Jesús es el único necesario Salvador de todos. Giacomo Biffi

libro giacc

A propósito de las entradas sobre dragones, caballeros y damas de nuestro colaborador Miguel Sanmartín, he recordado un libro del cardenal Giacomo Biffi. 

La bella, la bestia y el caballero

Ensayo de teología inactual

Giacomo Biffi

Las motivaciones pastorales de este libro son el malestar que

innegablemente serpentea en el seno de la cristiandad y las constantes

tentaciones contra la esperanza. En él quiere ofrecer a los creyentes un

diagnóstico y una terapia. El diagnóstico se elabora señalando

esquemáticamente los `ídolos` que, encumbrados sobre el pedestal de las

modas culturales hodiernas, nos exigen un culto arbitrario. La terapia consiste

en la propuesta de recuperar la integridad espiritual e intelectual propia de

creyente. Para mantener y reavivar la esperanza, se ofrecen tres mediaciones

teológicas consideradas como las más necesarias para recuperar la salud: el

sentido del mal y nuestro compromiso de lucha; la victoria de Cristo, que es

cierta y está ya en acto; la belleza del designio eterno de Dios, que se realiza

en la vida eclesial.

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El cardenal Biffi vivió con especial sufrimiento la crisis en la que vivía sumergida la Iglesia, era una crisis en la que veía como la Iglesia postconciliar iba perdiendo su identidad, iba despojándose como lastre de todo aquello que la había hecho sal y luz del mundo.

Escribió varios libros, algunos de ellos impregnados del gran sentido del humor que lo caracterizaba.

Basten estas palabras para introducir unas entradas sobre este cardenal pronunciadas el viernes 15/04/2005 en una reunión de Cardenales, poco antes del comienzo del Cónclave que eligió al actual Papa, Benedicto XVI:.

Quisiera decir al futuro Papa que preste atención a todos los problemas. Pero primero y más todavía que se dé cuenta del estado de confusión, de desorientación, de descarrío que aflige en estos años al pueblo de Dios, y sobre todo que aflige a los ‘pequeños’ .

Hace unos días escuché en la televisión a una religiosa anciana y devota que respondía así al entrevistador: ‘Este Papa, que ha muerto, ha sido grande sobre todo porque nos ha enseñado que todas las religiones son iguales’. (1) No sé si a Juan Pablo II le hubiese gustado mucho un elogio como ése.

En fin, quisiera señalar al nuevo Papa el caso de la ‘Dominus Iesus’: un documento explícitamente de acuerdo y públicamente aprobado por Juan Pablo II; un documento por el cual me gusta expresar al cardenal Ratzinger mi vibrante gratitud. Que Jesús es el único necesario Salvador de todos es una verdad que en veinte siglos –a partir del discurso de Pedro después de Pentecostés– no se había escuchado la necesidad de reclamar jamás. Esta verdad es, por decir así, el grado mínimo de la fe; es la certeza primordial, es entre los creyentes el dato simple y más esencial. En dos mil años no ha sido jamás puesta en duda, ni siquiera durante la crisis arriana y ni siquiera con ocasión del descarrilamiento de la Reforma protestante.

El haber tenido que recordarla en nuestros días nos da la medida de la gravedad de la situación hodierna. Sin embargo este documento, que reclama la certeza primordial, más simple, más esencial, ha sido contestado. Ha sido contestado en todos los niveles: en todos los niveles de la acción pastoral, de la enseñanza teológica, de la jerarquía. Me contaron de un buen católico que propuso a su párroco hacer una presentación de la ‘Dominus Iesus’ a la comunidad parroquial. El párroco (un sacerdote por lo demás excelente y bien intencionado) le respondió: ‘Olvídalo. Ése es un documento que divide’. ‘Un documento que divide’. ¡Gran descubrimiento! Jesús mismo ha dicho: ‘Yo he venido a traer la división’ (Lc 12,51). Pero demasiadas palabras de Jesús resultan hoy censuradas por la cristiandad; al menos por la cristiandad en sus partes más locuaces”.

(Giacomo Biffi, Memorie e digressioni di un italiano cardinale [Memorias y digresiones de un italiano cardenal], Cantagalli, Siena, 2007, pp. 614-615; fuente: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/173182?sp=y).

(1) Quizás estas declaraciones de esta anciana religiosa a la que se refiere el cardenal Biffi indica el grado de gravedad de los encuentros de Asís promovidos por Juan Pablo II, que siguieron organizándose posteriormente y que dejaron algunas de las imágenes más tristes que un católico pueda imaginar. Y que la justificación para dichos encuentros, sin antecedentes en la historia de la Iglesia fueron “que la Iglesia era ahora más consciente de sí misma”. En concreto, desde el Vaticano II. Johannes Dörmann recuerda en su magnífico ensayo el discurso de apertura de las jornadas de Asís de Juan Pablo II y como se esfuerza en el mismo en negar el indiferentismo religioso que pueda parecer trasmiten dichas jornadas. No sería necesario negar nada si fuese tan evidente. Como muy bien dice en su blog iotaunum, (http://iotaunum.com/), el problema no es sólo el ecumenismo de Francisco sino el ecumenismo promovido después del CVII y que acarreó el indiferentismo religioso, la falta de vocaciones, la paralización de las conversiones y que ahora para Francisco dando una nueva vuelta de tuerca habla del proselitismo como enemigo del ecumenismo. ¿Puede caber mayor delirio?

 

Nota del blog: No quiero ni pensar qué diría el cardenal Biffi en estos momentos de zozobra bajo el pontificado de Francisco .

 

 

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