Para mis hijos, advertiros sobre el peligro del llamado “liberalismo católico”(V)

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“Es bastante obvio que el liberalismo, y más en su versión religiosa, ha escandalizado a muchos. Es decir, ha hecho tropezar a muchos cristianos. Ha inducido a confusión. Ha sido causa de extravío para muchos católicos, sin excluir clérigos ni obispos, desviándolos por los caminos del catolicismo liberal.

Cuando un sacerdote te justifica las desviaciones liberales de otros sacerdotes y te dice que mientras no sea dogma de fe, cada uno podemos opinar lo que queramos realmente te das cuenta que estás hablando con otra víctima. La ingenuidad con que algunos católicos ven las ideologías y filosofías que desfiguran la fe es increíble.

Una de las causas de este catolicismo liberal está en el semipelagianismo de aquellos cristianos más sensibles a los halagos del mundo y más temerosos de sus condenaciones o persecuciones.

El Padre Félix Sardá i Salvany, observa cómo la iniquidad liberal instalada en la mente de sacerdotes y obispos se convierte en motivo de escándalo, es decir de tropiezo, de los fieles que, por ese motivo, terminan por encontrar aceptables las opiniones liberales.

A aquellos hombres de Iglesia que han sucumbido al contagio liberal le son aplicables las palabras de Jesús:

“vosotros por de fuera parecéis justos a los hombres, mas de dentro estáis repletos de hipocresía y de anomía” .(1)

 

Les dejamos con Fernando Romero Moreno:
 En síntesis, la doctrina de la Iglesia acerca de estas cuestiones no ha cambiado.
Una “hermenéutica de la continuidad”, como la que pide Benedicto XVI debe también aplicarse a este punto. Y si hubiera una legítima discontinuidad en algunos temas, como también ha sugerido el Romano Pontífice, la misma debe probarse.
Es cierto que sobre las relaciones Iglesia-Estado, la democracia, el capitalismo y las Revoluciones modernas, la Doctrina Social de la Iglesia, no sólo después sino también antes del Concilio Vaticano II, fue teniendo modificaciones parciales. Pero, en lo que al Magisterio Ordinario y Universal se refiere, siempre se trató de cambios acordes con la Tradición. Supuesto que ahora hubiera dudas respecto de algunos documentos, deben interpretarse de acuerdo al Magisterio definitivo precedente. En lo que hace a uno de los aspectos principales del error católico liberal(el pelagianismo o semipelagianismo político) veamos lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “ El deber de rendir a Dios un culto auténtico corresponde al hombre individual y socialmente considerado.
 Esa es la doctrina tradicional católica sobre el deber moral de los
 hombres y de las sociedades respecto a la religión verdadera y a la única  Iglesia de Cristo‟ (DH 1). Al evangelizar sin cesar a los hombres, la Iglesia trabaja para que puedan „informar con el espíritu cristiano el  pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en la que cada uno vive‟ (AA 13).
Deber social de los cristianos es respetar y suscitar en cada hombre el amor de la verdad y del bien.
 Les exige dar a conocer el culto de la única verdadera religión , que subsiste en la Iglesia católica y apostólica (cf DH 1). Los cristianos son llamados a ser la luz del mundo (cf AA 13). La Iglesia manifiesta así la  realeza deCristo sobre toda la creación y, en particular, sobre las sociedades humanas( cf León XIII, enc. “Inmortale Dei”; Pío XI, enc. “Quas primas”)
”.
 
