La papolatría y el papanatismo practicada por muchos sacerdotes causa un grave daño a la fe.

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Hace días comentaba un sacerdote que era pecado criticar el CVII, que atacarlo era atacar la infalibilidad papal y que no se podía pasar a comulgar si se critica dicho concilio. Realmente el ultramontanismo es un grave problema en  algunas personas, especialmente peligroso y grave en algunos sacerdotes.

A nuestras mentes y a las de tantos otros nos han ido haciendo  pasar siguiendo las modas papales del humanismo mariteniano de Pablo VI con su perjudicial influencia , a la influencia de algunos aspectos del personalismo como filosofia, solo por la única razón de que Juan Pablo II y Benedicto XVI eran personalistas y ahora con su gran flexibilidad mental son capaces de pasar a la Iglesia del Nuevo Paradigma sin pestañear. Son Montinianos, Wwojtylianos , Raztzingerianos y Bergoglianos . Su fe va mudando según las modas del momento y su espíritu crítico queda anulado en aras de la infalibilidad papal mal entendida. ¿Tú qué piensas?; Lo que piensa el papa.¿ Tu qué lees?, lo que lee y escribe el papa ¿Para qué pensar si el papa piensa por mí?

Hace semanas el padre Aberasturi escribía en su blog si estaba prohibido pensar en la Iglesia católica y después de que este pontificado va arrasando con todo, es increíble, pero no deja títere con cabeza. Ahora tenemos que  poner a prueba nuestra fe y devoción en los santos que la Iglesia eleva a los altares, con la vileza de la beatificación de obispo Satanelli , como algunos lo llamaban, o al menos el atrevimiento de su puesta en marcha.

Podríamos decir que lidiar con la Iglesia postconciliar y con todo el rastro que ha dejado detrás es tarea de soldados de Cristo. Por desgracia como hemos dicho en entradas anteriores el mayor problema de muchos sectores del catolicismo es que están desactivados para la batalla, no se consideran Iglesia militante, se han contagiado de la modernidad . Creen que la modernidad ha traído la paz, el diálogo, el amor y se consideran superiores a todos esos santos que nos precedieron y que no dejaron de luchar en el bando de la Luz y la Verdad.

Cómo vieron la Iglesia postconciliar Plinio Correa, Pablo VI, Juan Pablo II y el Cardenal Ratzinger?.

Decía Plinio Correa sobre el Concilio Vaticano II:

 

La obra de ese Concilio no puede estar inscrita, en cuanto efectivamente

pastoral, ni en la Historia, ni en el Libro de la Vida.

Es penoso decirlo. Pero la evidencia de los hechos señala, en

este sentido, al Concilio Vaticano II como una de las mayores calamidades,

si no la mayor, de la Historia de la Iglesia.(…)

 

 

Sobre las calamidades en la fase post-conciliar de la Iglesia es de

fundamental importancia la declaración histórica de Pablo VI en la

Alocución ‘Resistite fortes in fide’, del 29-VI-1972, que citamos aquí

en la versión de la Poliglotta Vaticana: “Refiriéndose a la situación

de la Iglesia de hoy, el Santo Padre afirma tener la sensación de que

‘por alguna fisura haya entrado el humo de Satanás en el templo de

Dios’. Hay —transcribe la Poliglotta— la duda, la incertidumbre, lo

complejo de los problemas, la inquietud, la insatisfacción, la confrontación.

No se confía más en la Iglesia; se confía en el primer

profeta profano [extraño a la Iglesia] que nos venga a hablar, por

medio de algún diario o movimiento social, a fin de correr atrás de él

y preguntarle si tiene la fórmula de la verdadera vida. Y no nos damos

cuenta de que ya la poseemos y somos maestros de ella. Entró la

duda en nuestras conciencias, y entró por ventanas que debían estar

abiertas a la luz. (…)

También en la Iglesia reina este estado de incertidumbre. Se creía

que, después del Concilio, vendría un día asoleado para la Historia

de la Iglesia. Vino, por el contrario, un día lleno de nubes, de tempestad,

de oscuridad, de indagación, de incertidumbre. Predicamos

el ecumenismo, y nos apartamos siempre más los unos de los otros.

Procuramos cavar abismos en vez de llenarlos.

¿Cómo sucedió esto? El Papa confía a los presentes un pensamiento

suyo: el de que haya habido la intervención de un poder adverso.

Su nombre es el diablo, este misterioso ser al que también

alude San Pedro en su Epístola1.

  1. Cfr. Insegnamenti di Paolo VI, Tipografía Poliglotta Vaticana, vol. X,

 

  1. S. Juan Pablo II trazó también un panorama sombrío de la

situación de la Iglesia: Es necesario admitir de manera realista y

con profunda y sentida sensibilidad que los cristianos hoy, en gran

parte, se sienten perdidos, confundidos, perplejos y hasta desilusionados:

fueron divulgadas pródigamente ideas que contrastan con la

Verdad revelada y desde siempre enseñada; fueron difundidas verdaderas

y propias herejías, en el campo dogmático y moral, creando

dudas, confusiones y rebeliones; se alteró incluso la Liturgia; sumergidos

en el ‘relativismo’ intelectual y moral y por consiguiente

en el permisivismo, los cristianos son tentados por el ateísmo, por el

agnosticismo, por el iluminismo vagamente moralista, por un cristianismo

sociológico, sin dogmas definidos y sin moral objetiva” 2.

 

En un sentido semejante se pronunció posteriormente el Emmo.

Cardenal Joseph Ratzinger, Prefecto de la Sagrada Congregación para

la Doctrina de la Fe: “Los resultados que se siguieron al Concilio

parecen cruelmente opuestos a las expectativas de todos, comenzando

por las del Papa Juan XXIII y después de Pablo VI. (…) Los Papas

y los padres conciliares esperaban una nueva unidad católica y

en vez de eso se fue al encuentro de una disensión que —para usar

las palabras de Pablo VI— pareció pasar de la autocrítica a la auto-demolición. Se esperaba un nuevo entusiasmo y en lugar de él se acabó con demasiada frecuencia en el fastidio y en el desánimo. Se esperaba un salto hacia adelante y en vez de eso nos encontramos ante un proceso de decadencia progresiva (…).

 

  1. Alocución del 6-II-1981 a los Religiosos y Sacerdotes participantes del

I Congreso nacional italiano sobre el tema ‘Misiones al pueblo para los años

80’, in “L’Osservatore Romano”, 7-2-81.

 

La papolatría y el papanatismo en algunos sacerdotes causa un grave daño a la fe de los creyentes.

¡ que arda tu corazón!

2 comentarios

  1. No sé, a muchos pastores y ovejas parece aterrarles la idea de no estar de acuerdo con el papa.
    Es como si cerrando los ojos el dragón fuera a desaparecer .

    Me gusta

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