La libertad política y la religiosa .ÁLVARO D’ORS

isabel

 

Ayer nos levantábamos con esta noticia: La ministra de Educación y portavoz del Gobierno de España, Isabel Celaá, ha afirmado que la futura asignatura de valores cívicos tendrá contenidos feministas. Respecto a la asignatura de religión, la mantendrá como evaluable pero no contará para la nota media.

¿Entiende Isabel Celaá el concepto de libertad?

Dice la ministra sobre la futura asignatura que «obviamente el feminismo, estudiar el mundo desde los valores de la mujer, es algo que tiene que entrar en esos valores cívicos y éticos, y tendrá su ubicación»La ministra ha indicado que «los valores cívicos y éticos son universales», por lo que la futura asignatura «no puede ser la alternativa a la religión».

¿Qué entenderá esta señora por valores cívicos y éticos?¿ Será ella quien decida qué valores son éticos y cuales no?

 

Valga esta introducción para seguir explicando el concepto de libertad política de la mano de Álvaro d´ors:

 

 

Así, la libertad política y la religiosa deben entenderse como referidas a un
concreto derecho de actuar, en lo político o en lo religioso, sin
infringir unos límites de licitud, porque la existencia de unos
limites de licitud es indispensable para que se pueda hablar de un
derecho, sin caer en una absurda ausencia de concreción, o liber-
tinaje, pues también el libertinaje precede de una confusión entre
la  libertas indivisible y las libertades concretas, que, por su misma
naturaleza, no pueden ser ilimitadas. Esta diferencia es importan-
te para entender lo que se dirá a continuación, ya que las liberta-
des política y religiosa sólo pueden concebirse como limitables.

Cuestión aparte es la de en qué medida estas facultades con-
cretas son o no de derecho natural, pues es claro que una supre-
sión del derecho natural, aunque no atente contra la l i b e r t a s– p o r
ejemplo, la ley del divorcio–, puede considerarse como “injusta ” ,
es decir, como contraria al ius, concretamente al ius naturale. Lo
paradójico es que, actualmente, los que parecen más celosos
 defensores de las libertades concretas son precisamente los que no
admiten la existencia de un derecho natural. Se les podría p re g u n-
tar acerca del fundamento que tienen para afirmar la necesidad
del reconocimiento de determinados derechos, y su re s p u e s t a
sería, seguramente, la de que se trata de exigencias de la
Democracia, no del derecho natural, que ellos niegan, sin advertir que lo que con ello hacen es erigir un accidental régimen de  gobierno en exigencia de una superior justicia, que sólo puede defenderse como “n a t u r a l” .
Hasta qué punto esa substitución de lo natural por la volun-
tad de la mayoría es un recurso del todo artificial podrá apreciar-
se por cuanto se dirá a continuación sobre las libertades política y
religiosa, que son distintas, pero se hallan íntimamente re l a c i o n a-
das entre sí.

En efecto, la libertad política, en principio, consiste
en poder optar por la adhesión al grupo de presión política que la
voluntad pueda elegir, y la libertad religiosa, en poder optar por
la confesión pública de una determinada manifestación religiosa.
Conviene considerar separadamente ambas facultades, para luego
ver la relación que existe entre ellas.

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