Para mis hijos, advertiros sobre el peligro del llamado “liberalismo católico”(IV)

pos de la belleza

 

El liberalismo católico es la torre de Babel, es el nuevo paradigma de la ortodoxia, que no es ortodoxia . Es la miel que atrapa las moscas en una trampa mortal. Es el hombre prestigioso, “el crack” , como os gusta decir a vosotros, pero que se ha dejado seducir por el error ,  un error que atrapa a los sabios y entendidos, que te inactiva para reconocer las cosas de Dios. El liberalismo no es católico , por mucho que esos crack de la teología te empalaguen los oídos. Les molesta la tradición, para ellos la tradición huele a naftalina y la desprecian.

Como decía el gran Castellani “no se trata de imponer la fe por la fuerza al que no la tiene; sino al que no la tiene que no la toque; y el que la tiene, que la practique.”

Pero más brillante que la anterior es esta otra: “El liberalismo en su comienzo tenía algo de bueno, pues no hay error tan grande que no tenga algo de verdad, ni herejía que no se base en un dogma cristiano (en la corrupción de un dogma cristiano). Las tres divisas del liberalismo: libertad, igualdad, fra­ternidad, no eran más que las tres palabras cristianas: orden, je­rarquía y caridad, que habían colgado la sotana, como nuestros fa­mosos curas liberales.” (1)

«¡Cuántos vientos de doctrina hemos conocido durante estos últimos decenios!, ¡cuántas corrientes ideológicas!, ¡cuántas modas de pensamiento!… La pequeña barca del pensamiento de muchos cristianos ha sido zarandeada a menudo por estas olas, llevada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinaje; del colectivismo al individualismo radical; del ateísmo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada día nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el engaño de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir a error (cf. Ef 4, 14). A quien tiene una fe clara, según el Credo de la Iglesia, a menudo se le aplica la etiqueta de fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, dejarse «llevar a la deriva por cualquier viento de doctrina», parece ser la única actitud adecuada en los tiempos actuales. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja como última medida sólo el propio yo y sus antojos. »Benedicto XVI el 18 de abril de 2005.

Seguimos desmenuzando los errores del liberalismo católico:

 

e)Visión altamente optimista de la Modernidad,valorando lo que llaman el proceso de “desclericalización” (aunque critiquen el secularismo), que ha permitido pensar en la posibilidad de una Modernidad “cristiana”, cuyos antecedentes serían la Segunda  Escolástica Española, el liberalismo “moderado” al estilo de Tocqueville, el personalismo de Maritain y Mounier, y el Magisterio del Concilio Vaticano II ( sobre todo a partir de la Constitución “Gaudium et spes” y la Declaración “Dignitatis Humanae”).

El principal problema de esta interpretación es la “justificación”, no ya sólo
doctrinal sino también histórica, de las ideas del NLC.Respecto de esto, nos parece importante aclarar lo siguiente: consolidados los cambios religiosos, políticos, sociales, culturales y económicos de la Modernidad (Reforma Protestante, Ilustración, Revolución Francesa,Capitalismo y Revolución industrial), aparecieron entre los católicos,
dos tendencias fundamentales lícitas en relación al juicio que este proceso merecía y al modo de actuar frente a las nuevas realidades.Una tendencia fue el tradicionalismo
(José de Maistre, Donoso Cortés, elCardenal Pie, Mons. Delassus, Juan Vazquez de Mella, el Cardenal Billot,Julio Meinvielle, entre otros) que se caracterizó por realizar un juicio altamente crítico de la Modernidad y la Revolución, defender el ideal de Cristiandad (comunidades políticas católicas) y juzgar como erróneos los intentos de cristianizar la democracia liberal, el capitalismo y el socialismo. Esta tendencia, ortodoxa en sus representantes más importantes (aunque teñida de tradicionalismo filosófico en Francia), podía llevar en su seno el peligro del integrismo y el fundamentalismo (confusión de los órdenes natural y sobrenatural, desconocimiento de la legítima autonomía de lo temporal, mentalidad de partido único),
pero en sí misma era y es una tendencia legítima, en tanto y en cuanto se mantuviera y se mantenga fiel al Magisterio de la Iglesia.
Hay muchos tradicionalistas ortodoxos, prudentes, con una sana libertad de espíritu, abiertos al diálogo verdadero, a los que sólo
calumniando se puede tildar de “integristas” o de “clericales”.Por caso, podemos citar el ejemplo, entre nosotros, de Carlos A. Sacheri .
Otra corriente que podemos denominar socialcristiana prefirió rescatar de la Modernidad los aspectos que no eran necesariamente incompatibles con el Orden Natural y con la Fe católica, procurando cristianizar el régimen republicano, la economía de mercado (en otros casos el Estado de Bienestar), e incrementar el diálogo con la cultura contemporánea.
 
Tal opción también era y es legítima, como lo prueban los casos de Federico Ozanam, Albert de Mun o Augusto del Noce o entre nosotrosde Juan Rafael Llerena Amadeo o Eduardo Ventura
(de hecho, el problema no está en defender un modelo republicano, de economía de mercado y sana laicidad, asunto que está dentro de las opciones legítimas y opinables de que goza cualquier católico – sobre todo lo referente a los dos primeros aspectos – sino hacerlo de un modo contrario a las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia: democracia “naturalista”, capitalismo“liberal” y laicidad “aconfesional”).
El peligro de esta corriente más “abierta” hacia la Modernidad, radicó y
radica en un desordenado afán por conciliar con la Modernidad y laPosmodernidad
que puede conducir al error, como sucedió con Lamennaisy otros católicos liberales, con el democristianismo de Le Sillon, con lascorrientes marxistas de la teología de la liberación y en general, con toda la teología progresista, sea en su versión de “centro” o “centro-dererecha” (neoliberalismo católico) o sea en la variante de
“izquierda”(tercermundismo o “cristianos para el socialismo”).
Estos errores fueron oportunamente condenados por los Papas, de modo
que justificar una “modernidad cristiana” con ejemplos erróneos (por caso,
los Padres Fundadores de los EE.UU o la democracia cristiana maritaineana) no parece el camino correcto para alguien que quiera ser fiel a la dimensión pública de la Fe católica, máxime si esas enseñanzas se dirigen principalmente a fieles laicos cuya misión es precisamente la
“instauración cristiana del orden temporal”.
 

¡ que arda tu corazón!

 

https://es.scribd.com/document/120087103/Los-Neomaritaineanos-Aproximacion-al-Nuevo-Liberalismo-Catolico-Fernando-Romero-Moreno

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