Y al referirse a la doctrina sobre la libertad religiosa afirma: “ El derecho a la libertad religiosa no es ni la permisión moral de adherirse al error (cf  León XIII, enc. “Libertas praestantissimum”), ni un supuesto derecho al error (cf Pío XII, discurso 6 diciembre 1953), sino un derecho natural de la persona humana a la libertad civil, es decir, a la inmunidad de coacción exterior, en los justos límites, en materia religiosa por parte del  poder político.
 Este derecho natural debe ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad de manera que constituya un derecho civil (cf  DH 2) (…)
El derecho a la libertad religiosa no puede ser de suyo  ni ilimitado (cf Pío VI, breve “Quod aliquantum”), ni limitado solamente por un „orden público‟ concebido de manera positivista o naturalista (cf  Pío IX, enc. “Quanta cura”). Los „justos límites‟ que le son inherentes deben ser determinados para cada situación social por la prudencia política, según las exigencias del bien común, y ratificados por la
autoridad civil según „normas jurídicas, conforme con el orden objetivo moral‟ (DH 7).
Por su parte, ese gran defensor de la secularidad o sana laicidad bien entendida, de la
legítima libertad política en cuestiones opinables y prudenciales, un crítico agudo del clericalismo y del “catolicismo oficial” como fuera San Josemaría Escrivá
(al que algunos de estos autores que mencionamos presenta erróneamente como precedente de la “secularidad” entendida al modo “católicoliberal”, coincidiendo en esto –  aunque en sentido contrario – con ciertas interpretaciones tradicionalistas acerca del Fundador del Opus Dei), no dudó en felicitar al entonces Jefe del Estado Español precisamente por seguir la doctrina de la Iglesia en este punto. En carta al mismo del 23 de mayo de 1958, decía:
“aunque apartado de toda actividad política  , no he podido por menos de alegrarme, como sacerdote y como español  , de que la voz autorizada del Jefe del Estado proclame que „la Nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única y verdadera y Fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación‟.
En la fidelidad a la tradición católica de nuestro pueblo se encontrará siempre, junto con la bendición divina para las personas constituidas en autoridad,la mejor garantía de acierto en los actos de gobierno , y en la seguridad de una
 justa y duradera paz en el seno de la comunidad nacional”
En cuanto a las libertades e instituciones “liberales” escribió: “Es necesario contrarrestar con denuedo esas ‘libertades de perdición’ , hijas del libertinaje, nietas de las malas pasiones, biznietas del pecado original…, que descienden, como se ve, en línea recta del diablo”.
Lo que en buena lógica se desprende de estos textos es que para Escrivá no había contraposición entre sana laicidad y Estado Católico, ni identificación entre secularidad y catolicismo liberal.
 
Podríamos traer a colación otros textos del Fundador del Opus Dei acerca del laicismo, la masonería o la teología progresista para corroborar lo impreciso de ubicarlo a la par de pensadores heterodoxos como Mounier o Maritain. Pero estimamos que con esto es suficiente.Con algunas limitaciones en su interpretación, esta misma
doctrina sobre el ideal del Estado católico era ya, a la hora de ser redactado el nuevo Catecismo, la tesis de Fernando Ocáriz (mejorando ideas de De Fuenmayor), en la que procuraba mostrar la continuidad del Concilio Vaticano II con el Magisterio anterior.
“Hermenéutica de la continuidad” que, con más precisión, ya habían esbozado oportunamente el P. Victorino Rodríguez O.P. y Mons. Guerra Campos. Sobre otros puntos del liberalismo católico, que ahora se presenta “aggiornado”, se expresaron con claridad Charles de Koninck, Leopoldo Eulogio Palacios, Julio Meinvielle, Eudaldo Forment, Carlos Cardona, Héctor H. Hernández, Luis María Sandoval,, entre otros.
 
Catolicismo y liberalismo, como catolicismo y socialismo, son, pues incompatibles.
Si es ilegítima una “teología de la liberación” de inspiración marxista, también lo es una doctrina de la laicidad, la democracia, el capitalismo y la Modernidad de carácter liberal o neoliberal.
Como ha dicho Luis María Sandoval: “ Ante el laicismo, que pretende dictar el bien y el mal, reivindicamos la sana laicidad del Estado que aquel usurpa, sin que esa autonomía implique independencia absoluta de Dios. La laicidad del Estado se sostiene sobre premisas cristianas , que actúan en hombres con esa herencia latente (…).

 La laicidad no es premisa del orden cristiano, sino consecuencia de sus principios. La apelación al derecho natural no es concluyente en la medida en que es negada su existencia y el auxilio divino para confirmarlo. La laicidad  sólo quedará asegurada tras una nueva evangelización de la política.

 no es sino un mínimo, considerando el lugar que corresponde a Dios en la vida pública, lo cual es un deber natural según el Vaticano II. Ese lugar condigno no es sino el de rey de la verdad, como nos enseñan la fiesta de Cristo Rey y la encíclica Quas primas.
Es inútil e impío querer darnos por satisfechos con un punto medio (…) o pretender una restauración de valores sin El”
(1) Apuntes del padre Horacio Borjoje. El liberalismo es iniquidad

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