenas costumbres. Y lo peor de todo es que el gobierno de Pedro Sánchez va a ser mucho más agresivo contra el catolicismo. Podeis leer uno de los artículos de este autor titulado: Medidas antirreligiosas del gobierno de Felipe Gónzalez 1982-1996(1)

 

Seguirá Alvaro DÓrs arrojando luz sobre realidades que el CVII ha oscurecido y muchos que deberían haber protegido el legado, lo han malgastado, despreciado y adulterado. Ellos se han convertido en ciegos, guías de otros ciegos. Muchos  católicos prefieren vivir bajo el dominio de la bestia liberal que aferrarse a la doctrina social de la Iglesia.

 

Partido confesional y Estado confesional.

 
Pero volvamos a la libertad política. Ante la amenaza de par-
tidos políticos contrarios a la libertad de la Iglesia, ¿qué sentido
puede tener la libertad de opción de partido político? Porque el
que los fieles se repartan, en uso de tal libertad, entre par t i d o s
minoritarios no sirve más que para dividir la posible fuerza de los
que deben defender a la Iglesia. ¿No será más prudente unirse en
un solo frente para impedir el dominio del partido hostil a la igle-
sia? De hecho, el problema, que se da efectivamente en la vida
política de las democracias, suele resolverse con la intervención de
la misma Iglesia en peligro, que alerta a los católicos con el fin de
que no abusen de su libertad política y procuren, en cambio,
aunarse para poder combatir al partido enemigo; es decir: se
impone a la Iglesia una discriminación del enemigo, y, en este
sentido, no puede abstenerse de la política. De esta suerte, surge
espontáneamente la necesidad de un único partido confesional
f a v o rec ido por la Iglesia; y no basta entonces que este partido se
rotule “ c r i s t i a n o ” o “c a t ó l i c o ”, sino que es menester que sea real-
mente y declaradamente confesional y beligerante. ¿ Cuándo deja de ser necesario el partido confesional y se  puede practicar la libertad política sin mayor escrúpulo? Cuan do la Iglesia, defensora del derecho natural, no sufre hostilidad. Pero
esta exclusión de la hostilidad contra la Iglesia sólo se puede con-
seguir en un Estado que sea confesionalmente católico, que no tolere la existencia de una fuerza contraria a la Iglesia y al derecho  natural. Nos encontramos así con esta alternativa: o hay un  Estado católico, y entonces se puede dejar libre la opción política,
o no lo hay y existe el riesgo de hostilidad, y entonces hay necesi-
dad de un partido confesional que haga frente a tal hostilidad. En
o t ros términos: hay que elegir entre Estado católico o partido
c a t ó l i c o . Pe ro esta alternativa de confesionalidad se enlaza con la
cuestión de la libertad religiosa. Son dos cuestiones, como se ha
dicho, distintas, pero que no pueden separarse, ya que hemos lle-
gado a ver la necesidad de un Estado católico para que los católi-
cos puedan disfrutar de la libertad política.

(1)http://www.infocatolica.com/?t=opinion&cod=32562

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